España - Galicia

Llenando espacios

Paco Yáñez
martes, 6 de noviembre de 2007
Santiago de Compostela, miércoles, 24 de octubre de 2007. Igrexa da Universidade. Música na Compañía: Ciclo Formacións de Cámara da Real Filharmonia de Galicia. Chelicia, Grupo de violonchelos de Compostela. Carlos García Amigo, Ailsa Lewin, Palmira Martínez y Thomas Piel, violonchelos. Georg Philipp Telemann: Concierto en Do mayor (Arreglo para cuatro violonchelos de W. Thomas-Mifune); Jacques Offenbach: Cuarteto para cuatro violonchelos; Christopher Bunting: Tres piezas para cuatro violonchelos; Alexander Tansman: Dos movimientos para cuarteto de violonchelos; David Popper: Polonesa de concierto Op. 14 (Arreglo para cuatro violonchelos de Sebastian van Eck); Tres tangos argentinos en arreglo para cuarteto de violonchelos: La vi llegar (E. Francini); Cafetín de Buenos Aires; Cristal (M. Mores). Ocupación. 110%
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Previamente a la composición de Prometeo (1981-85), Luigi Nono deambuló largas horas en soledad por la iglesia de San Lorenzo, en Venecia, donde iba a ser estrenada su obra, buscando conocer cómo era el silencio que antecedería a la música; un silencio lleno de matices, de calladas elocuencias que sabía escuchar aquel que, como Lachenmann dejó escrito, era capaz de ascoltar cómo crecían las hierbas del campo... La ciudad de Compostela alberga numerosos espacios cuyos vacíos están llenos de ecos que preceden a la música, de posibilidades que hacen que ésta suene de forma distinta en cada marco, ya sea por sus cualidades acústicas o por los matices que sugieren con sus arquitecturas, con sus audibles voces histórico-artísticas...

Bien aprovechados por los distintos festivales y ciclos que pueblan el año musical compostelano (generalmente centrados en la música antigua, en lo que es una especialización excluyente casi patológica, crónica de esta ciudad), los edificios disponibles en Santiago habían sido generalmente olvidados por la Real Filharmonía de Galicia (excepción quizás hecha de la catedral); como también había sido olvidada una programación camerística paralela a la orquestal (algo que se reclamó desde estas páginas en la última reseña de la temporada 2006/07); y por sistema el repertorio de la música actual de vanguardia.

Con el ciclo ‘Formacións de Cámara da Real Filharmonía de Galicia’ se pretende cubrir alguno de estos vacíos, a través de la división de la orquesta en pequeñas agrupaciones que a lo largo de este curso propondrán un repertorio por ellos mismos seleccionado, en el marco de la iglesia de la Compañía -también conocida por Iglesia de la Universidad-. Es una pena que, en línea con el párrafo que abría esta reseña, no se hayan explorado más silencios, más espacios, más arquitecturas presentes para sonidos posibles; asignatura pendiente ésta que dejamos en el aire para años venideros.

La aparición de esta programación paralela suponía una gran oportunidad para llenar otro tipo de espacios; en este caso de repertorio, una que vez estos músicos pudieran proponer obras que abriean nuevas posibilidades más allá de la conservadora y acomodada programación de la Real Filharmonía de Galicia.

Analizando la programación que este ciclo propone1, nos encontramos con un total de catorce composiciones pertenecientes al Siglo XX, cuatro que se enmarcan en el romanticismo, seis en el clasicismo y dos en el barroco. En todo caso, y aunque encontramos una amplia variedad de compositores, la selección de obras del Siglo XX programadas sí parece verse afectada por el ‘virus’ de las rutinas del Auditorio de Galicia, pues propone un buen número de obras que poco aportan a lo que el público ya conoce; echándose de menos ejemplos de las estéticas de la vanguardia de la posguerra -en obras que me consta muchos de estos instrumentistas dominan y aprecian-, en lo que constituye un mal endogámico en esta ciudad. Así mismo, es de lamentar la total ausencia de creadores gallegos en la programación ofertada, algo que sería de agradecer para conocer cuál es el estado de la composición camerística en Galicia.



Foto oficial de Chelicia
©2007 by L. Soto


El concierto


Desde estos presupuestos de partida a nivel general, llegamos al concierto del 24 de Octubre; un concierto que contaba con muchos alicientes, uno de ellos el desarrollarse en una iglesia rodeada de cuadros del artista compostelano Manuel Quintana Martelo, pinturas que despliegan una profusión de colores y cromatismos que tan bien armonizarían con buena parte de las obras programadas. Leyendo las notas de esta exposición podemos descubrir textos tan sugerentes como éste: “Trabajar con la pintura significa creer en quimeras, territorios de ilusión que el artista incorpora en cada una de sus obras, no siempre fáciles de digerir en un contexto en el que muchos invocan tradición cada vez que ven un pincel”... Como vemos, tan diversas manifestaciones artísticas parecen sufrir los mismos cánceres, como si una metástasis colectiva se hubiese asentado en los modos de entender la vivencia artístico-cultural.

