Brasil

En la estación

Lope de Osuna

miércoles, 17 de octubre de 2007
São Paulo, lunes, 8 de octubre de 2007. Sala São Paulo. Julian Rachlin, violín. Víctor Pablo Pérez, director. Programa. J. Brahms, Concierto en re mayor para violín y orquesta op. 77. Manuel de Falla: El Amor Brujo; Suite nº 2 de 'El sombrero de Tres Picos'

La Sala São Paulo es el resultado de la reconversión del vestíbulo de una estación de ferrocarril, una de esas obras civiles que alguien definió como “las catedrales de la Revolución Industrial”. Un gran edificio de sobrias líneas externas y contenida suntuosidad interior, con un gran vestíbulo de altas arcadas y una sala de planta rectangular, cuyo escenario ocupa un tercio de la longitud total. Es decir, la proporción que se ha venido considerando como un ideal de distribución para sala de conciertos, por comodidad y acústica. Ésta resulta espectacular, por no decir óptima, y se adapta a las necesidades específicas de cada agrupación o programa modificando la disposición de los elementos de madera del techo de la sala. Reúne la música y resulta muy clara, cálida y con un retorno equilibrado que permite además que los músicos se oigan bien a sí mismos y entre ellos.

Por su gran actividad y enorme tamaño, São Paulo es ciudad que madruga mucho. Sin embargo, la hora de inicio -las nueve de la noche, muy tardía para lo que en ella se acostumbra- no impidió el lleno casi absoluto de la sala y sólo tras el descanso se vieron algunos huecos en las butacas de sus filas traseras. Sea por la acústica de la sala, sea por su gran educación y atención a la música, el silencio del público paulistano fue ejemplarmente respetuoso durante la interpretación de las obras, y su actitud crecientemente entusiasta de principio a fin.

Viajeros al tren...

El concierto fue como un viaje en tren, pero musical y más cargado de magia que el que sale del andén 9 y 3/4 con destino a la estación de Hogwarts. El pitido de salida lo dio un barbudo jefe de estación, un tal Johannes Brahms, al inicio del primer movimiento de su Concierto para violín. Cargado de gran fuerza expresiva, viaja a través de una vía erizada de dificultades técnicas y musicales que ha de superar el intérprete hasta su conclusión. Julian Rachlin lo hizo con la decisión marcada en su rostro, pero también con esa falsa apariencia de facilidad de los grandes. Su mecanismo impecable se une a una gran musicalidad. La cadenza del primer movimiento fue una demostración de lo dicho y del excelente trabajo en común entre solista, orquesta y director.

La siguiente etapa del viaje transcurrió por un adagio, cruzando un paisaje lleno de lirismo, al que nos abrió paso el gran solo inicial de oboe de Casey Hill. Tras éste, Rachlin, la orquesta, y Víctor Pablo escribieron una página llena de pasión contenida. El timbre del violín resultó en todo momento, incluso en los sobreagudos, redondo y brillante. El ‘Allegro’ final, que sonó cargado de fuerza sabiamente administrada, fue como la fuente de la energía de que se surtió el público para ponerse en pie todos a una, como movidos por un resorte, para unirse en una sólida ovación. La ‘Sarabande’ de la 2ª Partita de Bach, que Rachlin nos ofreció como propina, terminó de redondear la gran actuación del violinista lituano.


Noches en los jardines de España. Josep Colom y  OSG dirigidos por Víctor Pablo Pérez
©2007 by OSG

Descubriendo, que es gerundio

La reciente prohibición del gerundio en la administración de Brasilia no impidió que el auditorio de la Sala São Paulo se pasara el resto de la noche descubriendo música española. El amor brujo y El sombrero de tres picos fueron subiendo la tensión del auditorio. La profundidad de la música tocó hondo a los oyentes, que respondieron con grandes ovaciones, usando calificativos como 'increíble' y 'espectacular', que pronunciados con acento brasileño suenan más a piropo si cabe.

La acústica de la sala, realzando su sonido, hizo lucir la magnífica orquestación de Falla y permitió que las intervenciones de Ludmila Orlova al piano, llenas de carácter, más los solos de cada principal de vientos, brillando como gemas engastadas sobre la profundidad del tejido de los tutti llenaran la suite de El sombrero de tres picos de la luz y color que le son propios.

Tras las obras en programa, las propinas de zarzuela nos permitieron comprobar cómo se aprecia la música española fuera de nuestras fronteras cuando se toca bien y con un instrumento de la categoría de la Orquesta Sinfónica de Galicia. Fue tal el entusiasmo, que varios brasileños vecinos de localidad nos comentaron entusiasmados el concierto y una señora me pidió que le fuera anotando títulos y autores de las propinas, lo que hice lleno de satisfacción. Fue uno de esos conciertos de los que uno sale como respirando por todos los poros del cuerpo.

¡Ah! Como este texto se publicará habiendo vuelto ya a España, espero que el Gobernador de Brasilia no nos persiga con su nueva ley.

Paulista: del Estado de S. Paulo

Paulistano: de la ciudad de S. Paulo

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