Portugal

Joven madurez

Paco Yáñez
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Porto, sábado, 1 de diciembre de 2007. Casa da Música, Sala 2. Quatuor Diotima. Naaman Sluchin y Yun-Peng Zhao, violines; Franck Chevalier, viola; Pierre Morlet, violonchelo. Johann Sebastian Bach: Die Kunst der Fuge (Contrapunctus I, II, V y IX); James Dillon: String Quartet Nº4; Emmanuel Nunes: Esquisses, Chessed III. Ocupación 30%
0,0004417 Tercer capítulo de la interesantísima serie de conciertos que para este final de Noviembre y principios de Diciembre había programado la Casa da Música de Porto, y que incluyeron previamente citas con el Klangforum Wien y con el Remix Ensemble, ya reseñadas en Mundoclasico.com.

El conjunto que escuchamos hoy, el Quatuor Diotima, está formado por jóvenes graduados en los Conservatorios de París y Lyon, y tal como su nombre indica -en homenaje al cuarteto de cuerdas Fragmente-Stille, an Diotima, de Luigi Nono; y quizás, por extensión, al propio Hölderlin- encuentra su medio expresivo en los lenguajes de la contemporaneidad musical, para los cuales están especialmente dotados. Ello no exime el diálogo con obras de otros periodos históricos, de lo cual el concierto de hoy iba a ser una buena muestra, con la presencia de un Bach que siempre aporta ideas y puntos de enlace a las diversas estéticas históricas.

Por otra parte, este evento está enmarcado en la residencia que el Quatuor Diotima ha llevado a cabo en la Casa da Música a lo largo de este año 2007, con notabilísimos frutos. A su vez, la interpretación de los dos cuartetos de Emmanuel Nunes se inscribe en el especial seguimiento que esta temporada la institución portuense dedica a la figura del compositor luso más internacional del presente; relación que tendrá su punto álgido el próximo mes de Enero en Lisboa, cuando el Remix Ensemble participe en el estreno de la primera ópera de Nunes.

Este concierto matinal, programado para las doce horas, comenzó con el ‘Contrapunctus I’ perteneciente al ciclo Die Kunst der Fuge BWV 1080 (1742-50), de Johann Sebastian Bach (1685-1750), en versión para cuarteto de cuerda. Esta obra visionaria, de una apertura y capacidad de abstracción tal que ha servido como proceso de aprendizaje, campo de reflexión y motivo de desarrollo para compositores de los últimos doscientos años, nos mostró claramente las diversas voces y los diferentes estilos que cohabitan en un cuarteto tan compacto como éste, pero a la vez de personalidades tan marcadas y ricas en distintos enfoques y matices sonoros.

Su Bach es moderno, equilibrado, muy claro y técnico, así como riguroso en el análisis de los planos dinámicos, lo cual permite una audición muy nítida de todos los procesos internos que recorren los diversos contrapunctus, especialmente esas fugas en las cuales apreciamos, en mi opinión, dos voces con personalidades muy diferenciadas -por momentos incluso antagónicas- en el Quatuor Diotima, como son las de Yun-Peng Zhao al violín y Pierre Morlet al violonchelo. El violinista oriental posee un sonido muy directo, un ataque incisivo y aristado, de una contundencia idónea para la música contemporánea, con una digitación asombrosa y una medida con el arco no menos deslumbrante; tomando incluso la (creo) acertada medida de ejecutar Bach con un arco distinto al utilizado en Dillon o Nunes, lo cual repercute muy positivamente en el sonido de su violín.

No hubiese estado mal el interpretar estas piezas con instrumentos de época, si bien hay que reconocer que si hay una composición de Bach que resiste prácticamente cualquier instrumentación e instrumentario esa es, sin duda, Die Kunst der Fuge. Por la contra, Morlet, siendo también técnicamente un chelista enormemente dotado, hace hincapié en el estilo, en el lenguaje y su adecuación al barroco, a los criterios historicistas. Su arco despliega una dicción excelente en este repertorio, tanto en la inflexión como en la acentuación del recorrido; revelando la gran experiencia del chelista en el repertorio de la música antigua. Su lectura y arranque del ‘Contrapunctus II’ fue un buen ejemplo de todo esto, de su calidez en el matiz, de su fino oído para el pequeño detalle, para esa ornamentación barroca que en Bach es casi más un motivo de lógica musical que un simple gesto decorativo.



