España - Madrid

La noche del siglo XIX

Lourdes González Arráez

jueves, 15 de marzo de 2001
Madrid, viernes, 9 de marzo de 2001. Teatro Monumental. Antonin Dvořák, Obertura Carnaval, op.92. Anton Bruckner, Salmo 150 para coro y orquesta. Claude Debussy, La damoiselle élue. Charles Gounod, Misa solemne de Santa Cecilia. Isabel Monar, soprano; Teresa Bordoy, soprano; Marina Pardo, mezzosoprano; Paul Frey, tenor; Felipe Bou, bajo. Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE. Director: Meir Minsky. Temporada 2000-2001 de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE.
En menos de un mes, el director Meir Minsky ha tenido que hacerse cargo del extenso programa de este concierto ya que el 25 de febrero se notificaba la grave enfermedad de Franz-Paul Decker que le impedía hacerse cargo de la actuación de marzo en el Teatro Monumental. La nota en el programa de mano habrá inducido a error a más de un asistente atento ya que, según la misiva, la baja por enfermedad fue comunicada en febrero de 2000, agradeciendo a Minsky su esfuerzo por preparar el concierto en tan poco tiempo, lo que viene a ser según la fecha algo más de un año.Dejando atrás la evidente errata, harto común en estos programas, Minsky realizó un esfuerzo titánico salvando el concierto con aceptable calidad. Al programa concebido por Decker se añadió la Obertura Carnaval de Dvorák que, a modo de introducción, empezó a captar la atención del aforo. Esta obra de 1892 fue compuesta en un viaje a los Estados Unidos de Antonin Dvorák y corresponde a la etapa de madurez del compositor checo. La orquesta supo dar cuerpo a la brillantez de la instrumentación de esta obra, Miguel Borrego al violín y Carlos Alonso con el corno inglés dieron en sus solos correspondientes el contrapunto sonoro a la gran masa orquestal, resultando un más que aceptable interpretación. Tras la obertura vino el Salmo 150 para coro y orquesta de Anton Bruckner, compuesto también en 1892. Esta obra para soprano, coro mixto y orquesta contrasta con la anterior en recursos sonoros, carácter y naturaleza. La interpretación solista corrió a cargo de Isabel Monar con una intervención breve pero que ya anunciaba lo que más destacaba en ella, una considerable falta de potencia. El director logró limpieza en muchas entradas, pero en la sección de viento metal alguien se afanaba por adelantarse sistemáticamente. Entre las sopranos sigue habiendo cierta determinación por romper el empaste en busca de un relieve personal, actitud a la que parecían sumarse los tenores por primera vez. En general dominó esa linealidad sonora del conjunto de la que no termina de desprenderse la agrupación.Para terminar con la primera parte del concierto se escuchó un poema lírico para soprano (Teresa Bordoy), contralto recitante (Marina Pardo) y coro femenino que Claude Debussy compuso entre 1887 y 1888 durante su etapa de juventud titulado La damoiselle élue (La doncella elegida). El texto del poema es del artista prerrafaelista Dante Gabrielle Rossetti y recrea la atmósfera de este movimiento artístico del siglo XIX con una delicadeza llena de ingenuidad e inocencia que reivindicaba el arte del primer renacimiento, el arte antes de Rafael y su puerta a la complejidad del manierismo y más tarde del barroco. Debussy también recrea la estética del prerrafaelismo en su música pero en esta obra ya empieza a mostrar una voluntad del contenido sobre la forma anunciando muchas de sus innovaciones posteriores. Para esta pieza Minsky tuvo que concentrarse en la partitura más que en las anteriores, quizá por ser una obra que no se prodiga mucho en los atriles de los directores. La soprano Teresa Bordoy pertenece al Coro de RTVE y la mezzo Marina Pardo formó parte del mismo hasta la temporada pasada; la primera destacó, además de su avanzado embarazo, por un color oscuro y profundo con gran facilidad para la matización y una técnica de recitación depurada y limpia aunque en algún momento el vibrato adornaba demasiado la sonoridad. Por su parte Teresa Bordoy lució una voz muy trabajada, con una técnica asentada con los años y la experiencia pero que carecía de la frescura de Marina Pardo. El coro tuvo algún que otro despiste de afinación sin cabida en esta obra.Para cerrar el monumental concierto se interpretó la Misa solemne de Santa Cecilia que Charles Gounod compuso en 1855. El compositor francés se sintió atraído desde pequeño por la religión y la música, eligiendo esta última como forma de alabar a Dios con lo que su producción religiosa habita abundantemente en su repertorio. Los dos puntos entorno a los que gravita la obra son el Credo y el Gloria que articulan casi todos los recursos expresivos y así se dejó sentir en la lectura de Meir Minsky. La soprano Isabel Monar siguió con la falta de potencia que lució en la obra de Bruckner, característica que se agudizaba en extremo al lado del bajo Felipe Bou, capaz de hacer enmudecer a toda la orquesta; la fuerza de su voz es realmente impresionante, además tiene un buen color aunque quizá su técnica todavía necesita asentarse con la experiencia, puede ser la gestación de una promesa de la lírica española a la que hay que seguir en su evolución. El tenor Paul Frey pasó sin pena ni gloria, también algo desmerecido al lado de la todopoderosa voz de Bou.Minsky llevó a cabo una gran labor levantando el concierto en pocas semanas para evitar la suspensión del mismo. Todo el repertorio se centraba en la segunda mitad del siglo XIX, cosa demasiado común en nuestras salas, pero las obras escogidas son rara vez interpretadas, menos la Obertura Carnaval, con lo que se agradece este otra visión del repertorio de concierto decimonónico.

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