España - Madrid

Ilusiones

Jaime Conde-Salazar

martes, 22 de mayo de 2001
Madrid, viernes, 18 de mayo de 2001. Teatro Real. Petite Mort (Kylian / Mozart). Enemy in the Figure ( Forsythe / Willems). Txalaparta (Duato / Junquera). Compañía Nacional de Danza. Del 18 al 22 de mayo.
Como ya se habrán enterado ustedes en Mundoclasico.com, en los periódicos y en la televisión de lo que pasa, no ahondaré yo aquí en vano en la herida abierta ya hace tiempo. Voy directo al grano.Si fuéramos capaces de abandonar esa obsesión occidental por los lenguajes artísticos y por la evolución de las formas, nos daríamos cuenta de que el problema, la clave de la danza teatral, sigue estando en el edificio. Después de más de un siglo y medio, aquella fascinante estructura construida para que sucediera el ballet, esa ilusión de acceso visual al lugar de los otros inventados, de los cuerpos fantásticos, sigue intacta. Por mucho que durante ese tiempo se hayan sucedido los intentos de modernizar los lenguajes, pocas veces éstos han logrado cuestionar la estructura espacial de la representación. Así, como les decía, el gran edificio de la ilusión sigue en pie. El problema es que, con la dura competencia visual del cine y la televisión, la gran máquina exige, para volver a funcionar, mucho, mucho ingenio. Y esto no siempre está al alcance de todos.Primera ilusión. Petit Mort es una obra que ya pudimos ver en la primavera de 1996 en Madrid. Se trata de una pequeña y deliciosa obra en la que Kylian habla de sexo. Y para ello, hace (como pocos saben hacerlo) que los bailarines presten su carne a dos de los más conocidos conciertos para piano de Mozart. Sus cuerpos se entregan a la música y, simplemente, la encarnan, hacen de ella una ilusión corporal. Pero no es sólo eso: lejos de limitarse a crear una réplica visual del suceder continuo de la música, Kylian siembra las frases coreográficas de “parones”, de momentos de contención en los que los cuerpos de los bailarines parecen atrapar el sonido provocando una sutil sensación de compulsión. Algo que se detiene para fluir. Nada podría hablar mejor del sexo. Ilusión del sexo.Segunda ilusión. Con el estreno de Forsythe llegó lo más arriesgado de la tarde. Enemy in the Figure es una obra incómoda y molesta. Y esto es algo que, en estos tiempos tibios y conservadores, se agradece por encima de todo. Forsythe molesta a los ojos, hace difícil que el espectador mire y que, por tanto, haga su papel tradicional de sujeto universal y hegemónico. Para ello, la escena se fragmenta en múltiples sucesos que revientan nuestro poder sostenido en la visión total: un panel ondulante y opaco situado en diagonal que oculta más de la mitad del escenario; bailarines que se entregan a frenéticos y precisos movimientos inconexos entre sí; una única y arbitraria luz que más que mostrar, hunde en la oscuridad la mayoría de la escena; luces de fluorescente que ofenden los ojos... Al otro lado, aparece un nuevo lugar extraño, espacio de un caos construido al milímetro: desintegrada la visión no queda otra que negociar con el cuerpo propio. Ilusión de lo siniestroTercera ilusión. Tercera colaboración de Duato con el arquitecto Jaffar Chalabi quien ha construido lo mejor de Txalaparta, la última obra del coreógrafo valenciano. Se trata de dos horizontes móviles hechos de piezas planas y articuladas que, suspendidos en el fondo de la escena, producen paisajes en constante variación, y que recuerdan felizmente las líneas livianas de las pesadas esculturas de Pablo Palazuelo. Bajo estos horizontes, una rampa da la entrada a los bailarines que encarnan la música que Kepa Junkera ha compuesto para el instrumento que da título a la obra. Parece que Duato vuelve a nutrirse de nuestro rico patrimonio folklórico, a propósito del cual recupera ciertas formas y soluciones coreográficas elegantes y contenidas, olvidadas en sus trabajos más recientes. Esto es, sin duda, una buena noticia: si no hay suficientes cosas nuevas que decir, mejor bajar la voz y mantenerse en el terreno de lo correcto. Sobre todo si la escena está ya llena por el delicioso artefacto de Chalabi. Ilusión del lugar.Sin embargo, será mejor no bajar la guardia pues parece que el lobo sigue suelto. Veremos si logra morder.

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