Alemania

Como un docudrama televisivo

Maruxa Baliñas

martes, 4 de abril de 2006
Mannheim, jueves, 16 de febrero de 2006. Nationaltheater Mannheim Oper. Wozzeck, ópera en tres actos sobre fragmentos del drama 'Woyzeck' de Georg Büchner (estreno, Staatsoper de Berlín el 14 de diciembre de 1925). Olivier Tambosi, dirección escénica. Gottfried Pilz, decorados. Ulrich Lenz, dirección de actores. Andreas Rehfeld, luminotecnia. Elenco: Markus Eiche (Wozzeck), Hedwig Fassbender (Marie), Uwe Eikötter (Hauptmann), Marcel Rosca (Doktor), Wolfgang Neumann (Tambourmajor), Xavier Moreno (Andres), Andrea Szántó (Margret), Philippe Mainz (El hijo de Marie) y otros. Coro (William Spaulding, dirección) y Orquesta del Nationaltheaters Mannheim. Axel Kober, dirección musical. Asistencia: 60% del aforo

Cada vez más me atraen los teatros pequeños, las compañías no tan importantes, porque a menudo -obligados a 'buscarse la vida' en estos momentos en que los presupuestos culturales se están reduciendo tan dramáticamente en toda Europa- sus programaciones son mucho más ágiles e interesantes que las de los grandes teatros, y sus montajes mucho más coherentes. Y esta representación de Wozzeck es una buena muestra de ello. Con un presupuesto muy inferior al que manejó Bieito, quien en el último momento también tuvo que cortar elementos de su montaje en el Liceu de Barcelona para abaratar costes, Olivier Tambosi y Gottfried Pilz construyen una narración teatral que me convenció mucho más que la de Bieito, por citar el último montaje famoso de esta ópera.

Hay elementos comunes entre ambos montajes, como es la alusión ecológica vista como modelo de deshumanización de la ciencia, una actualización lógica y que respeta el fondo de la historia de Wozzeck. Personalmente considero que el problema de la medicina deshumanizada es en la actualidad aun más grave que en época de Berg, pero por el motivo que sea -no me atrevo a hablar de que los teatros de ópera quieran evitar roces con médicos o compañías farmacéuticas- el personaje del médico cruel está cada vez menos resaltado.

Aunque en esta producción nadie era realmente 'malo de película' al estilo de lo que se suele hacer en Wozzeck. La producción insistía más bien en la inevitabilidad de lo que sucedía, pero sin dividir a los personajes en dos grupos de buenos y malos claramente separados. En buena medida esto se debía al vestuario. Todos los personajes, masculinos o femeninos, vestían igual: un traje beige, con unas variantes muy ligeras para adaptarse a 'Marie' o 'Margret'. Esto hacía que en ocasiones los personajes parecieran intercambiables, y 'Margret' apareciera en los sueños de 'Wozzeck' como un trasunto de 'Marie', por ejemplo. Los cambios en el vestuario son mínimos: cuando la ópera avanza, 'Wozzeck' renuncia al traje y está sólo con la ropa interior, lo mismo que su hijo; y también 'Marie' se pone un vestido más femenino tras su encuentro con el 'Tambor Mayor'.  

Al igual que el vestuario, también el montaje escénico era muy sencillo. La historia se plantea como un episodio televisivo, comienza y termina con una pantalla gigante de televisión, donde se emite una programación variada. De entrada esto me dejó muy desconcertada. Cuando entré en la sala, unos minutos antes de las 20.00 -que era la hora fijada para iniciar la representación- el escenario estaba totalmente ocupado por una pantalla gigante donde se estaban retrasmitiendo pruebas de las Olimpiadas de Invierno que se celebraban en ese momento. Me pareció curioso que estuvieran con la televisión en el teatro, pero por lo que había observado los días anteriores, las Olimpiadas de Invierno son algo muy importante para los alemanes y simplemente me quedé esperando a que empezara la ópera. Pero lo que empezó a las 8 en punto fueron las noticias, primero la gripe aviar -momento en que mi acompañante dijo que estaba oyendo a la orquesta- y luego una discusión en el Parlamento alemán, noticia que ya fue acompañada claramente por la obertura de Wozzeck. Inmediatamente apareció en un palco el 'Capitan' y en el de enfrente 'Wozzeck' y se inició la ópera.

