España - Madrid

George Crumb, eterna voz de niño

Rúbén Gutiérrez del Castillo

lunes, 11 de febrero de 2002
Madrid, jueves, 7 de febrero de 2002. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. Ciclo Música de Hoy: la Escena Imaginaria. George Crumb: Night of the Four Moons; Ancient Voices of Children; Songs, Drones and Refrains of Death. Proyecto Guerrero. Linda Mirabal: soprano; Carlos Lozano: barítono; Ángela Guerrero: voz infantil. Director: José de Eusebio. Asistencia: 85% del aforo
Balada de la placeta"...y yo me iré muy lejos / más allá de esas sierras, / más allá de los mares, / cerca de las estrellas, / para pedirle a Cristo / Señor que me devuelva / mi antigua alma de niño" (Federico García Lorca)Jornada importante en este extraño Madrid de 2002 que, tras el doble triunfo de Debussy, el triple éxito del aniversario de Wolfgang Rihm y la visita del mítico George Crumb, comienza a parecer una capital normalizada en lo que a programación musical se refiere. Confiemos en que estas fechas para el recuerdo no se queden en meras anécdotas y realmente anticipen unos nuevos tiempos, que buena falta nos hacen.El incansable Xavier Güell, cuya labor al frente de los ciclos Música de Nuestro Tiempo y Música de Hoy creo fundamental para la renovación del público en Madrid, estaba radiante al final del concierto ofrecido por el Proyecto Guerrero (antiguo Proyecto Gerhard), evento que ponía un cierre impecable a la presencia de George Crumb en Madrid, después de impartir dos clases magistrales en la sede madrileña de la SGAE (aún quedaría un epílogo: la deseada conferencia de Crumb en la Residencia de Estudiantes, a la mañana siguiente del concierto).La euforia del director artístico del ciclo estaba sobradamente justificada. No sólo había una cantidad de público nada desdeñable (aproximadamente el 85% del aforo de la Sala de Cámara) sino que éste reaccionó ante las obras de un compositor, a priori desconocido, con el entusiasmo del que se encuentra con un viejo amigo que vuelve de un largo viaje. Y la interpretación a cargo de José de Eusebio al frente del Proyecto Guerrero fue, simplemente, extraordinaria.Las obras elegidas para el concierto monográfico correspondían en su totalidad al ciclo de obras vocales basadas en la poesía de Federico García Lorca compuesto entre 1963 y 1970 para voz y diferentes conjuntos instrumentales. Night of the Four Moons (1969), para mezzosoprano, flauta contralto, banjo, violonchelo eléctrico y percusión es una obra de una belleza recogida, que anuncia sucesos lejanos (el compositor, en las notas del programa de mano, nos informa de que fue compuesta durante el vuelo del Apolo 11) y donde quedan de manifiesto muchas de las características del lenguaje compositivo de Crumb, como la superposición de ritmos salvajes, primitivos en la percusión con texturas de una sofisticación extrema; el recurso a timbres poco habituales -instrumentos de juguete, percusiones orientales, zumbidos eléctricos, gritos y susurros- cargados de una significación que transciende lo estrictamente musical o la importancia del elemento teatral, que hace a la interpretación en directo el único modo de escuchar en su plenitud las obras, convirtiendo a las grabaciones en tan sólo un souvenir.Songs, Drones and Refrains of Death (1968), para barítono, piano, guitarra eléctrica, contrabajo eléctrico y percusión presenta la reflexión musical sobre la imagen casi mística que Lorca tenía sobre la muerte. Para ello, el compositor se vale, de nuevo, de unos marcados motivos rítmicos que anticipan el suceso de la muerte y de los "zumbidos de muerte" producidos por los instrumentos eléctricos. La línea vocal, muy expresiva, desarrollada de modo ejemplar por el joven barítono Carlos Lozano, viaja desde un estilo pretendidamente histriónico a otro lírico que, en el último movimiento de la pieza, alcanza momentos de delicadeza extrema. Los instrumentos, agrupados en dos células (el grupo de percusión por un lado y el piano, la guitarra eléctrica y el contrabajo amplificado por otro) mantenían en todo momento un diálogo intenso con el barítono, intensidad ya escrita en la partitura pero muy sentida por los intérpretes. Tal vez ese elevado nivel de intensidad fuera el culpable de que uno de los dos altavoces, situado en el extremo izquierdo del escenario, cobrara vida y cayera sobre una, afortunadamente vacía, fila 1. Pese al sobresalto, los músicos y el público continuaron como si nada hubiera sucedido, llevando la obra a su magnífica conclusión (sirva esta mención al accidente para reclamar un Auditorio Nacional en el que se puedan interpretar obras de naturaleza electroacústica sin poner en peligro la integridad de los contribuyentes).El delirio llegó con la interpretación de Ancient Voices of Children (1970), para mezzo-soprano, voz infantil, oboe, mandolina, arpa, piano amplificado y piano de juguete y percusión. La cantante cubana Linda Mirabal hizo una interpretación de la obra que no tenía nada que envidiar a la versión de referencia, interpretada por la dedicataria de la obra Jan De Gaetani. En esta obra, Crumb re-crea el universo infantil creado por Lorca. Se trata de un universo onírico, irreal, lleno de sorpresas agradables paro también de peligros y de amenazas. En esta obra, los gritos y susurros, el recurso al piano de juguete y la voz infantil, ausente de la escena, juegan el papel de elementos primitivos, de inicio de la existencia. El final de la obra, con la niña presente en la escena, cubierta con el manto de la cantante adulta, dirigiendo sus voces hacia las cuerdas del piano amplificado resultó uno de los momentos más intensos que el que firma ha presenciado, al menos, en lo que va de año. Por si la emoción era poca, la niñita cantante no era una niña más. Se trataba de Ángela Guerrero, niña de Francisco Guerrero, gran músico prematuramente fallecido al honor del cual el conjunto instrumental lleva su nombre. Francisco Guerrero murió, pero allí teníamos todos a su hija, estudiante de canto, buscando con anhelo el alma antigua de la infancia. ¡Qué cosa ésta, la de los niños, tan maravillosa!.

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