Musicología

La Königlichen Kapelle de Friedrich II, o La historia de una desilusión musical (I)

Federico Calabuig Alcalá del Olmo

jueves, 10 de mayo de 2007

Produce cierto vértigo volver la vista atrás para admirar la primera 'edad de oro' de una de las primeras formaciones orquestales modernas, la cual tuvo lugar nada menos que hace más de doscientos cincuenta años, y contemplar que la institución, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, sigue con plena vitalidad y dando satisfacciones artísticas a sus miembros y a todos los que tienen la oportunidad de escucharla. Nos referimos a la Staatskapelle Berlin, la Orquesta de la Opera del Estado de Berlín, a cuyo frente se encuentra en la actualidad el director argentino-israelí Daniel Baremboim.

La Staatskapelle de Berlín tiene una historia ininterrumpida de más de cuatrocientos años. Aunque desde el siglo XV se tienen referencias de agrupaciones corales de voces blancas en la corte en Berlín de los Hohenzollern, Margraves de Brandemburgo y Electores Imperiales, la creación formal de la Capilla de la Corte no tiene lugar hasta 1570 durante el principado de Joachim II, cuando recibió la actual denominación de Staatskapelle Berlin como símbolo del poder soberano de los Margraves. Su primer kapellmeister fue Johannes Wesalius.

En 1696, bajo el margraviato de Friedrich III, el poder soberano del Brandemburgo de los Hohenzollern se había consolidado, y el príncipe decidió, de acuerdo con los usos extendidos en Alemania en la época, cambiar la denominación de la Capilla por la de Kufürstlichen Hofkapelle [leer] o Capilla de la Corte del Príncipe Elector. A partir de este momento la Capilla desempeña las funciones de tafelmusik (música para los convites), grupo musical para las celebraciones de la corte y orquesta para las representaciones operísticas de palacio.

El Príncipe Elector decidió en 1701, como afirmación de soberanía y de política expansiva, dar mayor relevancia a sus posesiones exteriores a las fronteras imperiales -el Ducado de Prusia en el Báltico oriental- e independizarlas formalmente del vecino Reino de Polonia. Y así, se nombra a si mismo König in Preussen (Rey “en” Prusia), iniciando la saga real prusiana con el nombre de Friedrich I1. En lógica consecuencia, la Kurfürstlichen Hofkapelle pasa a denominarse Königlichen Kapelle o Capilla Real, única existente en Alemania con tal denominación hasta que en el siglo XIX se establecen los nuevos reinos germánicos resultantes del Congreso de Viena. No abandonará tal denominación hasta 1918, con la Revolución alemana de noviembre, año en que adoptará la de Die Kapelle der Staatsoper, para asumir definitivamente su actual denominación en 1934.

La Capilla Real de Berlín sesteará durante sus primeros casi cuarenta años, los que ocupan los reinados de Friedrich I y de su hijo Friedrich Wilhelm I, que, aunque dedicaron cierto tiempo de su gobierno al cultivo de las artes, estuvieron más preocupados por el engrandecimiento del Reino y por las cuestiones militares -el último ha pasado a la historia con el sobrenombre de Der Soldatenkönig-. Esta situación cambiará radicalmente con el tercer soberano de la dinastía, Friedrich II, hombre cultivado y amante de las artes, especialmente la de Euterpe, aunque curiosamente se le conoce más por su genio militar, que fue admirado hasta por Napoleón, lo que le ha valido el sobrenombre de Der Grosse (El Grande).

Educado bajo la tutela de Madame de Montbail, luego Madame de Rocoulle, una gobernanta francesa hugonote, Friedrich tuvo una infancia alejada del severo influjo paterno en la que aprendió alemán y francés al tiempo, adquirió afición por la lectura y la música, y rápidamente se sumergió en el espíritu ilustrado. Según el músico y viajero inglés Charles Burney en su libro The present state of music in Germany, The Netherlands and United Provinces (Estado actual de la música en Alemania, Holanda y las Provincias Unidas), editado en Londres en 1773, en el que narra su visita a la capital prusiana del otoño de 1772, Friedrich Wilhelm prohibió a su hijo no sólo estudiar música y practicarla, sino también escucharla, de forma que fue la Reina madre, Sophia Dorothea von Braunschweig-Lüneburg, la que, a escondidas, fomentó la afición de su hijo incluso llegando a contratar músicos a su servicio. Cuando Friedrich deseaba practicar organizaba una cacería con sus músicos y quedaban en algún lugar del bosque o en una caverna para poder desarrollar libremente su afición.