Debo reconocer que he quedado profundamente marcada por la experiencia, y desde entonces he intentado llegar a todas las representaciones de ópera con más de 15 minutos de antelación y considerar cualquier cosa -normal o anormal- que sucediera en la sala como posible parte del montaje. Si leyeron mi comentario sobre el Don Giovanni que vi al día siguiente en Heidelberg, que se inició con declaraciones sobre la huelga que estaba realizando el personal del teatro, comprenderán mejor mi desconcierto y mi incapacidad para distinguir claramente qué pertenecía al montaje de la ópera y qué no.

A esta sensación de cierta irrealidad y distanciamiento aportada por la referencia televisiva, se unió la suavidad, incluso distanciamiento de la narración teatral. Hubo muy poca violencia en esta producción de Olivier Tambosi. El asesinato de 'Marie' casi no se ve, y 'Wozzeck' se hunde en el lago suavemente, hasta el punto de que los ruidos que dicen oir el 'Médico' y el 'Capitán' parecen más imaginarios que reales. Incluso la escena final, cuando el niño se entera de la muerte de su madre y sigue jugando, un recurso claramente destinado a conmover la sensibilidad del público, quedó suavizada por el recurso al zapping televisivo, las voces infantiles en off, y el telón -la pantalla gigante de televisión- cerrado.

Musicalmente el montaje fue igualmente interesante. Markus Eiche, el protagonista, no tiene una voz potente, pero en cambio es expresivo cantando, está en estilo, y eso es tanto o más importante, toda vez que el teatro de Mannheim tiene buena acústica (aunque la comodidad de los asientos admite mejoras).

La actuación de Hedwig Fassbender me resultó desconcertante en un primer momento. Yo estoy acostumbrada al personaje de 'Marie' tal como lo planteó Boulez, una mujer agobiada y a veces agresiva, esa es la tradición de los Wozzeck que yo he escuchado. Pero en esta ocasión 'Marie'/Hedwig Fassbender recuperó el caracter dulce que Berg le asignó inicialmente: una soprano lírica, con unos agudos bien colocados y una gran capacidad expresiva.

También el 'Tambor Mayor' fue más dulce de lo habitual y de hecho conquista a 'Marie' en buena medida porque juega con el niño, algo que 'Wozzeck', siempre agobiado, no hace. Vocalmente tenía voz y técnica, y se hacía oir bien por encima de la orquesta.

 Uwe Eikötter, el 'Capitán' y Marcel Rosca, el 'Doctor', cumplieron correctamente con su cometido, aunque ambos fueron más convincentes actoral que vocalmente. Rosca es un cantante ágil, con una voz que corre bien. Eikötter tiene a su favor una gran expresividad que lo hace muy convincente cantando.

El niño participa en todo momento, y está presente incluso en la escena del asesinato (¡'Wozzeck' va a consolarlo tras haber matado a su madre!) o en la fiesta posterior. Actuó realmente bien, pero de su capacidad musical no puedo decir nada, porque -como antes indiqué- su conmovedora intervención final se suprimió.

Axel Kober y la orquesta no temen a los ff, ni a los contrastes dinámicos. El sonido se movía casi físicamente a lo largo de la orquesta: al igual que se veía el diálogo entre los personajes, también el timbre de los instrumentos parecía crear diálogos y contrastes. Los interludios sonaron impresionantes.

En resumen, salí de la representación derrotada por la historia, pero muy satisfecha por el montaje y la música.

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