España - Madrid

Una tarde 'amena'

Fernando Galicia

viernes, 8 de febrero de 2002
Madrid, martes, 5 de febrero de 2002. Auditorio Nacional. Marie-Ange Todorovitch, mezzo-soprano. Orchestre National de Lille. Jean-Claude Casadesus, director. Hector Berlioz: 'El Carnaval Romano', obertura característica Op.9 y 'La muerte de Cleopatra', cantata. Camille Saint-Saëns: 'Sinfonía nº3 en do menor Op.78', con órgano. Ciclo de Promúsica.
Buen programa el del séptimo concierto del ciclo de Promúsica, a cargo de la Orquesta Nacional de Lille, dirigida por Jean-Claude Casadesus.Comenzaron con la Obertura característica, de El carnaval romano, de Héctor Berlioz. Y lo hicieron muy bien; la orquesta sonaba coordinada en todo momento, si bien en algún momento la pandereta se adelantó de modo considerable. Aún así, hay que decir que la percusión se mostró muy seria y ordenada. No se taparon las diferentes secciones. Es más, hay que destacar el enorme papel que desempeñaron los trombones y las trompas (instrumentos que por norma general tienden a sobresalir por encima de los demás). Los crescendos salieron impecables.En segundo lugar interpretaron La muerte de Cleopatra, también de Berlioz, y plato fuerte de la primera parte (y se podría decir que del concierto). La voz de la mezzo, Marie-Ange Todorovitch, aportó la calidez que necesitaba la fría noche madrileña el pasado martes. Hay que señalar que comenzó algo nerviosa, pero afortunadamente sólo fue el principio, y luego firmó una actuación magnífica. Sus pp y sus subidas a forte rallaron a gran altura, dando un color tremendo a la obra. La orquesta estuvo ahí en todo momento, pero de fondo, sin tapar a la solista, en un papel digno de admiración. El aria Ah! qu'ils sont loin ces tours fue increíble, sin duda alguna, pero por la 'Ley de Murphy' aquí tuvo lugar el momento malo de la tarde: ¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiing! ¿A qué personaje se le puede olvidar apagar el móvil después del aviso tan claro que se hace al comenzar el concierto? (Y por decir algo, porque incluso es posible que se dejara encendido a propósito, por eso de esperar 'una llamada importante'). Es el público del Auditorio, señores. Pero en fin, el director tuvo la suficiente sangre fría como para hacer ver que él no lo oía. Como si no fuera con él la cosa. Los pizzicatos de las cuerdas en el movimiento Largo Grands Pharaons volvían a concentrar la atención en la obra; el final de esta sección, en pianíssimo y muy bueno, dio paso al Allegro Assai Agitato de la meditación, donde le falló de nuevo la voz a Marie-Ange, pero otra vez se arregló en seguida. Los timbales, formidables, dieron paso a un tremendo final de los contrabajos y cuerdas que, imitando el latido de un corazón, nos hicieron ver a todos cómo moría Cleopatra. Tremendo.La segunda parte del concierto era la Sinfonía nº3 en do menor Op.78 'con órgano, de Charles Camille Saint-Saëns. Comenzó con un conseguido efecto entrecortado, con una sección de viento inconmesurable, especialmente las flautas, y con una dinámica estupenda. Las cuerdas brillaron en el Allegro. El Poco Adagio estuvo bonito, pero sin embargo se hizo un tanto lineal y espeso. El comienzo de la segunda parte de la sinfonía fue muy enérgico, en contraste con lo anterior. De hecho, el director estuvo muy hábil para no dejar casi espacio entre ambas secciones, de modo que no dio tiempo a que empezara el 'otro concierto', el de las toses. Los crescendos y los fortíssimos estuvieron perfectos, sin que ningún instrumento tapase a otro. Incluso se escuchó el órgano sin problemas. Las trompetas se adelantaron en alguna ocasión, poniendo el punto negativo de la obra. Otro punto a destacar son los juegos de tipo 'pregunta-respuesta¡, que fueron resueltos sin dificultad y de manera brillante. El tremendo final fue respondido con una sonora ovación por parte del público. Mención aparte merece la ovación que se llevó el percusionista encargado de los timbales, y que fue mayor que la que se llevó la orquesta e incluso el director.Todo ello nos llevó a interpretar dos bises: el primero, "Los dragones de Alcalá" de Carmen, de Bizet. Muy escueta pero muy correcta. En segundo lugar comenzaron, de sorpresa (el director salió a saludar, y de repente se dio la vuelta y dio la entrada), con la marcha de la obertura de la misma obra; intercalaron el pasaje del toreador, y luego volvieron con la marcha. Final muy aplaudido. Así pues, una tarde amena en el Auditorio, que hubiera estado aún mejor si hubiese sido un poco menos Amena (por aquello del móvil, claro).

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