España - Cataluña

Radu Lupu

María Rosa Capell

jueves, 24 de mayo de 2001
Barcelona, viernes, 18 de mayo de 2001. L’Auditori de Barcelona. Radu Lupu, piano; Cristian Mandeal, director. Orquesta Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Wolfgang Amadé Mozart (1756-1791): Sinfonía núm. 26 KV 184; Ludwig van Beethoven (1770-1827): Concierto para piano y orquesta núm. 3 op. 37; Hector Berlioz (1803-1869): Sinfonía Fantástica op. 14. Radu Lupu, piano; Cristian Mandeal, director. Concierto nº 28 de la temporada sinfónica 2000-2001.
El programa estuvo dispuesto en su primera parte alrededor del Concierto para piano de Beethoven. Como complemento inició con una de las sinfonías poco programadas de Mozart, a mero plato de aperitivo o entrante, que es para lo que en realidad se compuso esta obra de estructura muy teatral. Según especulaciones fue obertura de la ópera Thamos, rey de Egipto.Lo que más llamaba la atención era la actuación de Radu Lupu, uno de los pianistas mas asentados y templados del panorama internacional y de los que menos se prodigan.El Concierto número 3 de Beethoven que presentó Lupu, fue riguroso, alzando así el listón que la dirección impuso desde el principio. Mandeal ofreció una disposición poco depurada, con cuerdas poco apuradas y un sonido manso, poco beethoveniano. Pero como digo, Lupu nos introdujo en una nueva dimensión, en la que pudimos encontrar decisión, buen fraseo, y un dominio fino de ambas manos que hacía totalmente comprensible en todo momento la distinción de las líneas sonoras, dando un canto compacto y ajustado. Su Beethoven fue regulado y ortodoxo, dando poco margen al abandono. El control, en todo momento, de las dinámicas puso un punto realista y sensato a la obra, no dando sustento a los fuegos de artificio que tan acostumbrados estamos en algunos de sus compañeros. Quizá siendo éste un aspecto de agradecer en el primer y tercer tiempo, en el segundo tiempo si echamos en falta algo más de evocación y vehemencia en el que dejarse llevar. Pero pese a ello nunca faltó ni un ápice de sensibilidad en su discurso. Su dominio del instrumento era tan fino como poco comprendido por el director que en muchos momentos, y haciendo gala de poca sensibilidad, avasallaba al solista con la orquesta.Cristian Mandeal, director de gran ímpetu corporal, nos obsequió con toda clase de contorneos en el podio. Tan vistosos fueron en el primer tiempo de la Sinfonía Fantástica, que mas parecía que asistíamos a una representación de solo de baile con acompañamiento de orquesta, que a una audición sinfónica, siendo olvidada la composición en favor del solista (director).Dejando a un lado la actuación física, en lo que a estilo se refiere, se pudo oír un Berlioz que iba del sonido apagado al ampuloso con criterios poco comprensibles, especialmente en los momentos en que toda la percusión y metales estaban en activo con tal dimensión, que avasallaba en exceso el discurso total de la obra. Así mismo hubo fallos de sincronización en los diálogos de las distintas familias, y unas dinámicas poco apuntadas. Lo mejor lo consiguió en el segundo y el cuarto tiempo, donde sacó un sonido más amplio y redondeado dando una alocución mas comprensible. Terminando con un quinto tiempo poco equilibrado en el que la familia de los metales sometió al resto de la orquesta.

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