Austria

Grandes resultados musicales

Gerardo Leyser
viernes, 9 de noviembre de 2007
Viena, miércoles, 17 de octubre de 2007. Theater an der Wien. El jugador, ópera en cuatro actos y seis cuadros (1917/1929) de Sergei Procofiev. Libreto de Sergei Procofiev basado en la novela homónima de Fiódor M. Dostoievsqui (estreno de la segunda versión: 29 de abril de 1929 en el Théâtre Royal de la Monnaie Bruxelles, la primera versión nunca se montó). Temur Shtscheidse, director de escena. Tsinovy Margolin, decorados. Tatiana Noginova, vestuario. Vladimir Galusin (Alexei), Sergei Alexashkin (General), Natalia Timchenko (Polina), Lyubow Sokolova (Babulenka), Nikolai Gassiyev (Marqués), Olga Savova (Blanche), Alexander Gergalov (Mr. Astley), Andrey Popov (Conde Niski), Fiodor Kusnyetsov (Barón Würmerhelm), Andrey Spechov (Potapytsch). Coro (dirección: Andrei Petrenko) y orquesta del Teatro Mariinsky. Valery Gergiev, director musical. Producción del Teatro Mariinksy de San Petersburgo
0,0004689 Como compositor, Procofiev es conocido ante todo por su música para piano solo, de cámara y sinfónica. No obstante, compuso nada menos que trece óperas, cinco de las cuales jamás se estrenaron. Todas éstas, salvo Mares lejanos, son anteriores a Maddalena, su primera ópera estrenada, compuesta en 1911, revisada en 1913, y a El jugador. De las ocho restantes, muy pocas se representan con frecuencia fuera de Rusia. El ángel de fuego y El amor de las tres naranjas son las dos más conocidas.

Es muy probable que la casi totalidad del público que asistió a las cuatro funciones ofrecidas por la compañía del Teatro Mariinsky de Leningrado en el Theater an der Wien jamás haya escuchado, y menos aún visto con anterioridad un montaje de El jugador. Se trata de una ópera cuyo libreto, escrito por el propio Procofiev, se basa en la novela del mismo nombre de Fiódor Dostoievsqui.



Procofiev compuso El jugador entre 1915 y 1916, pero jamás logró que montaran esta obra debido a que los cantantes consideraron que las partes eran demasiado difíciles. En 1927 Procofiev decidió retomar esta ópera. “Los diez años que transcurrieron desde que compuse esta obra”, escribió Procofiev “me permitieron reconocer claramente lo que había allí de música y lo que era puro relleno de acordes. Eliminé estas partes y las cambié por nuevas (...). Además cuidé de que las partes vocales fueran más ‘cantables’ y despejé la instrumentación” (Autobiografía. Traducción libre). Esta segunda versión de El jugador, compuesta entre 1927 y 1928, se estrenó en Bruselas, el 29 de abril de 1929, en el Théâtre Royal de la Monnaie. La ópera se cantó en francés bajo el título de Le joueur.



Procofiev compuso El jugador en lo que el mismo designó como “un estilo declamatorio”. Se trata de una forma de composición que no presenta arias, ni dúos, ni conjuntos (salvo en la gran escena de la ruleta en que catorce coristas cantan y actúan en otras tantas partes solistas: croupiers, jugadores, etc...) sino en la que el texto se canta sin repeticiones, como si se tratara de una obra de teatro. Ello trae como consecuencia que resulte muy difícil comprender el texto, sobre todo si los solistas cantan en un idioma no conocido para el público (en este caso, el ruso). Esta situación permite comprender la falta de éxito de esta ópera fuera del ámbito del idioma ruso. En la actualidad, puesto que la mayoría de los teatros de ópera cuentan con sistemas de subtitulado o sobretitulado, o similares, los espectadores pueden leer el texto -en su traducción- y disfrutar de una acción teatral que entienden. Además, musicalmente hablando, en este “estilo declamatorio”, Procofiev evita cualquier alusión a la música popular rusa: no hay cantilenas ni melodías “asequibles”. Se trata de un enfoque musical sumamente austero.



La historia que relata esta ópera transcurre en la localidad alemana imaginaria de “Roulettenburg” (algo así como ‘Villa Ruleta’ en español) y presenta un estudio tan entretenido como intenso de una sociedad superficial y decadente en la que ‘Alexei’, tutor al servicio de un ‘General’, se encuentra perdidamente enamorado de ‘Polina’, su hijastra. En este exquisito psicodrama, Procofiev va perfilando las debilidades humanas de este mundo de jugadores, junto a todos sus conflictos sociales y humanos. Así, por ejemplo, el ‘General’ (Sergei Alexaschkin), espera heredar una fortuna de la abuela (‘Babulenka’, muy bien cantada y actuada por Liubov Sokolova), que llega inesperadamente, desde Rusia, al hotel de Roulettenburg para despilfarrar grandes sumas de dinero en la ruleta, con lo cual hace peligrar gravemente dicha herencia.



El personaje central es ‘Alexei’, maravillosamente interpretado y cantado por Vladimir Galusin, quien sobre el final de la ópera, luego de muchas vicisitudes, apuesta veinte veces de corrido a ‘colorado’ y gana una fortuna. Cuando intenta regalarle este dinero a ‘Polina’, ella interpreta este acto como si ‘Alexei’ solo la quisiera comprar y huye corriendo. ‘Alexei’, ebrio por el éxito en el juego, no se da realmente cuenta de lo que pasa en su derredor.

En el transcurso de las dos horas y media que dura la ópera, Galusin hace gala de una portentosa capacidad vocal y actoral. Se trata decididamente de un gran tenor spinto, por no decir dramático, que convence en todo momento al público gracias a la intensidad de su actuación. Es grandioso en su última escena cuando parece perder definitivamente sus vínculos con la realidad.



En general, el nivel de todos los solistas fue muy bueno, destacándose entre ellos, además de Galusin (que fue el “héroe” de la velada), la ‘Polina’ de Natalia Timchenko, la ya nombrada ‘Babulenka’ y el ‘Marqués’ cantado por Nikolas Gassyev.

Tanto la dirección escénica de Temur Shtscheidse como los sobrios decorados de Tsinovy Margolin, dejaron una impresión un poco anticuada. Así se trabajaba en los años setenta (del siglo pasado). No obstante, tuvieron la virtud de no interferir con la intensidad de la obra que tuvo su mejor paladín en la dirección musical de Valery Gergiev. Concentrado, emocional, vibrante como siempre acostumbra, dirigió al conjunto de solistas y la orquesta de su teatro (Mariinsky) con total soberanía. Obviamente con el paso de los años se crea entre los músicos una relación que redunda en grandes resultados musicales.

Nota:
el programa impreso presenta los apellidos de artistas transliterados del ruso al alemán. El autor de la presente nota castellanizó dichas transliteraciones sin garantía de corrección.
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