Charles Burney
© by portrait.kaar.at

Aunque Friedrich llevó usualmente uniformes militares en su edad adulta, se dice que éstos no representaron su pensamiento, consistente en perseguir encarnar con probidad la condición de monarca ilustrado2. Incorporado por orden paterna a la carrera militar para la que no sentía vocación, Friedrich intentó con 18 años huir a Inglaterra con su compañero -y supuestamente amante- el joven teniente Hans Hermann von Katte, pero la intentona fue abortada y ambos fueron enjuiciados. Como consecuencia Fridrich fue a prisión y Katte perdió la cabeza. En prisión parece que se acentuó la faceta musical de Friedrich, pues allí fue entretenido por otro soldado, Michael Gabriel Fredersdorf, con la interpretación de su flauta. Aunque Friedrich había recibido anteriormente lecciones de flauta, las interpretaciones de Fredersdorf debieron consolar sumamente al príncipe de los rigores del cautiverio, pues decidió adoptar la flauta como instrumento personal y empezó a componer para ella, momento a partir del cual pasó a formar parte -con Alfonso X el Sabio, Ricardo Corazón de León, Henry VIII de Inglaterra o su sucesor Friedrich Wilhelm II- del selecto grupo de los soberanos compositores. Fredersdorf, cuya amistad con el príncipe se mantendría por el resto de sus días, sería recompensado posteriormente con los nombramientos sucesivos de valet real, director del Teatro Real y canciller del Reino.

En 1733, al aceptar Friedrich casarse con la consorte -Elisabeth Christine von Braunschweig-Bevern- que el Rey había escogido para él, mereció finalmente el perdón regio y se le otorgó el título de Príncipe heredero. Por su nuevo título se le asignó el territorio de Ruppin, en las afueras de Berlín, marchando allí tras la boda. Aunque el matrimonio fue inmediatamente un fracaso, la separación del ambiente de la corte paterna en Berlín permitió a Friedrich pasar en Ruppin los mejores años de su vida. A partir de 1735 disfrutó allí del castillo de Rheinsburg, la joya del barroco berlinés, construido para el príncipe por su arquitecto de confianza: Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff (Kuckädel, 1699-Berlín, 1753). En Ruppin y luego en Rheinsburg, Friedrich formó una pequeña corte y se dedicó a sus pasiones: leer libros, rodearse de ilustrados (Voltaire entre ellos) y conversar con ellos y, en lo que nos concierne, escuchar, interpretar y componer música.

Ya en estas fechas Friedrich era intelectualmente partidario de la intelligentsia francesa de la Ilustración, pero en gustos musicales estaba marcado por las influencias italianas. Su ilusión era crear una corte sin rival musical en el Imperio, para lo cual consideró que lo primero debía consistir en fundar una Ópera Real que rivalizase y finalmente superase a la alemana más famosa de la época: la ópera de Dresde del Duque Augustus II 'El Fuerte' de Sajonia. Esa decisión debía necesariamente esperar a su coronación, pero mientras tanto podía ir formando el núcleo de su proyecto. A fin de desarrollar su afición musical, el príncipe heredero se rodeó de un selecto grupo de músicos que, hasta el número de diecisiete, formarían su Capilla privada y serían el germen de la primera edad dorada de la Königlichen Kapelle y de la futura Ópera Real.


Johann Joachim Quantz

El primer músico relevante -y a la postre decisivo- resultó ser Johann Joachim Quantz (Oberschenden, 1697-Potsdam, 1773). Friedrich había tenido la oportunidad de escuchar a Quantz mientras éste formaba parte, como virtuoso de flauta, de la orquesta de la Capilla Ducal (Hofkapelle) de Dresde y decidió contratarle como Kammermusiker in diensten der Fürst (músico de cámara al servicio del Príncipe). Quantz inició sus estudios musicales con su tío Justus Quantz, miembro de la orquesta de Merseburg3, y a su fallecimiento con Johann Adolf Fleichhack, yerno de aquél, con quien aprendió a tocar todos los instrumentos de cuerda y viento habituales, pero no la flauta. Trabajó como contrabajista en conjuntos musicales callejeros, compaginando dichas dedicaciones con estancias en Viena donde estudió contrapunto con los maestros barrocos Jan Dimas Zelenka (Lounovice, 1689-Dresde, 1745) y Johann Joseph Fux (Bauernsohn, 1660-Viena, 1741).

