Discos

No sabe uno con qué quedarse

Enrique Sacau
jueves, 12 de julio de 2007
Angela Gheorghiu Live from La Scala. Jean-Paul Martini, Plaisir d’amour; Alessandro Scarlatti, O cessate di piagarmi; Alessandro Parisotti, Se tu m’ami; Christoph Willibald Gluck, Paride ed Elena: “O del mio dolce ardor”; Vincenzo Bellini, Malinconia ninfa gentile, Vanne o rosa fortunate; Gaetano Donizetti, Me voglio fà ’na casa; Giuseppe Verdi, Stornello, In solitaria stanza, Brindisi II; Charles Gounod, Sérénade; Georges Bizet, Chant d’amour; Jules Massenet, Élégie; Alfred Alessandrescu, Cind perdeaua dragii mele; Diamandi Gheciu, Şi daca; Tiberiu Brediceanu, Floricică de pe apă, Bade pentru ochii tăi, Vai bădită dragi ne-avem dragu mi-l mândro de tine; Gherase Dendrino, Te iubesc!; Paolo Tosti, ’A vucchella; Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, My fair lady: “I could have danced all night”; Giacomo Puccini, Gianni Schicchi: “O mio babbino caro”. Angela Gheorghiu, soprano. Jeff Cohen, piano. David Groves, productor ejecutivo. Un disco compacto DDD de 65 minutos de duración grabado el 3 de abril de 2006 en La Scala de Milán. EMI Classics 3 94420 2
0,0001031 Desde que recibí este compacto de Gheorghiu para comentar en Mundoclasico.com no he podido parar de escucharlo. En cuanto acaba empiezo otra vez. Y así ha sido durante un par de días en que la voz de la soprano Angela Gheorghiu se me ha metido en la piel y no he sabido cómo sacármela de dentro. Tampoco sé si quiero, la verdad. Y es que este recital grabado en La Scala en 2006 me ha recordado por qué llevo años disfrutando de la voz de Gheorghiu. También me ha entristecido. Al poner este disco pensaba que no me gustaría: me decía que Gheorghiu está decidida a enfadarse con el público y los colegas; aferrada a caprichos absurdos, cancela, discute, exige, se pelea… pero no ensaya. Y eso se paga. Por eso la sorpresa de escuchar un recital maravilloso, trabajado al dedillo, que me ha encandilado y puesto, de nuevo, a sus pies.

Lo que siempre me ha gustado de Gheorghiu es su timbre carnoso, algo vibrante, que recuerda muchísimo al de la retirada Ileana Cotrubas. A menudo Gheorghiu suena triste antes del final del primer acto, lo que resulta prematuro. Sin embargo, con excepciones, sobre la selección musical de este recital planea la melancolía. La mejor prueba de ello es la apasionada, casi verista, interpretación que Gheorghiu hace de Malinconia ninfa gentile de Bellini. Una Gheorghiu inspirada continúa después cantando con una pasión (Chant d’amour de Bizet) y un èlan (Me voglio fà ’na casa de Donizetti) que se encuentran en pocos cantantes y se pasea así triunfante por Martini, Scarlatti, Gluck, Verdi y algunos grandes de la música vocal rumana como Brediceanu, a quien ha popularizado en sus recitales internacionales. Como guinda, y en la vena de Montserrat Caballé, Gheorghiu canta un afectado (y efectivo) O mio babbino caro que, si bien no responde al carácter adolescente del personaje pucciniano que lo canta, sí responde al género de recital en el que todas las grandes han sobreactuado esta aria.

Junto a una Gheorghiu inmensa hay dos elementos fundamentales que contribuyen al disfrute de esta grabación. Por una parte, el excelente acompañamiento pianístico de Jeff Cohen. Y por otra, el entusiasmo de un público entregado que grita “¡Brava!” casi desde la primera canción. Al volumen adecuado, uno parece estar en La Scala disfrutando de esta cátedra interpretativa de quien es, cuando quiere, una de las más grandes sopranos del mundo.

Este disco ha sido enviado para su recensión por EMI Classics
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