España - Madrid

Un repertorio poco usual (1)

Juan Krakenberger

martes, 12 de mayo de 2009
Madrid, martes, 21 de abril de 2009. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. Jan Söderblom, violín. Lilia Schulz-Bayrova, violoncello. David F. Alonso, trompa y trompa natural. Peter Schmidl, clarinete. Noam Greenberg, piano. Johannes Brahms: Sonata Nº 1 para violoncello y piano op 38, y Trío para violín, trompa y piano op 40. Robert Schumann; Fantasiestücke para clarinete y piano op 73. György Ligeti: Trío para violín, trompa y piano ‘Homenaje a Brahms’. XVII Liceo de Cámara. Ciclo Haydn/Brahms/Ligeti. Ocupación: 95%
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El único músico que el público de Madrid conocía bien, el violinista Gerhard Schulz quien fue durante muchos años segundo violín del Cuarteto Alban Berg y programado por el Liceo de Cámara, no pudo actuar por motivos de salud, y fue reemplazado por el finlandés Jan Söderblom, también eximio violinista que dejó una excelente impresión. Los demás tienen todos un currículum envidiable: se han juntado para hacer música de cámara que no se escucha todos los días, y por ello debemos estar doblemente agradecidos.

El concierto se inició con la primera de las dos Sonatas que Brahms compusiera para violoncello y piano. Tiene tres movimientos, data de 1862-5, y es de un romanticismo subyugador. Desde el bellísimo tema con que se inicia el Allegro non troppo -transmitido con un sonido maravilloso por la violoncellista- el oyente es arrastrado por contrastes de expresividad que van desde el pathos hasta la ternura. El Allegretto quasi Menuetto tiene mucha gracia y el Trío permite hacer unos rubati que el dúo que nos visita matizó elocuentemente. En el Allegro final, domina el piano. Hay un ‘unísono’ que, a pesar de su dificultad, salió prodigiosamente bien. Tocar esto mejor, imposible. Se nota que la Sra. Schulz y Noam Greenberg, el pianista, colaboran con frecuencia: la coordinación fue perfecta y la sintonía en expresión musical, unánime. ¡Excelente versión!

Siguió el Trío para violín, trompa, y piano op 40, también de Brahms, que nos fue presentado con una novedad: David F. Alonso la explicó de viva voz al público, demostrando como funciona una trompa natural -sin válvulas- y como la mano derecha puede conseguir que las notas naturales del instrumento (armónicos de una nota base) pueden ser alteradas al introducir esta mano, en diferentes posturas, en el embudo de la trompa. Es natural que esto modifique también la sonoridad de la nota resultante, pero hecho con la pericia de este joven músico, la afinación no queda afectada. Es evidente que en la época en que Brahms compuso este trío, y tomando en cuenta que él mismo tocaba el Waldhorn, él tuvo que tomar en consideración esta particularidad y fue por tanto muy interesante escuchar el resultado. Yo estaba acostumbrado a la versión que en su día hicieron Busch, Serkin y Brain, y fue toda una aventura oír esta obra -una de mis favoritas del catálogo de Brahms- en ‘versión original’. Como el violinista y el pianista también son de gran categoría, la impresión fue óptima. Menos brillante que tocando con trompa con válvulas, la sonoridad del Scherzo -una escena de cacería- fue muy convincente. El Trío, escrito en siete bemoles, es elegíaco y contrasta notablemente con el Scherzo. Y en el Allegro con brío final, hubo realmente ‘brío’, evocando nuevamente escenas de cacería. Prolongados aplausos premiaron esta versión, diferente pero soberbia. Pudieron apreciarse la calidad excepcional del violinista finlandés, y del pianista israelí que con Alonso formaron un conjunto admirable.

Después del intermedio, el veterano clarinetista Peter Schmidl, secundado al piano por Greenberg, nos tocó las piezas de la Fantasía op 73 de Schumann. Es en la forma reducida de piezas sueltas, donde Schumann creó lo mejor de su oba, y estas tres piezas lo confirman. ‘Zart und mit Ausdruck’ (Tenue, con expresión), ‘Lebhaft, leicht’ (Vivo, sencillo), ‘Rasch und mit Feuer’ (Rápido y con fuego) son los títulos que nos traen melodías que, una vez escuchadas, nunca se olvidan. Schmidl tocó con una delicadeza extrema, matizando sonoridad y dinámica de forma admirable. ¡Qué bonito!

Y para terminar, una obra compuesta en 1982 por György Ligeti. Hay que anotar aquí que hubo algunas deserciones del público: aún hay quien huye de la música contemporánea. Una pena: ese Trío para violín, trompa y piano ‘Hommage à Brahms’ es una obra preciosa, muy bien escrita para estos tres instrumentos, y la versión que escuchamos, inmejorable. Esta vez, Alonso tocó en trompa con válvulas para cuyo instrumento Ligeti creó la obra. Andantino con tenerezza, Vivacissimo molto rítmico, Alla marcia y Lamento. Adagio son los cuatro movimientos. El segundo, en un ritmo de 6/8 pero salpicado de acentos irregulares, es fascinante. Pero lo que más impresiona es el último movimiento. Cuerdas dobles del violín y la trompa tocan unos pasajes muy nostálgicos, que llevan a un clímax dramático, y luego las cosas se van calmando para desembocar en un final que se convierte en un largo silencio total. ¡Muy impresionante! La versión fue nuevamente modélica, y la impresión que nos dejó este silencio final, difícil de olvidar. ¡Buena música, buenos intérpretes! ¿Qué más se puede pedir?

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