En 1718 ingresó como oboísta en la la Hofkapelle de Dresde mientras era soberano el ya citado Duque Augustus II de Sajonia, que al tiempo era Rey de Polonia. Allí conoció a Pierre-Gabriel Buffardin (Marsella, 1690-París, 1768), virtuoso flautista de la Capilla del monarca, quien le enseña a tocar el instrumento de forma tan ilusionante que Quantz lo adoptará desde ese momento como propio. Tras sendos viajes a Italia, a Paris -en el que añade una segunda clave a la flauta- y a Londres, regresa a la Hofkapelle de Dresde, ahora como virtuoso flautista. Allí lo conocerá Friedrich durante un concierto celebrado en 1728, y su vida -y la del futuro monarca- cambiará radicalmente.

Nada menos que desde 1728 hasta su fallecimiento en 1773 Quantz instruye a Friedrich diariamente en interpretación de su instrumento y en composición, funciones a las que se añaden las de preparación y dirección de los conciertos vespertinos privados (la kammermusik) del Príncipe y luego monarca. Esos conciertos vespertinos constituyen la imagen más conocida del monarca gracias a su reconstrucción historicista realizada por Adolph von Menzel en su famoso cuadro Das flötenkonzert Friedrich des grossen in Sanssouci. La kammermusik se integró cada vez más por piezas concertantes para flauta expresamente compuestas para la ocasión sólo por Quantz o por el propio Friedrich. Quantz dedicará así al monarca más de 200 piezas solistas (sonatas principalmente) y no menos de 300 conciertos para su instrumento. Por su lado, Friedrich compondrá, con el mismo objeto, 121 sonatas y cuatro conciertos.


Das flötenkonzert Friedrich des grossen in Sanssouci (1852)
Adolph von Menzel (1815 - 1905)

Según Burney, Quantz había diseñado las sesiones como forma de expertise del monarca, que interpretaba estas piezas en rotación, de forma que aunque éstas fueran un gran número siempre acababa tocando las mismas,. Para garantizar su cometido Quantz, el único autorizado para corregir musicalmente al monarca, quedaría exento de participar en las labores primero de la Kapelle privada y luego de la Capilla Real. Charles Burney narra sus impresiones de una sesión de la kammermusik a la que fue expresamente invitado:

“El concierto empezó con un concerto alemán para flauta, cuya parte solista fue ejecutada por Su Majestad con gran precisión; su embouchure es clara y mantenida, su digitación brillante, y su gusto puro y simple. Obtuve gran placer e incluso resulté sorprendido por la pulcritud de su ejecución en los allegros, así como por la expresión y sentimiento en los adagio; en suma, su interpretación superó, en muchos aspectos, cualquier otra interpretación a cargo de dilettanti o incluso de profesores. Su Majestad tocó sucesivamente tres largos y difíciles concerti, y todos ellos con igual perfección.(...) Fuera de marcar el tempo con el movimiento de su mano al comienzo de cada movimiento, M. Quantz no intervino en ningún momento de la interpretación de los concerti excepto para gritar en algunos momentos ¡bravo! a su pupilo real al final de las partes solistas y de las piezas, lo que parece un privilegio no permitido a ningún otro músico de la orquesta. Las cadencias ejecutadas por el monarca fueron buenas, pero demasiado largas y estudiadas. Es fácil descubrir que estos concerti fueron compuestos en una época en la que él no requería respirar tan frecuentemente como en el presente, porque en algunas de las partes, que fueron muy largas y difíciles, así como en las conclusiones, se vio obligado a inspirar de forma contraria a la regla, antes de que los pasajes hubieran concluido.”

Quantz tendrá, no obstante estas dedicaciones, tiempo suficiente para la composición y para la enseñanza de su instrumento a terceros, siendo el creador de la Escuela berlinesa de flauta, que disfrutó de numerosos seguidores, el más famoso de los cuales fue Johann Joseph Friedrich Lindner. También encontró tiempo para escribir el exhaustivo tratado sobre interpretación de su instrumento Versuch einer Anweisung die Flöte traversiere zu spielen (Instrucción para una correcta interpretación de la flauta travesera, 1752) y para construir flautas.

