Música popular

El samba y la zamba: palabras homófonas y ritmos diferentes

Antonio Gómez Sotolongo

lunes, 31 de mayo de 2004
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En días pasados se anunció que Brasil iniciaría los trámites para que la UNESCO reconociera el samba como Patrimonio de la Humanidad. La noticia fue recogida por infinidad de diarios y causó alegría en el continente americano; sin embargo, no fueron todos los que anotaron de manera correcta el término, y en más de una publicación se pudo leer el gazapo: “la samba”.

El samba, que es como debe referirse, no fue descrito en casi ninguna de las notas y mucho menos se ilustraron las causas por las cuales esta especie de la música popular americana, considerada la música nacional brasileña, se hace merecedora de tamaño reconocimiento. Esa falta es la que quiero enmendar ahora, o al menos, en los pocos caracteres con espacio de los cuales dispongo, exponer a grandes rasgos algunas particularidades del samba y de paso, para evitar futuros entuertos, hacer lo propio con la zamba.

Para conocer el universo sonoro de América, inmenso, múltiple y mestizo, muchos han sido los estudios musicológicos que se han realizado. Con el afán de establecer una metodología y poder clasificar cada uno de nuestros ritmos, los estudiosos tratan de agrupar los cantos y bailes tomando en cuenta las zonas geográficas en las que se verifican y/o las raíces musicales que en ellos tienen mayor connotación. Autores como Carlos Vega, Nicolás Slonimsky, Luis Felipe Ramón y Rivera, Argeliers León y Leonardo Acosta, entre muchos otros, realizaron estudios de gran valor; sin embargo, no es cosa simple tratar de establecer clasificaciones en un cosmos musical tan diverso como el nuestro, por lo que siempre quedan puntos débiles sobre los que otros autores vuelven una y otra vez.

Uno de los últimos trabajos realizados al respecto se recoge en el título: Música latinoamericana y caribeña, de las musicólogas Lic. Zoila Gómez García y la Dr. Victoria Eli Rodríguez. En este ensayo ellas descubren la necesidad de agrupar las especies de la música popular de nuestro continente en complejos genéricos, los cuales plantean en calidad de hipótesis.

El samba de Brasil

El samba y la rumba, en el mencionado estudio, se constituyen en formantes de un complejo genérico: complejo del samba y la rumba, pero no es prudente, que en tan breve espacio abunde más de lo debido, y más de lo que pudiera desear el lector, así que menciono que el samba es una expresión de la música de Brasil, en la que se canta y baila en un metrorritmo binario, con acompañamiento de tambores, panderos, cuica, chócalo, violâo, birimbao y algunos instrumentos de viento, con predominio de los elementos de la música africana y está emparentada con la conga, el candombe, la rumba, y el batuque, entre otras especies. El samba es de carácter festivo, y la música medular en los carnavales del gigante del sur. “El samba es la especie más definitoria del lenguaje musical brasileño y ha sido gestor de otras, como el bossa nova”. Afirman V. Eli y Z. Gómez.

En zonas rurales el samba se baila en rueda con parejas sueltas al centro, y en las zonas urbanas en hileras con parejas enlazadas. Hay autores que afirman que nació en Bahía a finales del Primer Imperio, y que muy rápidamente se trasladó a Río de Janeiro donde, en 1916, se registró, en la Biblioteca Municipal, la pieza Pelo Telefone, que es considerada el primer samba reconocido en la historia de la música popular brasileña.

Hacia las primeras décadas del siglo XX aparecieron las primeras Escolas da Samba, donde se preparan durante casi todo el año los grupos de tocadores y bailadores que salen a la calle en los carnavales para realizar uno de los espectáculos más coloridos y vistosos del mundo. En honor del samba, que se ha ido mezclando con casi todas las especies de la música brasileña, los cariocas construyeron el sambódromo, sitio donde culminan los desfiles de carnaval y donde se realizan multitudinarias y despampanantes coreografías ante miles de espectadores.

La zamba argentina

La zamba pertenece al folklore argentino, y según la hipótesis mencionada se agrupa en el complejo de la zamacueca, es decir, está emparentada con el bailecito, la cueca boliviana, la zamacueca o cueca chilena, la chacarera y otras especies que se desarrollan en países de América del Sur y que tienen gran influencia de la música indoamericana con predominio de los elementos hispanos. La zamba, tiene un metrorritmo en el que alternan el 6/8 y el 3/4 y en su origen era solamente bailable, pero derivó a la canción y en la actualidad existe la zamba como baile separado de la zamba cantable. Si es para bailar, la zamba se acompaña con bandoneón y guitarra; si es para cantar, la guitarra es el medio sonoro por excelencia, y en ambos casos puede ser utilizado el bombo. El baile es movido, pero sin embargo, la canción es romántica y dolorida.

Mercedes Sosa es, desde hace muchos años, una de las mejores intérpretes de los ritmos latinoamericanos, por lo que sin dudas los aires de su país, Argentina, los expresa como pocos artistas, y la zamba está en casi todos sus discos. Algunas de las más recordadas son las tituladas Zamba para morir, de Quintana, Ambrós y Rosales; Al jardín de la república, de Carmona; y Alfonsina y el mar, de Ramírez y Luna, que en su versión está hecha como zamba.
Atahualpa Yupanqui, otro de los más renombrados trovadores de América, compuso gran cantidad de zambas; entre ellas, Payo sola y Zamba de otoño, que interpretan, entre muchísimos otros cantores, la propia Mercedes Sosa y Jorge Cafrune.

La zamba argentina, con su canto sentimental y romántico, es un excelente exponente de nuestro corazón americano; el samba brasileño, con su lujuriosa polirritmia y síncopas endiabladas, es la expresión veraz del fuego que arde en nuestras venas. La zamba argentina canta nuestros amores, el samba brasileño baila nuestras alegrías, ambas especies son aires de nuestra cultura, palabras homófonas y ritmos diferentes.

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