Cuarteto Diotima y Emmanuel Nunes
Fotografía ©2007 by Paco Yáñez


Los otros miembros del Quatuor Diotima son también músicos muy destacables, si bien quizás no tan personales en su forma de tocar como Zhao y Morlet. Naaman Sluchin -hijo del soberbio trombonista del Ensemble InterContemporain Benny Sluchin-, es un perfecto punto de encuentro para las diversas personalidades de violín y chelo, por cuanto su trabajo en el segundo atril empasta al conjunto y sirve de base de cohesión para las diversas voces del Diotima. Es el suyo un lenguaje no tan marcado, aristado y directo como el de Yun-Peng Zhao -típico intérprete asiático de deslumbrante poder mecánico-, pero su arco posee más poética, más atención al contenido y una capacidad de modulación más aglutinadora. Son características que también podemos aplicar, en cierto modo, a Franck Chevalier, uno de los más extraordinarios violas que haya escuchado nunca en una formación de cuarteto. También atento al empaste del grupo de forma constante, con un trabajo de miradas y casi dirección que de por sí solo ya es destacable, su técnica y musicalidad son ciertamente únicas, al punto de que creo es la figura en la que todas las virtudes del Quatuor Diotima se podrían condensar y resumir. Con una perfección total en lo técnico y una musicalidad totalmente flexible e idónea en cada pieza, Chevalier posee una nobleza en su ejecución y una altura poética que destacan como pocas veces se perciben en un viola en la música de cámara. Su Bach, como apunto al respecto de su estilo, es toda una síntesis y un apoyo estilístico para la fusión de Zhao y Morlet. Un músico a tener muy en cuenta, por lo tanto, este joven viola.

Junto al maestro Bach, esta mañana nos disponíamos a escuchar el Cuarteto de cuerdas Nº4 (2005) del escocés James Dillon (Glasgow, 1950); un compositor que ya ha estado presente en las páginas de Mundoclasico.com, destacadamente a través de una larga entrevista que con él y con Brian Ferneyhough mantuvimos el pasado 18 de Marzo en esta misma Casa da Música [ver entrevista]. Representante de esa teórica ‘Nueva complejidad’ de la que él mismo -como Ferneyhough- renegaba en dicha entrevista, el Cuarteto Nº4 es un producto típico de la obra de Dillon, con su eclecticismo discrepante, en los límites del collage, y cuya amalgama de técnicas, recursos y estilos por momentos queda algo escasa de sentido, de nexo, de profundidad sintética; sobre todo si comparamos esta obra con las densas y compactas propuestas de Nunes. Es cierto que su cuarteto revela una fuerte sensibilidad y poética, con guiños a lo melódico y pretensión de pluralidad en su recorrido; pero es que, precisamente, por momentos esa amplia paleta de emociones y lenguajes parecen no encontrar un referente que justifique su presencia, su coherencia; su sentido más allá de un muestrario de técnicas, por otra parte de sobra conocidas en nuestros días.

Ha sido el Quatuor Diotima el conjunto que estrenó esta composición de James Dillon, el 7 de Marzo de 2005, en Helsinki, por lo cual pocos grupos nos la podrían servir en mejores condiciones. Los músicos franceses dan perfecta cuenta de ese carácter discrepante de la música del escocés, destacadamente en su primer movimiento ‘Wonder is the imagination of anything’; mientras que en el segundo, ‘Desire is the very essence of man’, son capaces de dotar a la obra de una profunda sensualidad, afianzada en un uso del arco muy flexible y sinuoso; algo que daría paso en el movimiento final, ‘Love is pleasure accompanied by the idea of an external cause’, a un uso más incisivo, directo y aristado de sus instrumentos. Es el suyo un Dillon muy bien modulado, muy ágil y transparente en sus planos, en el intento de conjugar la audibilidad de todos los motivos yuxtapuestos -que no son pocos- y la adecuación a un contenido de explícita temática sensual-sexual, que ponen en un destacado primer plano.

Y, por último, los dos cuartetos de Emmanuel Nunes (Lisboa, 1941), también especialmente afines a un cuarteto, el Diotima, que según me contaba el propio Nunes protagonizará en 2009 el estreno de su tercer cuarteto; integrado en un ciclo de obras sobre textos de Dostoievsky, del cual será el cuarto capítulo este nuevo cuarteto actualmente en construcción. El hecho de esta proximidad entre compositor e intérpretes no es más que la manifestación explícita del gran respeto que se profesan mutuamente a nivel humano y musical.