Como hemos visto, Quantz había aprendido en la tradicional Dresde, donde el Kapellmeister de la Hofkapelle, Johann David Heinichen (Krössuln, 1683-Dresde, 1729), y el Konzertmeister, Johann Georg Pisendel (Cadolzburg, 1687-Dresde, 1755), verdadero líder de la Capilla Ducal de Dresde desde la muerte de aquél, postulaban por el barroco quasi-galante de Vivaldi y Vinci. Por su lado, el aprendizaje de Quantz se había producido en Viena con maestros barrocos. No es por ello de extrañar que los gustos predominantes en aquélla y las enseñanzas de los últimos modelaron el estilo del flautista. El mismo resulta ser netamente severo pero influenciado por el gusto italiano, especialmente por Antonio Vivaldi, aunque a partir de mediados de siglo se va acercando progresivamente al estilo galante que se imponía de forma generalizada, incluso en la corte berlinesa. Su influencia sobre el monarca será siempre grande y a favor de las composiciones y gustos más tradicionales, lo que a la postre resultará trascendente para la decadencia de la Königlichen Kapelle en vida del propio Friedrich.

En su The present state of music in Germany, The Netherlands and United Provinces, escrito con ocasión de su visita a Berlín en el otoño de 1772, Charles Burney también opina sobre la música de Quantz, poniendo de manifiesto sus diferencias con las señas de identidad del estilo galante mannheimiano [leer]:

“Su música es simple y natural; su gusto corresponde a cuarenta años atrás; pero aunque esa época debió ser un periodo excelente para la composición, no puedo suscribir enteramente la opinión de aquéllos que piensan que los músicos no han descubierto desde entonces refinamientos merecedores de acogimiento. Sin caer en trucos y caprichos, e incluso aceptando que la composición llegó cuarenta años atrás a un cierto nivel de perfección, una melodía simple puede ser sin duda embellecida por la manera moderna de realizar apoggiaturas, de preparar y repetir estremecimientos, de reforzar y disminuir gradualmente pasajes completos [crescendi y diminuendi] y aún notas aisladas, y, sobre todo, por la variedad de expresión alcanzada desde la superioridad en el manejo del arco que los violinistas de esta época poseen frente a cualesquiera otros de otras épocas desde su invención.”

Johann Gottlieb Graun

El segundo selecto músico contratado por el Príncipe para su Kapelle privada fue el violinista y compositor Johann Gottlieb Graun (Wahrenbrück, 1703-Berlin, 1771), hermano de los también músicos Carl Heinrich y August Friedrich. Estudió música en la Kreuzschule de Dresde y luego leyes en la Universidad de Leipzig, siguiéndole los pasos en ambos destinos su hermano menor, el citado Carl Heinrich. Durante esta época Johann Gottlieb fue alumno en Dresde del ya citado Johann Georg Pisendel. En 1723 viajó a Praga para continuar sus estudios con el virtuoso violinista Giuseppe Tartini (Pirano, 1692-Padua, 1770), y tres años después obtuvo el puesto de konzertmeister en Merseburg, donde Johann Sebastian Bach le envió a su hijo mayor, Wilhelm Friedemann Bach, para que recibiera sus enseñanzas.

De allí, Graun pasó en 1728 a las órdenes del Príncipe von Waldeck en Arolsen (Hesse) y en 1732 marchó a Ruppin al servicio de Friedrich. Allí fue también Kammermusiker al servicio del príncipe como violinista, y al integrarse en la Königlichen Kapelle pasó a ser concertino de la orquesta. Fue un compositor prolífico, escribiendo muchas sinfonías, oberturas, conciertos, sonatas y piezas de cámara. Su estilo, inicialmente barroco, evolucionó hacia lo plenamente galante.


Frantisek Benda

El mismo año, 1733, en que Johann Gottlieb Graun se unía a la Kapelle privada de Friedrich en Ruppin, hacía lo propio el también violinista y compositor bohemio Frantisek Benda (Alt Benatek, 1709-Potsdam, 1786), más conocido como Franz Benda. Frantisek fue el hijo mayor del compositor Jan Jirí (Johann Georg) Benda (Bohemia, 1686-Berlín, 1757), creador de una saga de músicos que ha llegado hasta nuestros días.

