España - Andalucía

Peor sola que bien acompañada

Fernando López Vargas-Machuca

jueves, 29 de marzo de 2001
Jerez de la Frontera, jueves, 29 de marzo de 2001. Teatro Villamarta. Rossini: Sonata nº 1 para cuarteto en Sol mayor. Schubert: Quartettsatz en Do menor, Octeto en Fa mayor Op. 166. Viktoria Mullova Ensemble: Viktoria Mullova (violín), Adrián Chamorro (violín), Erich Krüger (viola), Manuel Fischer-Dieskau (violonchelo), Hainrich Braun (contrabajo), Pascal Moragués (clarinete), Marco Postinghel (fagot), Guido Corti (trompa). Temporada de conciertos del Teatro Villamarta.
He escuchado poco a la prestigiosa Viktoria Mullova: aparte de la actuación aquí reseñada, sólo un concierto en Londres y su muy curioso disco Through the Looking Glass. Me da la impresión de que efectivamente, marketing en torno a su atractivo físico aparte, se trata de una violinista cuanto menos muy notable. Pero claro, con tan pocos elementos de juicio no se puede establecer una valoración cabal y justificada. Hay quienes afirman que se trata de un prodigio, mientras que no son pocos los que sospechan que se trata de un bluff y que su valían real está por debajo de la fama que ha alcanzado. Sea como fuere, lo que es indiscutible es que se trata de una artista comprometida, trabajadora y verdaderamente interesada en hacer música. Y es que pocos son los divos de la música que están dispuestos a abandonar temporalmente la posición de solista estrella para integrarse en un grupo de cámara, aun como primus inter pares.El conjunto lleva su nombre, pero ella es una más. De hecho, ni siquiera marca las entradas. Tampoco parece que indique las pautas a seguir en las interpretaciones, pues cada uno de los miembros del Viktoria Mullova Ensemble, aun haciendo música de cámara de verdad, es decir, conjuntados y escuchándose mutuamente, parecía conservar hasta cierto punto su identidad. Ella, más apolínea y preocupada por la belleza del sonido que intensa. Otros compañeros, más entregados a la pasión. Hay que aplaudirla por tan admirable iniciativa, en la que además ha de explorar terrenos para ella ignotos y poco dados al exhibicionismo.La violinista rusa y sus colegas, de gira por España, aterrizaron en el Villamarta y arrasaron. Menuda sorpresa. ¡Quién iba a imaginar que el público jerezano, con sólo cuatro años de “formación”, se iba a dejar la piel aplaudiendo piezas camerísticas de Rossini y Schubert! La explicación es bien simple: el concierto fue tan formidable que el respetable no podía quedarse indiferente. Primero, por la calidad de las partituras. Bien es cierto que la obrita del de Pésaro, compuesta a los once años, no es nada del otro mundo, pero está bien escrita y se escucha con agrado. Y de las dos del autor de Rosamunda la cosa está clara: obras maestras y punto.Segundo, por la magnífica interpretación que nos ofrecieron. Y es que, como pueden leer en la ficha, bajo el nombre de Viktoria Mullova Ensemble se esconden extraordinarios músicos, algunos muy conocidos. Por ejemplo, Pascal Moragués, clarinetista de la Orquesta de París con Barenboim y hoy solista de postín. Al violonchelo, Manuel Fischer-Dieskau. Un artista en alza, y no sólo por ser hijo del mejor cantante del siglo XX y de una de las más excelsas sopranos del momento. Como segundo violín, el fundador de la Orquesta de los Campos Elíseos y del Cuarteto Turner, Adrián Chamorro. El resto de los integrantes, primeros atriles de excelentes orquestas. Todos ellos, con sus más y sus menos, músicos como la copa de un pino, sabiendo lo que se traen entre manos y haciendo música con una felicidad y espíritu de colaboración no ya “respirables en el ambiente”, sino perfectamente visibles. Las tres obras conocieron recreaciones de primera, técnicamente impecables y muy centradas estilísticamente. Es decir, cuando abordaron a Schubert no se quedaron en la capa superficial de exquisita y radiante belleza, sino que procuraron poner de relieve el fondo dramático que anida en los pentagramas. Por lo demás, una suerte escuchar una obra tan infrecuente en directo -por razones obvias- como el Octeto.Como ya se ha dicho, el público respondió con el mayor entusiasmo imaginable. Incluso se escucharon las palmas flamencas tan criticadas por los 'exquisitos', que como era de esperar entusiasmaron muy especialmente a los ocho músicos, radiantes de felicidad. Incluso la adusta y algo estirada Mullova dejó escapar una ancha sonrisa de sus labios y acordó con sus colegas ofrecer un bis. Ni ellos ni el respetable pudieron quedar más satisfechos. Un triunfo por todo lo alto. Y ahora, a esperar la visita de dos grandes: Magdalena Kozená y Ton Koopman.

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