España - Madrid

Un pobre final

Lourdes González Arráez

lunes, 16 de abril de 2001
Madrid, viernes, 6 de abril de 2001. Teatro Monumental. Tamara Sinyavskava, mezzosoprano. Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE. Agustín Serrano, piano. Director: Enrique García Asensio. Ludwig van Beethoven, Fantasía para piano, coro y orquesta en do menor, op.80. Sergei Prokofiev, Cantata para coro y orquesta, Alexander Nevsky, op.78. Temporada 2000-2001 de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE.
Con este concierto se acaba la temporada 2000-2001 de la Orquesta Sinfónica y Coro de Radio Televisión Española. El programa era de gran gusto y constituía un terreno perfecto para desarrollar la sensibilidad musical; el brío sonoro de la Fantasía de Beethoven que anuncia la grandiosa Novena del compositor alemán y la maravillosa combinación tímbrica de Alexander Nevsky de Prokofiev que además requiere de una gran capacidad de los instrumentos de viento metal, daban la oportunidad de lucirse al conjunto al completo (pues en ambas interviene también el coro) que, desde luego, no se aprovechó. Beethoven compuso su Fantasía para piano, coro y orquesta en do menor, op. 80 en 1808 como producto de una brillante idea que retomaría en su Novena Sinfonía: reunir el piano, la orquesta y las voces humanas en una obra. En tan sólo tres semanas la compuso y se estrenó con los consecuentes fallos en la interpretación de un proyecto de esta magnitud tan apresurado. El texto de esta obra es de Christoph Kuffner siendo en la Novena de Schiller, los versos de Kuffner hacen alusión a la grandeza del espíritu, la alegría y paz que se puede alcanzar con la música y la armonía, cuestiones que se pueden poner de manifiesto con la música que los acompaña. El pianista de la Orquesta Sinfónica de RTVE, Agustín Serrano, fue el encargado de iniciar esta obra, cumplió con la partitura sin más, bueno, con algunas notas falsas. La falta de color siguió con la orquesta y tan sólo el coro tuvo un toque de Beethoven. En general, el sonido carecía de brío en los momentos culminantes y quizá la mala acústica del Teatro Monumental contribuyó a ello. Los pequeños detalles de la escritura del compositor alemán pasaron desapercibidos a la batuta del maestro García Asensio y reinó un considerable tedio tan sólo interrumpido por el coro que mostró lo grandioso de la concepción de esta partitura. El director del Coro de RTVE, Mariano Alfonso, hizo una gran labor con la dicción, entonación y empaste de la masa coral que, al fin y al cabo, era lo único que salvaba la interpretación de esta obra.Tras el descanso llegó la ejecución de Prokofiev. El músico ruso compuso la banda sonora de la película de Sergei M. Eisenstein, Alexander Nevsky, en 1938 y un año después aprovechó el éxito de la película extrayendo de ésta una cantata para mezzosoprano, coro y orquesta que conserva el hilo argumental y toda la fuerza de la banda sonora original. La historia se centra en la Rusia de 1242, concretamente en el intento de los caballeros de la Orden Teutona (en pocas palabras; los alemanes) de conquistar Rusia y su trágico fracaso al romperse el hielo del río donde se llevó a cabo la batalla final. Es un canto a la Rusia inexpugnable que ni Napoleón ni el contemporáneo Hitler, pudieron tomar. El héroe que le da nombre es el Duque Alexander, de apodo 'Nevsky' por una de sus victorias, que encabeza el ejército ruso y lo lleva a otro glorioso triunfo. Todo el tema está bajo una clara influencia de propaganda cultural soviética que da paso a una música de rico melodismo, combinación tímbrica y recursos expresivos con un fin épico.Épico podía haber sido este fin de la temporada pero no se llegó ni a comedia pastoril. El primer número de la cantata describe la desolación de la Rusia bajo el yugo mongol, pero el maestro García Asensio adoptó un tiempo casi de marcha militar que destrozó la atmósfera que debían crear los metales. Éstos últimos tuvieron constantes desajustes, fallos de afinación y malas entradas que, junto con la labor del maestro, desvirtuaba completamente el carácter de este primer número.El segundo es como un Flash Back que rememora la primera victoria de Alexander Nevsky de la que toma su sobrenombre, el coro desaparecía por completo debajo de la percusión y los metales que seguían sin estar inspirados. Gran parte de culpa la tiene la acústica de la sala pero no exime de responsabilidad al conjunto.Otro tanto sucedió con el maravilloso tercer número que acompaña a los Caballeros Teutones, los enemigos que se caracterizan en la película con unos hábitos de monje totalmente blancos ya que es una Orden Católica. Prokofiev los caracterizó musicalmente con un sombrío tema en latín a la manera de los modos gregorianos que debe ir acompañado por un lecho instrumental de intensidad fuerte y altura grave. El problema radica en no saber distinguir entre acompañamiento orquestal fuerte y protagonismo absoluto de los instrumentos sobre las voces lo que, en vez de ser un recurso para causar una impresión terrorífica, se convierte en una confusión total.Con el cuarto número llegamos al himno guerrero que levanta al pueblo ruso con la consecuente carga de percusión y metales, aquí se echaba en falta el carácter solemne, marcial y grandioso de los himnos, más bien parecía una competición para ver quién era capaz de hacer más ruido.Con el quinto vino la batalla que, en lugar de ser sobre el hielo fue sobre el escenario dando la sensación de una extraña miscelánea de fragmentos inconexos de los números anteriores dando al traste con la concepción de la obra, ya que éste es el número correspondiente a la escena central de la película lleno de elocuencia y poder de descripción.Tras la batalla, el sexto número, se dedica a los caídos en la contienda. Aquí entra en acción la voz solista que en esta ocasión fue interpretada por la mezzosoprano rusa Tamara Sinyavskaya que conoce a la perfección este breve papel y así lo hizo constar con sus gestos y compostura, entrando en estado de éxtasis casi místico incluso cuando no cantaba. Su voz se adaptaba muy bien a las exigencias dramáticas del papel por su timbre nítido y su color oscuro que propició una buena intervención a excepción de algún que otro despiste en la afinación.En el último número volvemos al himno guerrero, esta vez para cantar la victoria de la invencible Rusia donde la grandiosidad del coro y la orquestación podían dejar un considerable buen sabor de boca en la clausura de esta temporada, pero se quedó en el intento e incluso el público aplaudió lo imprescindible. La oportunidad estaba en el escenario pero no así las circunstancias, en fin, una pena. Hasta la próxima temporada.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.