Después de ser miembro del coro de la abadía benedictina de Sv. Mikuláse (San Nicolas) en Praga, Frantisek marchó a Dresde donde estudió, como Johann Gottlieb Graun, violín y viola con Johann Georg Pisendel, volviendo a Praga para entrar en el Seminario de los Jesuitas. No debió convencerle porque pronto entró al servicio del conde Kleinau, con el que marchó a Viena. En 1730 huyó a Varsovia con otros músicos, Jirí Cart (Bohemia, 1708-?, 1778) entre ellos, incorporándose todos ellos a la Capilla municipal formada por el alcalde Kazimierz Suchaczewsky, haciéndolo Benda como violinista y pronto como Kapellmeister. Poco tardó en integrarse en la Capilla Ducal de Augustus II, donde coincide nuevamente con su maestro Pisendel y conoce a Cristoph Schaffrath (Hohnstein, 1709-Berlín, 1763).

En 1733 aceptó un ofrecimiento, seguramente a indicación de Quantz, para marchar a Ruppin, donde se incorporó a la Capilla privada de Friedrich como violista, recibiendo enseñanzas de su compañero Johann Gottlieb Graun. Seguirá a la Capilla a Berlín, ya como violinista, donde permanecerá el resto de sus días. En 1771, a la muerte de Johann Gottlieb Graun, será finalmente nombrado Konzertmeister.

Frantisek, quien, según Burney, “ha adquirido gran reputación en su profesión, no sólo por su expresiva manera de tocar el violín, sino también por sus gráciles y atractivas composiciones para el instrumento”, fue el reclamo para que en 1734 se incorporase a la Capilla -también primero como violista, y luego como violinista- su hermano menor Jan Jirí (Johann Georg) Benda (Staré Benátky, 1713-Berlín, 1752). En 1742 también el resto de su familia se trasladará a la capital de Prusia, lo que supondrá la incorporación a la Königlichen Kapelle de sus hermanos menores Jirí Antonin (Georg Anton) Benda (Staré Benátky, 1722-Köstritz, 1795) y Josef (Joseph) Benda (Staré Benátky, 1724-Berlín, 1804), ambos como violinistas. El más famoso será Jirí Antonin, compositor formado en Bohemia.

Mientras Jirí Antonin sólo formará parte de la Capilla hasta 17504, su hermano menor Josef permanecerá en Berlín formando parte de ella como violinista el resto de sus días, y allí le encontrará el viajero e historiador musical inglés Charles Burney en su visita a la capital prusiana de 1772. Burney refiere su encuentro con el joven -ya no tan joven en aquel momento- Benda en un concierto de salón, indicando de él que “este capacitado músico fue tan atento que me interpretó un agradable solo, compuesto por su hermano, que ejecutó con gran limpieza y delicadeza”. La historia de la Königlichen Kapelle de Friedrich está tan unida a los Benda que luego volveremos a encontrar a Josef en posiciones de más relieve en su seno.

Tanto Frantisek como Jirí Antonin también fueron compositores prolíficos, debiéndoseles sinfonías, conciertos y sonatas, para violín las de Frantisek y para cembalo las de Jirí Antonin. Este último también compuso cantatas, oratorios, singspiel y óperas dramáticas. Como las de Johann Gottlieb Graun, las composiciones de los dos hermanos Benda presentaron inicialmente estilo severo que evolucionó con los años hacia el estilo galante, siendo las de Jirí Antonin las más evolucionadas en el estilo sentimental al que luego nos referiremos. Frantisek tuvo una gran reputación como virtuoso del violín. Durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta dio, con permiso del monarca, las acostumbradas giras, que le llevaron a Bayreuth, Dresde, Weimar y Gotha. Tuvo una gran influencia en la siguiente generación de violinistas, reconocida, entre otros, por Johann Peter Salomon (Bonn, 1745-Berlín, 1815), el que llegaría a ser empresario y concertino de Haydn durante la estancia de éste en Londres para el estreno de sus Sinfonías 'londinenses', a quien Benda conoció durante los años setenta mientras aquél ejerció en Rheinsberg la condición de Konzertmeister de la Capilla privada del Príncipe Heinrich de Prusia, hermano menor de Friedrich.