La ejecución por parte del Diotima de Esquisses (1967; rev. 1980) me ha parecido no sólo impecable sino de una intensidad y entrega poco frecuentes; una verdadera lección interpretativa tanto desde el punto de vista del contenido como del continente. Es Esquisses una partitura con la que Nunes ha mantenido una relación muy especial, pues su material es fruto de un proceso de composición-abandono-reelaboración a lo largo de más de diez años. Sin embargo, y a pesar de las cinco partes encadenadas que Alain Bioteau distingue en su desarrollo -cada una con tipos de escritura y ejecución específicas-, este cuarteto me parece enormemente compacto en todo su recorrido, con un sentido profundo de la sonoridad de los cuatro instrumentos que lo dotan de esa coherencia que echo de menos en Dillon. Esquisses se desarrolla sin apenas suspiros, sin que apenas el sonido cese, y sin embargo la presencia del silencio sobrevuela la obra, como posibilidad sugerida. La tensión constante del arco hizo que los cuatro miembros del Diotima terminaran la ejecución con varias cerdas de sus arcos rotas, debido a esa intensidad con la que tocan las piezas de Nunes y debido a lo continuo de esta música, siempre con la emoción y tensión sonora al límite. Destaca el dominio técnico de Yun-Peng Zhao en los pasajes rítmicos en aceleración, con una medida de la nota impresionante y una capacidad para romper el discurso asombrosa. En general, se aprecia la respiración conjunta del cuarteto con esta obra, ya desde su arranque inicial y a lo largo de todo su recorrido, en el que destacaría la capacidad del Diotima para modular el sinuoso discurso dentro de la calibración entre lo presente y lo sugerido.

A continuación, se ejecutó el segundo cuarteto de Nunes, Chessed III (1990-91), para lo cual Naaman Sluchin se volvió a colocar en el primer atril -intercambio que ya habían realizado en alguna pieza de Bach-. Chessed III forma parte de un pequeño ciclo de obras, Chessed I-IV, a su vez enmarcadas en lo que es uno de los ciclos musicales más importantes surgidos en Europa en la segunda mitad del siglo XX: A Criação; en la que podemos encontrar, entre otras, la magna Quodlibet (1990-91).

Chessed III
se relaciona temáticamente con antiguos textos hebreos sagrados, utilizados por el lisboeta en Chessed I, obra de la que Nunes toma su secuencia inicial para desarrollar motivos en este cuarteto, generando una pieza de una gran densidad y virtuosismo, de marcado carácter “heterofónico”, como Paulo Pereira de Assis la define. A pesar de que Nunes me confesaba no tener nada claro el hecho de que este segundo cuarteto sea más virtuosístico que el primero, en mi opinión el conjunto de recursos desplegados y la proliferación de temas exigen un trabajo mucho más atento al detalle tanto a cada instrumentista como al conjunto en su totalidad. Lo que en Esquisses era densidad compacta, amalgamada y muy empastada, con un carácter muy introspectivo; en Chessed III se convierte en extroversión y abundancia de gestos muy abiertos y expansivos, con una ejecución más aristada, no tan exigente para el arco de forma continua, al hacerse presentes de forma más extensiva el pizzicato y el col legno -extraordinario Pierre Morlet en este técnica-. Sensacional me ha parecido Franck Chevalier en este segundo cuarteto de Nunes, explicitando todas las virtudes antes señaladas para el Bach, en especial sus diálogos con Morlet en los diversos pasajes de Chessed III.

Aún siendo estos dos cuartetos piezas estrenadas en su día por los extraordinarios Arditti Quartet (Lisboa 8.6.1983 y 8.6.1992, respectivamente), las ejecuciones del Quatuor Diotima se codean ya con las de cualquiera de los grupos especializados en música de hoy; como su grabación de los cuartetos de Nono y Lachenmann (Assai 222 492) había dado fe en otros repertorios de también altas exigencias. Con estos antecedentes, no nos queda más que esperar muy buenas interpretaciones en el futuro por parte de estos jóvenes pero ya maduros músicos franceses, a cuyos arcos son confiados cada vez más estrenos en todo el mundo. Esperemos que la creación del Tercer cuarteto de Nunes sea una de esta larga lista, y estar allí para contárselo a todos ustedes.
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