España - Andalucía

Dos mujeres al borde de un ataque de nervios

Germán San Antonio

martes, 12 de abril de 2011
Jerez, sábado, 2 de abril de 2011. Teatro Villamarta. El Secreto de Susana (Munich, Hoftheater 4 de Diciembre de 1901), libreto de Enrico Golisciani. Música de Ermanno Wolf- Ferrari. La voz Humana (París, Teatre de l´opera Comique 6 de Febrero de 1959), libreto de Jean Cocteau. Música de Francis Poulenc. Dirección de escena: José Luis Castro. Escenografia: José Luis Castro. Intérpretes: Isabel Rey (Condesa Susanna), Javier Franco (Conde Gil), Nigel Leach (Sante mayordomo), Ella (Elisabete Matos), Orquesta Filarmónica de Málaga Dirección de orquesta: Lorenzo Ramos. Aforo 70%
Primero me adoras por mis vicios, después me abandonas, sin ni siquiera dar la cara. ¿Sólo una llamada? ¿Después de haber compartido contigo el secreto de mis amores por el tabaco? Ese que tanto trabajo me ha costado revelarte.

Como la casta Susana que se consume en pos del humo, así podemos vislumbrar el fin de una noche con un poso amargo en nuestro espíritu. Ese sentimiento que nos dejó, nos lo llevamos a casa. Debemos reconocer que 40 minutos con una “única voz” en escena, relatando sus desdichas con la única compañía de un interlocutor orquestal, supone todo un reto para un compositor y para una cantante.

Extraordinaria la eficacia de Poulenc por tanto al retratarnos musicalmente las desdichas amorosas de la protagonista. Pero si exitosa y fascinante es esta partitura, no menos meritosa es la capacidad que debe defender la soprano.

Elisabete Matos a este respecto, supera con creces el reto. Nos hizo vibrar con la tensión de un impulso que lucha por salir adelante. Una voz desgarradora y bien asentada. Y grande, muy grande, que nos ha invitado a la postrimera denuncia de un desamor.

Su interlocutor ha sido la Orquesta Filarmónica de Málaga con la dirección de Lorenzo Ramos y, enumerando los diferentes estadios en el devenir sentimental de la protagonista, nos ha relatado de forma exitosa su caída.

Sonido hermoso y bien estructurado el de esta orquesta que retrató con tintes “hitchcockianos” en algunos de sus compases la música de un Poulenc con ecos de músicas de Bernard Herrmann.

Pero éste sólo es el final. Nuestra historia empezó de una forma bien distinta:

“Ella lo amaba (a escondidas), lo veneraba (entre bastidores) y lo reverenciaba (pero a solas)”

La casta Susana extraída de los aires italianos de Wolf-Ferrari se había encargado de abrir la noche con el melodismo bien estructurado y afianzado de El secreto de Susana en la obra breve e intensa de un compositor que llevaba en sus venas lo mejor de la tradición de dicho género.

¿Cúal era el objeto de sus desdichas? ¿De su relación apasionada? ¿De sus secretos más íntimos?... Pues ni más ni menos que “El tabaco”

Esta curiosa obra y el amor de una mujer por aquello que a principios del XX se consideraba un placer masculino, nos ayuda a entender la realidad de un momento en el que “la voz humana”, en este caso, la voz femenina, debía abrir y rasgar el telón de una sociedad ya caduca asentada en unos convencionalismos trasnochados.

En coproducción del Teatro Cervantes, Teatro Arriaga, Gran Teatro de Córdoba y Teatro Villamarta, ambas obras, diferentes en el estilo, abogan por una misma realidad. Aquella que permite a la mujer ser dueña de su propio halo y de su madeja. Antes de que las parcas de los avatares machistas la cercenen.

Isabel Rey en el papel de Susana, con su compañero Javier Franco y del actor que interpreta al mayordomo, inunda la escena con un intermezzo al estilo dieciochesco y con una técnica soberbia, con un buen hacer que conectó enseguida con el público y con un espíritu bello y a la vez cercano al gran público.

Cuadernillo de mano, esta vez a la venta, en su versión extendida con comentarios críticos, discografía y libreto, textos todos muy interesantes.

Puesta en escena sobria pero más que efectiva. Estupendo el uso que se hace de un único espacio a diferentes alturas en lo que respecta a la Voz humana de Poulenc. La acción telefónica tiene lugar en torno a la luz de una lámpara, tres lámparas, cada una en una parte del escenario que estructuran visualmente la acción de una obra “expresionista”.

Feliz noche por tanto truncada en calmo desasosiego por la belleza contenida y triste de la obra de Poulenc pero que agradó a un público, que si bien no llenó la sala como en otras ocasiones se volcó ante el estupendo trabajo de solistas y orquesta.

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