Cristoph Schaffrath

Frantisek Benda también arrastró a la capital prusiana a los ya mencionados Jirí Cart y Cristoph Schaffrath. El primero, más conocido como Georg Czarth o Zarth, viajó con Benda a Ruppin y formó parte, como violinista, de la Capilla privada y luego de la Königlichen Kapelle de Friedrich. En fecha desconocida marchó a Mannheim donde formó parte de la famosa Hofkapelle [leer] en tiempos de Cannabich. Cristoph Schaffrath era cembalista en la corte de Augustus II en Varsovia cuando conoció a Benda. A la muerte del monarca la Capilla Ducal se disolvió y Benda marchó a Berlín mientras Schaffrath lo hizo a la provinciana ciudad de Slawuta (Ucrania) al servicio del Príncipe lituano Sangusko Lubartowicz. El aislamiento del lugar no debió convencerle, porque el mismo año viajó a Dresde y se postuló como organista de la Sophienkirche en sustitución de Christian Pezolds, pero el puesto fue ganado por el ya mencionado Wilhelm Friedemann Bach, hijo mayor de Johann Sebastián.

Sabedor del resultado, Friedrich, por conducto de Quantz, invita a Schaffrath a incorporarse a su Capilla privada, lo que aquél aceptó en 1734. Allá desempeñó el cargo de clavicembalista y Kammermusiker al servicio del Príncipe. En 1741, debido a la incorporación en la Capilla de otros ilustres clavecinistas a los que nos referiremos posteriormente, pasó a desempeñar el mismo puesto al servicio de la hermana menor del rey, Anna Amalia de Prusia (Potsdam, 1723-Berlín, 1787). Schaffrat compuso, como sus compañeros, piezas instrumentales de formas sencillas y galantes, aunque las últimas están imbuidas de mayor sentimiento: sinfonías, oberturas, conciertos -especialmente para su instrumento, el clavicémbalo-, cuartetos, tríos y sonatas para klavier.

Anna Amalia de Prusia

La relación de Schaffrat con la Princesa Anna Amalia de Prusia, la hermana menor del Príncipe heredero y luego Rey, nos brinda la oportunidad de a introducir este personaje en la narración, lo que resulta obligado porque la citada Anna Amalia fue una figura clave en la corte de Friedrich. Como su hermano mayor, Anna Amalia sufrió la severidad de su padre y halló también el consuelo en la música, que sólo pudo aprender formalmente después de la muerte de Friedrich Wilhelm. Su pasión por la música le llevó a aprender a tocar el clave, el violín y la flauta, siendo su propio hermano, el ya rey Friedrich II, su maestro en este último instrumento.


Lectura de Goethe en la tertulia de Anna Amalia de Prusia (1795)

Debió ser una mujer de carácter, porque con veinte años se casó con el Barón Friedrich von der Trenck sin el permiso del monarca, y quedó embarazada. Al enterarse el Rey hizo anular el matrimonio, encerró al Barón y desterró a su hermana a la Abadía de Quedlimburg, donde solían refugiarse las madres solteras prusianas de alcurnia, y allí llegaría a ser madre abadesa. Las obligaciones de su cargo no le impidieron residir en la corte, donde se dedicó de lleno a la música, componiendo e interpretando bajo la dirección de sus maestros particulares, Schaffrat primero y luego Johann Philipp Kirnberger (Saalfeld, 1721-Berlín, 1783). Éste sustituyó a Schaffrat en 1758, cuando el primer clavicembalista de la Princesa enfermó en sus últimos años. A Kirnberger nos referiremos posteriormente.

Se conocen pocas composiciones de Anna Amalia, apenas unas piezas para clave y sonatas para flauta, y se especula con el hecho de que su excesivo rigor consigo misma le llevara a destruir la mayoría de su corpus creativo.

Anna Amalia ha pasado a la posteridad, sin embargo, por su devoción -influida sin duda por Kirnberger- hacia la música de los grandes genios barrocos, cuyas obras habían caído en desgracia tras la irrupción generalizada de los gustos galantes y clasicistas a mediados del siglo XVIII. Gracias a ella se conservaron composiciones de Johann Sebastián Bach, Georg Philipp Telemann, Georg Friedrich Haendel y muchos otros. Proveyó de partituras de tales maestros a todos aquéllos que todavía eran capaces de admirarlas.

