España - Valencia

Trazos, asimilaciones y contrastes

Lope de Osuna
lunes, 24 de septiembre de 2007
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Alicante, jueves, 20 de septiembre de 2007. Teatro Principal. Festival de Música de Alicante. Concierto Inaugural. Ananda Sukarlan, piano; Mercedes Carretero, flauta; Dagmar Rentova, violonchelo; Alfredo Anaya y Javier Belinchon, percusión. Chandra Panatan, coreografía y danza; Blanca S. Pulungan y Naree Kim, danza; Metadomus (Nasrul Zein, Risydul Pahman, Syahrial). Programa: Ernesto Halffter, 'Tres piezas indonesias' (Mekelá; Nang-Matchá; Legende cambodgienne). Syahrial: 'Canción de Sikanbang' (arreglo de una canción tradicional indonesia) **; 'Decent Harmony' (Estreno en España). Organizado por el Centro de Difusión de la Musica Contemporánea.
0,0001147 El Festival de Música de Alicante adopta el lema Trazos de Oriente, justo al llegar a su número 33, tan simbólico en la cultura europea por la tradición cristiana que considera que esa era la edad de Jesucristo cuando murió. Este contraste, que a buen seguro va a marcar el devenir del festival, quedó bien patente en el concierto inaugural. El cambio  de orden de las dos partes del programa facilitó el 'aterrizaje' del auditorio. Al situar la obra de Ernesto Halffter en la primera parte, todos pudimos escuchar el concepto de música oriental según el oficio, formación y estética de un músico occidental de los ños 40 del siglo pasado.

Es muy probable que la música de las Tres piezas indonesias le fuera dictada a Halffter por la bailarina indonesia Seiko Sarina, tras su encuentro en Lisboa en diciembre de 1940. La obra, recuperada recientemente, es como un escaparate de melodías, ritmos y armonías lejanas, pero claramente filtradas por el sentido de la medida y del ritual de concierto occidental, lo que la hace más asimilable por nuestros oídos. El ritmo del grupo de percusión fue sólida base para interpretación de Carretero y Rentova, y la danza llena de fuerza y delicadeza de Panatan, Pulungan y Kim.

Dos continentes, dos ritmos

Decían nuestros mayores que la paciencia es la madre de la ciencia. Tras el descanso, la Canción de Sikanbang marcó el comienzo de la diferencia y la dificultad asimilativa confesada por algunos asistentes al concierto tras su celebración. Una dificultad tal vez similar a la que un hombre de negocios occidental tiene en sus primeros contactos con su correponsal oriental. Hay que saber que sus ritmos de expresión son diferentes; que, si queremos llegar a entenderle para llegar a un acuerdo, hay que asumir su tempo vital y expresivo. Sólo habiendo logrado esto -y aquí acaba la digresión-, seremos capaces  no sólo de captar, sino también de gozar la belleza de una  música llena de estimulantes diferencias, sin necesitar su asimilación a nuestras costumbres de audición musical.

La voz, en la Canción de Sikanbang, está llena de resonancias evocativas. Su monodia me hizo sentir algún lejano eco de algunos cantos religiosos occidentales. 'Decent harmony', de Syahrial,  tiene desde su inicio una sugerente sensualidad rítmica y tímbrica, confirmada por  el desarrollo de su coreografía. Su interválica y ritmo puede por momentos sugerir una posible relación con la música para violín clásico indio.

El montaje escénico en la primera parte, con las danzas alrededor de los instrumentos, y en la segunda con dos simples cubos sobre el escenario, es de sencillez espartana y gran eficacia expresiva. Ésta se ve especialmente potenciada por la iuminación, siempre en tonos cálidos, realzando la acción  y en perfecta consonancia con un vestuario que pasa de unos consabidos tonos negros y dorados en la primera parte al predominio de los ocres y tierras de la segunda. El concierto, como corresponde a un acto inaugural, marcó el carácter que esperamos de esta edición del festival.
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