Artes visuales y exposiciones

Mucho vidrio y varias nueces

Jorge García Grande

viernes, 20 de abril de 2007

Los días 11, 12 y 13 de abril de 2007 los ciudadanos de a pie pudimos asistir a la inauguración semioficial del Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid, concretamente de su auditorio (en la cabeza de algunos resonará un: ¡por fin!). Aunque al edificio le faltan algunos remates, entre ellos el aparcamiento, al cual no se podía acceder, pudimos disfrutar de un maravilloso concierto con obras de Lanchares, Mozart y Stravinski, que demostraron a los asistentes tanto las cualidades de nuestra querida OSCYL como las de la sala sinfónica, con un sonido que impresionó a una multitud de oídos acostumbrados a la escasa sonoridad de la bombonera del Teatro Calderón de la Barca.

Si bien la buena calidad de la sala sinfónica será para muchos lectores la principal noticia que recoge este artículo, nos vamos a dedicar a observar el edificio, sus cualidades arquitectónicas, y, por qué no, sus “no-cualidades” también. Prácticamente cada vallisoletano al que se le pregunta qué le parece el nuevo complejo cultural responde que es precioso, con todos sus paramentos de vidrio, su tejado “ondulado”, ese gran vestíbulo, el multitudinario número de asientos... pero no todos comparten la misma idea, sobre todo si hablamos del mundo de los arquitectos (y, que quede claro, no se trata de envidia profesional).

Un edificio nuevo, con materiales más o menos nobles como los que recubren el Miguel Delibes, siempre llama la atención al ojo; los años y el mantenimiento nos confirmarán o desmentirán estas sensaciones inmediatas. Sin embargo, para quienes estamos en contacto con las tendencias más actuales en arquitectura, puede que el diseño del complejo se nos muestre un poco indiferente, desde un estilo en el que Bofill, en sus declaraciones, dice buscar un clasicismo, un edificio atemporal que en un futuro no fuese discordante con la ciudad ni quedase obsoleto, cosa que es difícil de determinar en unos tiempos tan cambiantes como los que vivimos.

Para que el lector se haga a la idea de lo que intentamos insinuar, miremos cerca del Miguel Delibes: en la avenida de Salamanca nos encontramos con el edificio de Las Cortes, de Ramón Fernández Alonso-Borrajo, de una rotundidad indiscutible, con sus dos volúmenes maclados y el contraste entre el cubo oscuro y su zócalo de hormigón blanco. En comparación a este logrado diseño, al Miguel Delibes le ha faltado un poco más de atrevimiento, esa vuelta de tuerca proyectual que dotara a una planta en principio bien planteada, con rigurosidad y racionalidad, de un alzado y desarrollo volumétrico que la modele de forma innovadora.

La separación de funciones que hace que la planta del edificio se parta en tres pastillas con dos calles intermedias nos demuestra una búsqueda de un orden necesario ante un programa de edificio muy extenso y diverso, difícil de abordar, y que recursos como la colocación en bandas funcionales simplifican y racionalizan de tal forma que la tarea de proyectar no se convierta en una verdadera locura, y de esta manera nos encaminemos hacia resultados coherentes. Las tres pastillas se comunican por el foyer o vestíbulo principal, y tambien por la que ha sido bautizada como “plaza interactiva”, así como por las dos calles que bordean la sala principal.


Auditorio Miguel Delibes. Calle lateral
Fotografía © 2007 by Concepción Pérez Martín

Mirando al edificio desde el foyer, la pastilla situada a la izquierda contiene en primer plano la sala de música de cámara y en su parte posterior las dependencias para los músicos de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León así como las salas y aulas del conservatorio; en el centro nos encontramos con la sala sinfónica, detrás de la cual se sitúan la plaza interactiva y dependencias de carácter público, como la cafetería; y a la derecha tenemos la sala de teatro experimental, con la escuela de arte dramático. De esta forma, nos encontramos con una especie de fachada de elementos públicos, que además se nos subraya en el edificio con un muro de un color entre rojo y granate que nos recuerda a la Plaza Mayor de la ciudad, y que corta todo el complejo, saliendo al exterior.


Auditorio Miguel Delibes. Sala experimental
Fotografía © 2007 by Concepción Pérez Martín

Llama la atención la cantidad de pasarelas y balcones que nos encontramos en los espacios más abiertos y públicos: un balcón de proporciones abrumadoras por cada sala en el vestíbulo principal, las calles laterales cruzadas también por pasarelas, la plaza interactiva con un juego de múltiples terrazas a diferentes alturas... puede que una limpieza desde el proyecto de estos elementos, utilizando únicamente los más necesarios y representativos, nos hubiera podido facilitar la comprensión formal de los espacios y quizá abrumar algo menos al visitante.