Gracias a la Princesa llegó Mozart al conocimiento de las grandes obras del viejo Bach y de Haendel, El Mesias entre ellas, pues copias de las mismas le fueron facilitadas al salzburgués por su amigo el Barón Gottfried van Swieten (Leiden, Holanda, 1733-Viena, 1803), músico dilettante de origen danés, afincado en Viena, que ejerció durante los años setenta de embajador de Austria ante la corte de Friedrich, y que al regresar a la capital austriaca fue nombrado Bibliotecario Imperial. El Barón obtuvo las partituras de Anna Amalia durante su estancia en Berlín, donde también conoció la obra de Carl Philipp Emanuel Bach, lo que le llevó a contactar con este compositor y realizarle encargos de relevancia para la historia de la música. Dotado de un especial olfato para reconocer genios musicales y relacionarse con ellos, sus amistades con grandes compositores no se agotaron en el joven Bach y en Mozart, pues llegó a ser el dedicatario de la primera sinfonía de Beethoven y el libretista de los grandes oratorios del Haydn senecto, Die Schopfung (La Creación) y Die Jahrezeiten (Las Estaciones).


Carl Heinrich Graun

Aunque la vida del Barón van Swieten es, desde luego, digna de novelarse y merecedora de mayor detalle, no debe distraernos de concluir la relación de los músicos que integraron la Capilla privada de Friedrich. No obstante la importancia de los Benda y sus acólitos, el compositor que más influyó en Friedrich después de su maestro Quantz fue Carl Heinrich Graun (Wahrenbrück, 1704-Berlín, 1759), el hermano menor de Johann Gottlieb, quien llegaría a ser considerado en vida, junto a Johann Adolf Hasse (Bergerdorf, 1699-Venecia, 1783), el más importante compositor operístico alemán del siglo.

Como su hermano mayor, Carl Heinrich cantó en la Kreuzschule de Dresde y luego marchó a estudiar leyes a la Universidad de Leipzig. Al decidir dedicarse a la música ingresó como cantante en la ópera de Dresde, desde donde pasó, en 1725, a la del duque de Braunschweig5, donde pronto fue Vizekapellmeister, componiendo óperas para la corte. Su fama llegó a oídos de Friedrich que, tratándose de un brandemburgués y hermano de su Kammermusiker, quiso hacerse con sus servicios. Lo consiguió finalmente en 1735 en calidad de Kapellmeister de la Capilla privada y, más tarde, de la Königlichen Kapelle.

Graun fue instructor del Príncipe y de diversos músicos de la Capilla, pero sus funciones principales consistieron en la dirección de ésta -luego, de las funciones de ópera- y en la composición, principalmente centrada en los dramas musicales -de los que produjo veinte y seis- y en las cantatas y piezas religiosas para las celebraciones. También produjo conciertos, piezas de cámara y música secular. Sus obras más famosas son el Te Deum compuesto en 1756, durante la guerra de los Siete Años, para celebrar la victoria del rey en la batalla de Praga, y, sobre todo, el Oratorio-Pasión Der Tod Jesu (La muerte de Cristo) de 1755 sobre libreto del también filósofo Karl Wilhelm Rammler (Kolberg, 1725-Berlín, 1798), que fue interpretado en Alemania durante la Semana Santa hasta bien entrado el siglo XIX, cuando progresivamente fue sustituido por la Pasión según San Mateo de Bach, tras su redescubrimiento por Mendelsohn.

Su estilo es propio de la transición del barroco al clasicismo, evolucionando del estilo propio severo inicial al galante final, al principio con influencias francesas e italianas pero, por las razones que luego expondremos, progresivamente sólo italianas, siempre con un uso limitado del contrapunto coral al modo de Hasse, que le sirvió de modelo.