En la noche del 24 el grupo invitado a este ciclo era Chelicia, que desde el año 2005 nos propone una formación tan poco habitual como lo es la del cuarteto de violonchelos; formación en base a un instrumento, en todo caso, de enormes posibilidades musicales en la familia de la cuerda, por la amplitud tonal que posibilita, abarcando más octavas que cualquier otro instrumento de los que conforman el cuarteto de cuerda convencional. Su sonoridad, por otra parte -y aunque esta opinión ya pertenece al subjetivísimo terreno de lo personal-, me parece bellísima y de un timbre a la vez denso y expresivo. Con esta plantilla existen magníficas formaciones que trabajan extensa e intensamente este repertorio, como el Octeto Ibérico de Violonchelos o la sección de chelos de la Berliner Philharmoniker, destinatarios de un conjunto de obras cada vez más numerosas y representativas de los diversos estilos que conforman la música actual.

La concepción musical y el planteamiento discursivo-estructural de Chelicia está muy cercano al cuarteto de cuerda convencional de dos violines, viola y violonchelo; correspondiéndose en este grupo con el gallego Carlos García Amigo y la inglesa Ailsa Lewin, que de alguna forma vendrían a acercarse al papel de los dos violines; la valenciana Palmira Martínez, cuya tesitura se asemeja a la de una viola; y el alemán Thomas Piel, en el propio registro de un violonchelo. En todo caso, las voces fueron alternando a lo largo de las obras, sin por ello cambiar la disposición espacial de los atriles; y lo que comenzó con un papel de primer chelo por parte de Carlos García Amigo, acabó en el bis con ese rol ocupado por Thomas Piel, que anteriormente se había situado en el otro extremo del arco tonal por ellos desplegado.

El programa comenzó con un arreglo del Concierto en do mayor de Telemann (1681-1767), en versión para cuatro violonchelos de W. Thomas-Mifune; una obra que se ve notablemente alterada en esta presentación y que considero un poco fuera de sitio en la relación de compositores seleccionada esta noche. Aunque Chelicia no es un grupo con instrumentos ni criterios historicistas, se desenvolvió notablemente en esta pieza, apreciándose un cierto nerviosismo inicial que no afectó a lo que es una de las bases fundamentales de esta obra: el proceso de fuga a través de las cuatro voces de los diversos temas que se van exponiendo y desarrollando, y cuya variación y acumulación deparó algún ligero problema de presencia en los tutti para el violonchelo en registro más grave, el de Thomas Piel, algo ‘tapado’ por sus compañeros, quizás por una dinámica un tanto baja, o por un ataque de arco poco acentuado. En todo caso, la interpretación resultó compacta en su estilo, que no creo el más adecuado para Telemann, donde enfatizaría un poco más la inflexión del arco en los acentos y la sonoridad más ‘de época’; aspectos todos éstos condicionados por el propio arreglo de Thomas-Mifune.

El Cuarteto para cuatro violonchelos, de Jacques Offenbach (1819-1880) sí fue ejecutado de forma excelente por el grupo gallego; destacando un ‘Scherzo’ de una vivacidad y una precisión técnica idóneas, además de un colorido y un sentido musical notabilísimos; resultado de un sólido trabajo sobre las obras que quedó patente en todo el concierto y que puso la base para la excelencia de las versiones servidas esta noche por Chelicia. En el Cuarteto de Offenbach debo destacar la labor de Carlos García como primer chelo y ‘director’ del conjunto, aunando precisión en los matices, una pulsación y balance con el arco muy notables, así como una coordinación con sus compañeros realmente fluida y cuidada en la presencia de las voces y en la movilidad de los temas a través del fraseo de los diversos instrumentos.

En la interpretación de las Tres piezas para cuatro violonchelos, del chelista y compositor londinense Christopher Bunting (1924-2005), resaltaría los elementos expresivos enfatizados por Chelicia; destacadamente en la ‘Oda’, de evocadoras resonancias emocionales, en la que los lenguajes tonales sirvieron de base para un gran fresco de la memoria, trazado a base de amplias notas, ligadas de forma que los temas que ejecutaron los cuatro violonchelos parecían conformar una gran masa cromática cercana a la imagen de un fresco de Turner, por poner un ejemplo del ámbito cultural del propio Bunting, con el que comparte cierto deje romántico y melancólico que Chelicia destacó de forma muy sutil.

Tras un breve descanso, la segunda parte del concierto se abrió con los Dos movimientos para cuarteto de violonchelos, del compositor polaco Alexander Tansman (1897-1986). Es la suya una música muy aferrada a la tonalidad y al academicismo canónico, de corte neoclásico y abundante inspiración en la música popular o en la de autores consagrados como Chopin. Con estas premisas, no era de esperar una música avanzada para su tiempo, pero sí respetuosa con el violonchelo y con esta formación en concreto, en la que Tansman sí estructura la tonalidad y las voces de los cuatro instrumentistas de forma que no se produzcan los problemas que antes citábamos en el arreglo de Telemann. De esta forma, Chelicia pudo desplegar un fraseo y una presencia mucho más corpórea en cada una de las voces, ejecutadas con una claridad cristalina que ayudó mucho a la comprensión de la obra a nivel técnico y emocional.

