México

Estreno mundial del Concierto para contrabajo de Konowalski

Antonio Gómez Sotolongo
martes, 18 de diciembre de 2007
Coatepec, Veracruz, viernes, 14 de diciembre de 2007. Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Edgard Grieg, obertura En otoño, Op. 11; Benedykt Konowalski, Concierto para contrabajo y orquesta de cuerdas; Félix Mendelssohn, Suite de El sueño de una noche de verano, Op. 21 y 61. Orquesta Sinfónica de Xalapa. Lanfranco Marcelletti Jr, director huésped; Andrzej Kalarus, contrabajo. Aforo, 100%.
0,0001245 El Maestro brasileño Marcelletti obtuvo buenas respuestas del conjunto, tanto en la obra de Grieg como en la de Mendelsshon que se interpretó al final del programa. El conjunto hizo gala de su buen ensamble, y propició esa complicidad necesaria con la batuta para sacar a flote toda la energía de estas dos obras, tan apropiadas para estos días. Pero sin dudas, por varias razones, lo más relevante de la velada fue el Concierto para contrabajo.

Asistir imprevistamente al estreno mundial o absoluto de una obra musical siempre implica riesgos, prejuicios y una gran suerte. Riesgos, porque nos enfrentamos a una creación de la cual no archivamos nada en la memoria, ni una ligera mirada a la partitura, o recuerdos que nos permitan llegar a interiorizarla y comprenderla; prejuicios, porque tratamos de acomodarla a nuestra información acumulada en otros autores y obras del mismo estilo; y una gran suerte, porque no todos los días los directores y solistas se aventuran a estrenar obras, y en el caso que nos ocupa la dicha se multiplica porque los estrenos de conciertos para contrabajo y orquesta son verdaderas rarezas. Sin embargo, creo atinado en esta oportunidad contribuir a perpetuar en la memoria escrita el estreno mundial del Concierto para contrabajo y cuerdas de Konowalski.

Con todo esto en cuenta debo decir, con mucho énfasis, que los juicios que emita sobre la obra estarán por supuesto bajo escrutinio, es decir que si digo que la partitura necesita una mayor definición y contraste entre sus líneas de tensión y distensión, o si me aventuro a clasificarla como post-moderna con líneas melódicas quebradas y limitados diálogos entre solista y orquesta puede que me equivoque y dentro de un par de años todo esto quede en la obsolescencia total; sin embargo, esta es la primera impresión y es honesto escribirlo.

De lo que sí no cabe la menor duda es que el Maestro Kalarus es un excelente contrabajista, capaz de enhebrar los difíciles pasajes de la parte solista y brindarnos un tapiz homogéneo, con magnífica factura. Las cadencias, que son extensas en cada uno de los tres movimientos, contienen dobles cuerdas, armónicos (naturales y artificiales) y cromatismos de gran dificultad que él resuelve con excelente afinación, sonido y buen gusto, extrayéndole a la partitura la máxima emoción posible, en un contrabajo tirolés del siglo XVIII o principios del XIX, de timbre aterciopelado capaz de mantener el predominio sonoro en el conjunto.

Según nos dice el programa de manos el Maestro Kalarus es de origen polaco y arribó en 1975 a México, invitado por la Universidad Veracruzana y se integró como contrabajista principal de la OSX, cargo que ocupa en la actualidad. La misma fuente cita que el compositor, director y pedagogo Benedykt Konowalski (Random, Polonia 1928), trabaja desde 1966 en la Escuela Estatal Superior de Varsovia y posee un amplio catálogo de obras que incluye un gran número de obras concertantes.

La amistad del Maestro Kalarus con el compositor Konowaslki lo colocó en el camino de este estreno, y según me comentó “la obra fue dedicada a otro colega” quien por razones no especificadas declinó en él la responsabilidad del estreno.

La interpretación del Maestro Kalarus, provocó tal ovación que lo obligaron a hacer bis el final del tercer movimiento; por cierto, uno de los fragmentos más pulidos de la obra, en la que de muy buena manera conversan el solista y la cuerda de los chelos y contrabajos que acompañan. También debió regalar una más y en esta oportunidad se escuchó la pieza Beaumont rag, de autor anónimo en arreglo para contrabajo solo de Erick Handsem y Stace Francom. Una pieza aun inédita en la que los aires del ragtime, próximos al jazz de Mingus, se apoderan del contrabajo clásico para crear un ambiente de gran disfrute y relajación.
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