Johann Gottlieb Janitsch

En 1736 entra en la Kapelle privada otro músico relevante: Johann Gottlieb Janitsch (Schweidnitz, 1708-Berlín, 1763). Como muchos de sus coetáneos, estudió leyes y música, en este caso en la Universidad de Frankfurt. Al término de sus estudios se trasladó a Potsdam para ejercer como secretario de Franz Wilhelm von Happe, ministro prusiano de la guerra de Friedrich Wilhelm I, aprovechando su tiempo libre para componer e interpretar. Allí decidió dedicarse a la música, ingresando en la Capilla del Príncipe heredero y especializándose en el basso di viola, precedente del violonchelo, y sobre todo en el contra-violón, el correlativo del contrabajo. Tuvo una intervención destacada en la música de cámara del Rey y el cometido especial de componer la música para las Redouten (ridotta), bailes de máscaras que se celebrarían a partir de los años cuarenta en el Teatro de la Ópera Real durante el tiempo de carnaval, aunque estas composiciones desgraciadamente no se han conservado. Entre las piezas que han subsistido destacan especialmente sonatas para el clave y el órgano y cuartetos en un estilo galante que evolucionó a formas más personalizadas.


Carl Philip Emanuel Bach
© by portrait.kaar.at

Pero toda esta larga serie de excelentes músicos no habrían dado a la posteridad la fama de la Königlichen Kapelle de Friedrich II si no hubiese figurado entre ellos un compositor tan famoso en vida como Carl Heinrich Graun y a la postre el más relevante para la historia de la música de los que allí sirvieron: Carl Philip Emanuel Bach (Weimar, 1714-Hamburgo, 1787), conocido en su época como “el Gran Bach”.

Carl Philipp Emanuel Bach

Carl Philipp Emanuel Bach fue el quinto hijo de Johann Sebastian Bach y de su primera mujer, Maria Barbara, pero sólo el segundo, después de Wilhelm Friedmann, que le sobrevivió. Telemann actuó como padrino en su bautizo, y este hecho marcó en cierta medida su destino, como veremos. Su madre muere cuando él tiene seis años, y su padre se vuelve a casar en breve plazo con Anna Magdalena, trasladándose la familia a Leipzig para que aquél pueda hacerse cargo del puesto de Kantor de Santo Tomás. Johann Sebastián confesó que entre las razones para abandonar su puesto de Kapellmeister de Cothen se encontraban las oportunidades educativas que su nuevo puesto en Leipzig ofrecía a su cada vez más numerosa prole, pues sus hijos, mientras recibían educación musical de su propio padre, podrían al tiempo acudir al Gymnasium de la Tomasschule y posteriormente ingresar en la famosa Universidad de la ciudad sajona.

Carl Philipp Emanuel estaba destinado a ese futuro, pero esa no era su vocación. Durante su infancia y adolescencia manifestó una innata capacidad musical componiendo sus primeras piezas para clave. Y así, aunque en 1730 se matriculó en la Universidad para estudiar Derecho, ya en 1734 se postuló, sin éxito, como organista de la Iglesia de St. Wenzel en Naumburg. Ante el fracaso de la intentona marchó a la Universidad de Frankfurt, donde destacó en las actividades de la Musikalische Akademie de la Universidad, para la que compuso numerosas piezas y en la que dio clases de klavier. En 1738 recibió una invitación para entrar al servicio del conde imperial Hermann Carl von Keyserlingk -embajador austríaco en la corte sajona de Dresde y, como veremos, conocido y protector de su padre-, ofrecimiento que rechazó por atender el correlativo para incorporarse, como clavicembalista, a la Capilla privada del Príncipe heredero de Prusia, iniciándose así su participación en el devenir de la que sería la famosa Königlichen Kapelle de Friedrich II.

Notas

Desde 1772 su nieto, Friedrich II, se intitulará 'König von Preussen', Rey 'de' Prusia.

Es conocida su afirmación de que la corona es simplemente “un sombrero que permite que la lluvia entre”.

Merseburg es una pequeña ciudad situada al sur del estado de Sajonia-Anhalt, que en aquellas fechas era la residencia de los condes de Sachsen-Merseburg.

Jirí Antonin marchará al servicio como kapellmeister del duque Friedrich III de Sachsen-Gotha, soberano de un pequeño ducado en el actual Estado de Turingia, con capital en la ciudad de Gotha. Allí permanecerá 22 años junto a su hermana Anna Franziska, cantante de la corte. Después se trasladará a Hamburgo, donde volverá a coincidir con Carl Philipp Emanuel Bach, y más tarde a Viena, para retirarse finalmente a Köstritz (Turingia). Mozart alabó sus dramas “Ariadne auf Naxos” y “Medea”, que tuvo la oportunidad de escuchar en Mannheim en 1778.

El ducado tenía por capital la pequeña ciudad de Braunschweig, en la Baja Sajonia.

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