Discos

La sinfonía de la industrialización

Alfredo López-Vivié Palencia

viernes, 26 de septiembre de 2008
Dmitri Shostakovich: Sinfonía nº 4 en Do menor, op. 43. Chicago Symphony Orchestra. Bernard Haitink, director. Productor: James Mallinson; ingeniero de sonido: Christopher Willis. Un disco compacto de 71 minutos de duración, grabado en vivo en el Orchestra Hall de Chicago entre el 8 y el 13 de mayo de 2008. Bonus: Beyond the Score/Is Music Dangerous? Gerard McBurney, narrador; Nicholas Rudall, actor. Un DVD de 58 minutos de duración, dirigido por Barrie Gavin y producido por Martha Gilmer. CSO Resound CSOR 901 814. Distribuidor en España: Harmonia Mundi
He aquí un producto imaginativo: por primera vez en su serie CSO Resound, la Orquesta Sinfónica de Chicago acompaña la grabación discográfica con un documental realizado a partir de su exitoso programa Beyond the Score. En el DVD encontramos una dramatización de la vida y obra de Dmitri Shostakovich a cargo de Gerard McBurney -responsable de aquel programa, y estudioso de la música rusa-, hecha con seriedad y a la vez con gancho: el propio McBurney asume las funciones de narrador, mientras que el actor Nicholas Rudall hace las partes en primera persona, ya se refieran al propio Shostakovich o bien a otros personajes, empezando por el mismísimo Stalin.

Claro está que las autoridades soviéticas hicieron pasar más de un mal rato a Shostakovich, pero McBurney se guarda muy mucho de atribuirles directamente el retraso de más de 25 años del estreno de su Cuarta Sinfonía, desde los ensayos de abril de 1936 con Fritz Stiedry -abruptamente interrumpidos- hasta la primera interpretación el 30 de diciembre de 1961 dirigida por Kyrill Kondrashin. Más que eso, el autor pone el énfasis en el impulso desarrollista de aquella época -y en los consiguientes desastres humanos-, todo ello ilustrado con imágenes propagandísticas del régimen stalinista, que se alternan con tomas de los conciertos a partir de los cuales se ha editado la grabación que nos ocupa.

El DVD contiene como extras sendas entrevistas con Bernard Haitink y con el mentado McBurney, aunque con el inconveniente de que, al contrario del documental, carecen de subtítulos; y es una pena, porque las opiniones de uno y otro sobre esta “Sinfonía de la industrialización” son igualmente sugestivas e interesantes. Amén de una presentación del programa Beyond the Score -iniciativa de la CSO consistente en una presentación multimedia de las obras en cartel antes de su interpretación en concierto-, así como las biografías de todos los intervinientes. Por supuesto, la carpetilla del disco incluye las notas -invariablemente acertadas- del comentarista habitual de los programas de la Orquesta, Phillip Huscher.

Ciertamente todo este material será de gran ayuda para quien se enfrente por primera vez a esta sinfonía complicadísima -y a quienes ya la conozcan no les estorbará repasar determinadas circunstancias-. Aunque, como es lógico, la responsabilidad principal de su correcta transmisión recae en la Chicago Symphony y en su director. En este sentido, será bueno recordar que Haitink debutó con los ‘Chicagoers’ en el ya lejano 1976 precisamente con esta obra, y que igualmente ésa fue la primera vez que la orquesta la puso en sus atriles.

Tal como dice Haitink en la entrevista, lo importante es “el sentido de la dirección de la obra”. Nada más lógico, habida cuenta de las inmensas longitudes de los movimientos extremos de esta sinfonía, y teniendo presente también que Haitink es un director acostumbrado a las largas travesías, como demuestra su brillante currículo bruckneriano y mahleriano. Por otro lado, el maestro puntualiza que ésta “no es una sinfonía ‘trágica’”. Y a fe que el holandés da en esta interpretación buena prueba de que en ambos casos hace lo que predica, siendo para ello ilustrativo compararla con su anterior registro con la London Philharmonic Orchestra (DECCA, 1979), aunque tampoco puedo olvidarme de su reciente interpretación en Lucerna, de la que ya les informé hace unos días [leer reseña].

Haitink efectivamente parece haber trasladado el centro de gravedad de la obra, que en Londres situaba en su primer movimiento -mucho más brillante que en Chicago-, para dar ahora mayor relevancia al final. Así, este primer tiempo comienza con algo menos de contundencia que entonces, aunque ya en el primer desierto sonoro (11’05’’ en adelante) Haitink demuestra que sabe recorrerlo con paso constante, lo mismo que resulta toda una lección directorial la construcción en crescendo de las explosiones que se suceden a partir de 21’50’’, antes de retomar el motivo inicial.

A pesar de que la calidad de la toma sonora no es tan buena como la de DECCA, resulta un enorme placer tímbrico escuchar cómo Haitink consigue diferenciar impecablemente las texturas sonoras del segundo movimiento, dándole ese carácter extrañamente agridulce. Ni que decir tiene, en ello tienen su alícuota parte de mérito los estupendos instrumentistas de Chicago (claramente superiores a sus colegas londinenses), y en particular sus maderas.

Pero Haitink reserva lo mejor para el final (que le dura casi tres minutos más que en su anterior grabación): óigase el sarcasmo sin disimulo en el comienzo del Allegro a partir de 7’10’’, ejemplo muy ilustrativo de lo bien contrastadamente que sabe traducir los continuos cambios de humor que encierra este movimiento; y óigase sobre todo esa conclusión interminablemente inexorable, de una serenísima belleza. En palabras del propio Haitink: “Si existe un cielo para los compositores, Shostakovich merece estar ahí aunque sólo sea por este final”.

Este disco ha sido enviado para su recensión por la Orquesta Sinfónica de Chicago

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