España - Madrid

Una gran satisfacción

Juan Krakenberger

lunes, 5 de mayo de 2008
Madrid, lunes, 28 de abril de 2008. Auditorio 400 del MNCARS. José Luis Turina: Variaciones sobre dos temas de Scarlatti, Túmulo de la mariposa, y Kammerconcertante. César Camarero: Chorros de luz hacia el corazón de una galaxia, Nostalgia de un paisaje futuro, After image, y Pulsión. Plural Ensemble: Alicia Suescun (flautas), Carmen Domínguez (clarinetes), Ana Ruiz (oboe), Ema Alexeeva y Margarita Sikoeva (violines), Ana María Alonso (viola), David Apellaniz violoncello), Daniel Machado (contrabajo) y Alberto Rosado, piano. Director, Fabián Panisello. Temporada 2007/8 del CDMC
Otro concierto de muy alta calidad el que nos ofreció en CDMC en esta fecha, con obras de dos de los compositores contemporáneos españoles más sobresalientes, ambos ganadores del Premio Nacional de Música. El programa constó de cuatro obras de cámara, un dúo y varios tríos, y tres para pequeño conjunto instrumental con vientos y cuerdas, estas últimas dirigidas con mucha eficacia por el director del conjunto, el maestro (y compositor) Fabián Panisello. Es mérito suyo haber juntado estos nueve instrumentistas, todos muy expertos en sus respectivos instrumentos.

En el programa de mano hay trece páginas con comentarios sobre las obras, análisis de las mismas, citando a los autores, de Belén Pérez Castillo, y breves biografías de los dos compositores, que estuvieron presentes en la sala.

El concierto se inició con reminiscencias del pasado: las Variaciones sobre dos temas de Scarlatti de José Luis Turina empiezan citando éstos en su forma original, y sonó por algunos compases música barroca -muy bien sonante por cierto- pero luego, en cuatro variaciones las cosas fueron evolucionando hacia un lenguaje moderno. Queda muy bien una frase totalmente tonal sobre un fondo atonal, o el uso de timbres percutidos -vía pizzicato- para lograr ciertos efectos rítmicos. Uno de los temas escogidos es igual a los tres primeros compases de la Ofrenda Musical de Bach: estoy seguro que eso no era casualidad. La obra es tocada por tres vientos y tres cuerdas, y suena muy, muy bien.

El Duo para violín y viola ‘Chorro de luz hacia el corazón de una galaxia’ de César Camarero que dura unos cinco minutos, sirvió como una nueva demostración de la excelente acústica del Auditorio 400. Que apenas dos instrumentos de cuerda alta pudieran lograr semejante variedad de sonoridades y timbres, usando cuerdas dobles, arpegios, y golpes de arco ya sean macizos o blandos, fue sorprendente. Una pieza llena de contrastes y sorpresas: ¡fascinante!

Siguió otra obra de cámara de Camarero, Nostalgia de un paisaje futuro, escrito para clarinete, violoncello y piano, éste último asistido por dos ayudantes que situados en la cola del instrumento taparon ciertas cuerdas con las manos lo que hizo posible que el pianista pueda producir un sonido sordo, a veces como percutido. Toda la obra es tranquila, y uno tiene la impresión que hay pasos hacia algo fantasmagórico, lejano, situado en el futuro. Es una obra que deja una profunda impresión, y que sonó muy convincente.

La primera parte del concierto terminó con otra obra de Camarero, After image para flauta y flauta baja, clarinete y clarinete bajo, cuarteto de cuerdas y piano. Llama la atención la inteligente mezcla de las sonoridades del piano con el grupo instrumental. Hay pasajes de clusters instrumentales separados por pausas, que suenan muy bien. La cosa va animándose, con abruptos cambios en tiempo muy rápido, y el final es brillante. Sin duda, esta obra tiene sus dificultades técnicas, que fueron vencidos por el conjunto con gran maestría, bajo la atenta dirección de su director.

Después del intermedio, sonó un estreno absoluto, Pulsión, de Camarero, nuevamente una obra de cámara para violín, violoncello y piano. Como lo dice el título, aquí se trata de que un ritmo subyacente acompañe permanentemente las evoluciones de los tres instrumentos, que se producen con grandes contrastes dinámicos, llegando desde los susurros a las explosiones, con pasajes de delirio: frases de una irregularidad sorprendente, nada fácil de coordinar. Pero a pesar de estas dificultades, el trío nos brindó una versión totalmente convincente, donde primó la precisión indispensable para la comprensión de esta compleja música.
 
Siguió Túmulo de la mariposa compuesto por José Luis Turina en 1991, para un trío formado por clarinete/clarinete bajo, violoncello y piano. Este último instrumento es tocada alternativamente pulsando las cuerdas con la mano, o con el uso de dos baquetas, para variar los timbres en conjunto con los otros dos instrumentos. Los matices, ritmos y el cambio de climas, desde susurros pp a brillantez virtuosística instrumental, mantiene en todo momento el interés del oyente. Lo que más llama la atención es la habilidad del compositor de preparar, con mucha habilidad, momentos de clímax, lo que se nota sobre todo en la aproximación hacia el final -casi con suspense- que termina brillantemente. Música muy efectiva, sofisticada pero no obstante tan interesante que uno se queda absorto. La versión, brillante: se lucieron Carmen Domínguez, David Apellániz y Alberto Rosado, en sus respectivos instrumentos. Fue un placer escucharles.

Y para terminar, Kammerconcertante para flauta, clarinete bajo, violín, viola, violoncello y contrabajo, de Turina, del año 1988. Empieza con tres intentos de rivalidad entre frases ya sea tranquilas o violentas, opuestas, pugnando por salir ganando: gana la frase tranquila. Pero luego vuelven los clusters fuertes del principio pero en diferente presentación. Y hacia el final hay un diálogo entre la flauta y el clarinete bajo, éste último tocando en dos tesituras opuestas, la alta de tipo melódico y la baja más bien de efecto percutido, que resultó particularmente interesante. En efecto, hay algo concertante en esta obra, y música de cámara, no obstante: una feliz combinación que Turina sabe aprovechar al máximo para un discurso ameno y fascinante. La interpretación fue nuevamente plenamente satisfactoria, destacando la labor de las dos intérpretes de viento, extraordinariamente eficaz.

Muchos aplausos premiaron el final del concierto, a los cuales se juntaron los dos compositores, expresando visiblemente su satisfacción por las interpretaciones de sus obras. Que un conjunto local toque con semejante brillantez obras de compositores españoles contemporáneos es siempre una gran satisfacción. Un resonante “Bravo” para todos ellos.

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