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España - Madrid

Pautas diferentes

Juan Krakenberger

miércoles, 5 de diciembre de 2007
Madrid, miércoles, 21 de noviembre de 2007. Auditorio 400 del MNCARS. Antón García Abril, ‘Cuarteto para el nuevo Milenio’, y Quinteto ‘Alba de los caminos’. Ensemble Instrumental de Granada: Mack Paquin y Nynke Hijkeme, violines, Germán Clavijo, viola, y Orfilia Saiz Vega, violoncello. Paula Coronas, piano. Asistencia: 90% del aforo
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Continúa el ciclo organizado por el CDMC (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea), esta vez con dos obras recientes del veterano compositor español Antón García Abril. Para empezar, habría que aclarar que el término “música contemporánea” ha adquirido una definición que la sitúa entre lo abstracto, lo atonal, lo experimental y lo inusual. Pues, en el presente caso, la palabra “contemporánea” significa lo literal, al tratarse de música de un compositor de 74 años -presente en el concierto- pero cuya manera de componer sigue pautas diferentes a las definiciones arriba citadas.

En efecto, a mí manera de ver las cosas, García Abril sigue los pasos de la noble tradición de los grandes compositores españoles del siglo pasado, como lo son Enrique Granados o Joaquín Turina, haciendo honor a este abolengo, porque es todo un artesano de su arte. Su lenguaje es tonal, pero su manejo de las armonías, de los ritmos, de la melodía acompañada, de juegos de imitación, y de sonoridades ya sean luminosas o introspectivas, demuestra una enorme capacidad y gran riqueza inventiva.

Como tantos otros de sus colegas del pasado, García Abril se dedica a la música de cámara para cuarteto de cuerdas recién en su madurez, y este Cuarteto para el Nuevo Milenio, empezado a fines del siglo XX y terminado más recientemente, es una muestra de su capacidad inventiva y de su dominio en el manejo de los instrumentos de cuerda. Los tres movimientos de la obra se tocan sin solución de continuidad. Dura algo menos de 25 minutos, y se escucha con agrado.

No cabe duda que se trata de música española: hay giros típicos que lo revelan muy claramente. El Lento (‘Con largura’) inicial en un pausado ritmo de ¾ es nostálgico, esperanzador, con respiraciones hondas y sin apremios. Las armonías tienen algo de tinte impresionista -mucho uso de séptimas y novenas, con alteraciones que crean un ambiente nebuloso- y el juego de las voces interiores, cuando acompañan una voz cantante, es enormemente rico en matices y ritmos. El paso al segundo movimiento ‘Libero-espiritual’ es casi imperceptible. Hay un paisaje especialmente logrado durante el cual las cuerdas altas con sordina acompañan a un canto del violoncello. El tercer movimiento, ‘Allegro’ permite llevar la obra a un brillante final, luego de una breve coda de corte virtuosístico.

La ejecución fue excelente: afinación perfecta, sonoridad conjunta muy lograda, bonito sonido individual de los instrumentos en sus respectivos solos. Tal vez una mayor diferenciación de planos dinámicos habría podido enriquecer aún más el discurso -algo que solamente un cuarteto estable descubre, luego de años de trabajo-: hay que exagerar estos contrastes para que el oyente se pueda dar cuenta. Como en muchos casos de cuartetos jóvenes, los dos violines se turnaron: en esta obra la primarius fue Nynke Hijkeme.

Después de un intermedio, para acercar el piano al cuarteto y recolocar la cámara de TV sobre el escenario -todo el programa fue registrado en vídeo- escuchamos la segunda obra del programa, un quinteto con piano intitulado Alba de los caminos. El propio autor describe sus intenciones en el programa de mano. Esta obra fue un encargo del Festival Internacional de Música de Villanueva del Rosario (Málaga) y está dedicada a la pianista Paula Coronas, que se juntó al cuarteto de cuerdas, esta vez encabezado por Mack Paquin.

Se trata de cinco movimientos, que también en este caso se tocan sin pausas, y cuya duración total está en torno a los 25 minutos. La pianista se sabía su parte prácticamente de memoria: tocó sin abrir el atril del piano, pero tuvo una partitura a la vista, que seguía cuando solamente actuaba el cuarteto. El tratamiento del piano es, en algunos pasajes, de solista, con acompañamiento. En otros, el piano subraya con arabescos la labor de las cuerdas. Se produce así un diálogo muy ameno que se escucha con placer. La pianista fue muy eficaz y sus intervenciones tuvieron brillantez y aplomo. En esta obra, García Abril recurre varias veces a un ritmo obstinado, de origen latinoamericano -que se repite luego y le confiere mucha marcha a la obra- y que la conduce finalmente hacia la coda final, nuevamente brillante, para lucimiento de los intérpretes.

Los cinco músicos que actuaron hicieron gala de pleno dominio de sus respectivos instrumentos. La calidad sonora de las cuerdas, encomiable: tanto los violines, como la viola y el violoncello sonaron con gran calidad individual, en sus solos, y supieron aunarse para producir sonoridades mágicas, ensoñadas y nostálgicas, cuando hacía falta, pero también tuvieron el coraje de marcar con energía los ritmos vivos o los acompañamientos, ricos en matices.

Muchos aplausos premiaron la labor de los intérpretes, que a su vez aplaudieron al compositor que subió al escenario para agradecer a éstos, y al auditorio la cálida recepción de su música.

El programa de mano trae, como siempre, comentarios sobre las obras, del propio compositor y de la pianista Paula Coronas, como también, las biografías del compositor y de la pianista, y una reseña sobre el EIG (Ensemble Instrumental de Granada). Me hubiera interesado leer algo más sobre el cuarteto y sus integrantes, su formación y origen.

Un concierto nuevamente de alta calidad, y con música a gusto de todo el mundo. Un merecido homenaje a un veterano compositor, que nuevamente pudo demostrar su maestría.

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