El chelista y compositor bohemio David Popper (1843-1913) ofrece en sus composiciones un destacado papel al violonchelo, en el cual enfatiza las posibilidades técnicas de este instrumento, tan bien interpretado como conocido por el propio Popper. En este caso, lo que Chelicia nos proponía era un arreglo para cuatro violonchelos de la Polonesa de concierto op. 14, a cargo de Sebastian van Eck. Se trata de un interesante arreglo en el que Ailsa Lewin se hizo cargo de la primera voz del cuarteto, resultando soberbia su ejecución de los complejos pasajes a su instrumento adjudicados, como esos glissandi ascendentes en los que Lewin demostró una fina precisión en la pulsación del desplazamiento por el espectro tonal del mástil con la mano izquierda, mientras que con el arco mantenía un vibrante fraseo firmemente acentuado, secundado a la perfección por García Amigo, Martínez y Piel, que no dudaron en felicitar desde sus atriles a Lewin tras la finalización de esta ágil y bella composición.

Chelicia nos proponía, como cierre de concierto y casi fin de fiesta, tres tangos argentinos de los compositores Francini y Mores. He de reconocer que al leer las notas al programa me sorprendió un tanto la presencia de estas obras, respecto de las cuales albergaba ciertas dudas en cuanto a su escritura para cuarteto de violonchelos. Ciertamente, todas estas reticencias previas cayeron por tierra en cuanto los cuatro chelistas de la RFG comenzaron su interpretación, su canto lleno musicalidad y espíritu porteño. Observando las partituras de estas piezas, uno ve lo fácil que es caer en cierto mecanicismo en cuanto a su ejecución, en cierta frialdad ‘robótica’ al carecer del elemento modulador de la voz o de los instrumentos propios de estas piezas, como el bandoneón. Ésta carencia fue suplida, en cierto modo, por Carlos García Amigo, que entonó un discurso lleno de sentimentalismo y de la cierta ‘saudade’, ‘morriña’, nostalgia... que recorre estas obras, a la vez llenas de decisión y de vitalidad; no exenta de una fuerte sensualidad que también Chelicia destacó en su sugestivo fraseo. Con un tempo vivísimo, su interpretación resultó ciertamente convincente a la par que interesante, además de llamativa por la perfección con la que unos instrumentistas ‘clásicos’ se acercan a la técnica de estas obras y a su lado más cantabile.

Ante la cerrada ovación del público que llenaba la iglesia de la Compañía -en mayor número que lo que las propias sillas posibilitaban; y mostrando un agradable contrapunto al desamparado aspecto que había observado días antes en la Sala Suggia de Porto, en el concierto del Ensemble Modern (con menor asistencia que éste)-; Chelicia nos regaló un bis proveniente del Souvenir de Curis, de Paque, en la que Thomas Piel llevó la voz principal. Es el suyo un estilo netamente germánico: denso, técnico y muy profundo, con una solidez y un noble cuerpo sonoro que suponen un perfecto complemento a Carlos García Amigo, en cuya voz prima un carácter más latino, más espontáneo, vibrante y encendido, casi pasional, sin por ello rebajar la altura técnica de su interpretación.

Creo que estos intérpretes apuntalan la que es una formación de la que podemos esperar interesantes sorpresas en el futuro, además del desarrollo de un repertorio para un conjunto de instrumentos poco frecuente. Las características del grupo, creo, lo hacen idóneo para abordar un repertorio si me apuran más contemporáneo, actual y comprometido; en el que sería de agradecer que su presencia supusiera un estímulo para que los compositores gallegos escriban nuevas piezas para esta plantilla o para las diversas combinaciones a las que Chelicia puede dar lugar.

De hecho, a los pocos días, Chelicia ofreció en Ortigueira (A Coruña) un concierto en el que además de parte de estas obras se incluyó una pieza para cuatro violonchelos del compositor coruñés Paulino Pereiro (1957); obra que hubiese sido de agradecer escuchar en este ciclo que, como antes apuntábamos, carece de compositores locales en su programación.

Este hecho y la posibilidad de que de estas experiencias vaya surgiendo una programación estable de música de cámara -en la que se pueda llegar a conformar un ensemble de música actual, hace años inexistente en nuestra ciudad-, son algunos de los retos no sólo para Chelicia, sino para los demás miembros de la Real Filharmonía de Galicia en esta nueva etapa, creo que para todos ilusionante. De no existir cierto compromiso que rompa con las anodinas rutinas en las que languidece la RFG, quizás haya que cuestionarse hasta qué punto merecen la pena estas iniciativas.

Nota

Relación compositores y obras programadas por autor (atendiendo a algunos de los cambios ya anunciados sobre la programación originalmente propuesta): Mozart (4), Shostacovich (2), Mores (2), Bach (1), Boccherini (1), Britten (1), Bunting (1), Dohnanyi (1), Dvorak (1), Francini (1), Gliere (1), Haydn (1), Lee Richmond (1), Mortari (1), Offenbach (1), Popper (1), Schnittke (1), Schubert (1), Stravinsky (1), Tansman (1), Telemann (1), Toldrá (1), Webern (1).

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