La sala sinfónica1 apuesta tímidamente por situar a los intérpretes entre el público, como ya nos enseñara Hans Scharoun en su Philharmonie Berlin, con los buenos resultados que esta disposición aporta. Es una caja forrada interiormente de madera en la que destacan sobre el espacio del escenario los resonadores acústicos, que escapan así de ese estilo rectilíneo que impera en la sala, acompañados de una serie de luminarias suspendidas (por cierto, un modelo muy similar a las de Scharoun). Son también destacables los palcos laterales, con una iluminación cenital bastante agradable y lograda, mucho menos agresiva que la que proporcionan los halógenos del techo, totalmente cegadores. Las butacas de cuero entonan con el color de la madera, un tostado que da unidad al conjunto, de agradable visión.


Auditorio Miguel Delibes. Sala sinfónica
Fotografía © 2007 by Concepción Pérez Martín

Un tema importante en el que debemos incidir es la accesibilidad de la sala. Con la palabra ‘accesibilidad’ no sólo intentamos hacer referencia a las personas con minusvalía –las cuales no lo tienen nada fácil en este complejo–, sino a la facilidad de uso del edificio y sus elementos auxiliares. Encontramos un tanto descompensada la generosidad que se ha tenido dimensionando los elementos de comunicación exteriores y la estrechez que presentan ciertos elementos interiores que también son importantes: en el marco del concierto más arriba mencionado, las escaleras por las que se accede a las butacas se quedaban bastante estrechas para circular cómodamente, lo que atestigua el gran atasco ante las puertas de salida al foyer, y eso que no estábamos con aforo completo.

También se echa en falta la claridad para acceder a los ascensores, bastante escondidos, con los problemas que esto comporta para las personas con movilidad reducida. Los letreros utilizados para marcar los recorridos y accesos han sido realizados en su mayoría en acero inoxidable o aluminio, que contrastan bastante poco sobre la pared, dificultando su identificación.

Una pregunta que debemos hacerle al equipo que ha realizado el edificio es la relacionada con el tema de la sostenibilidad, esa palabra con la que tanto nos bombardean últimamente y que tan poco ha resonado en todos los artículos que se han publicado del Centro Cultural. Intentaremos evitar los tecnicismos, nada de análisis profundos, pero mucha gente sabe lo que pasa detrás de un vidrio cuando da el sol: el calor crece, y bastante (efecto invernadero). Al final de la obra hemos visto aparecer unos estores en el vestíbulo, lo cual era de esperar con semejante superficie de vidrio abierta al sur y con la poca protección que puede dar un solo alero a una superficie tan amplia, hecho que va a influir en los consumos de climatización.


Auditorio Miguel Delibes. Vestíbulo principal
Fotografía © 2007 by Concepción Pérez Martín

Tampoco se nos ha contado la bondad con el medio ambiente de los materiales empleados: el vidrio, el aluminio y el acero por ejemplo son materiales profusamente empleados y para cuya elaboración se invierte gran cantidad de energía. Llama la atención, por ejemplo, que, tras tanto vidrio como se ha colocado, nos encontremos con paredes opacas, lo que dobla el coste de un cerramiento que podía haber salido un poco más barato a todos los castellanos y leoneses.

Vamos a ir preparando la despedida de este artículo; no pretendemos alargarlo en exceso, aunque la inauguración de un punto de referencia cultural tan importante dentro de la región lo merece. Pero antes de finalizar nos gustaría explicar el enfoque que se ha querido dar a este escrito, en el que omitimos toda una serie de datos, números y descripciones que desde el resto de los medios de prensa ya han sido publicados y que pueden ser consultados a través de Internet con la ayuda de un buscador y un poco de pericia.

La finalidad de estos someros apuntes era la de abrir en cierta medida los ojos del espectador; evitar que ustedes se queden complacidos ante todas las “buenas noticias” publicadas sobre el auditorio, que no han sido cotejadas con una mirada un poco más crítica, sopesando los pros y los contras, intentando aproximar la visión de una profesión no siempre comprendida y tan sujeta a la opinión pública. Suponemos que ahora también se justifica el título que hemos dado al artículo, al plantear ya de entrada esta bipolaridad entre los puntos fuertes y los no tan fuertes de este Centro Cultural Miguel Delibes.

Agradezco a Mundo Clásico la oportunidad que me ha brindado para poder comentar libremente mis puntos de vista sobre el auditorio, y a Concepción Pérez Martín por las fotos que apoyan este artículo. Por último, debo sin duda animarles a descubrir el Centro Cultural y su extensa y maravillosa programación; esperemos que este auge cultural se mantenga en futuras temporadas.

Notas

Por cierto, imposible de afinar, pese a las divertidas declaraciones de Cristóbal Halffter en "El Mundo", que decía que faltaba afinarla (sic) un poquito, lo cual se lograría en dos o tres conciertos (sic). Afortunadamente, ninguna caja de resonancia es capaz de desafinarse (ya sólo faltaba eso), aunque sus cualidades sí sean susceptibles de modificación

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