Discos

Schütz: la última obra

Matthias Range
viernes, 28 de diciembre de 2007
Heinrich Schütz: Opus ultimum – Schwanengesang (Salmo 100, Salmo 119, Deutsches Magnificat), SWV 482-494. Collegium Vocale Gent; Concerto Palatino. Philippe Herreweghe, director. Director artístico: Andreas Neubronner; ingeniero de sonido: Markus Heiland. Dos discos compactos de 88 minutos de duración; grabado en abril de 2005, en la Chapelle de l’ancien Séminaire (Vlerick Management School) de Gante (Bélgica). Harmonia Mundi HMC 901895.96
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El título de este disco presenta su programa: contiene el ‘Opus ultimum’ de Heinrich Schütz, su última obra. Ciertamente, según escribe Peter Wollny en las notas de la carpetilla, Schütz escribió su versión del Salmo 119 siendo consciente de que se trataba de su pieza final; los once motetes para doble coro y acompañamiento que conforman el Salmo (SWV 482-492) fueron planificados como su testamento musical. En los últimos años de su vida, Schütz también había hecho versiones del Salmo 100 (SWV 493) y del Magnificat, ambas en alemán (SWV 494) y ambas con el mismo reparto. Wollny destaca que ya entre los coetáneos de Schütz esta colección de tres piezas se conocía como su ‘Schwanengesang’ (Canto del cisne). El término -procedente de la mitología griega- se basa en la idea de que los cisnes cantan una última y hermosa canción justo antes de morir, y aún hoy se emplea para indicar el último trabajo de un artista.

Schütz hizo copias en limpio de las partes vocales de la colección y mandó que se imprimiera el título en sus páginas, dedicándola a su patrón, el Elector Johann Georg II de Sajonia. No obstante, parece que la obra nunca fue interpretada para el Elector. Lo cual no ha de sorprender: Schütz había escrito la obra en un estilo arcaico y pasado de moda; se trata de música “cuyo carácter es severo y eterno”, según concluye Wollny en una definición más amable. La música del ‘Schwanengesang’ cayó, pues, en el olvido; seis de las nueve partes de los libros se descubrieron en 1900, sólo para desaparecer de nuevo durante otros setenta años. A mediados de la década de 1970, el redescubrimiento de aquellas partes, junto con el hallazgo del libro con la parte del órgano, hizo posible una edición moderna (las partes de soprano y tenor del segundo coro se reconstruyeron). A partir de 1985, coincidiendo con el 400 aniversario del nacimiento de Schütz, el ‘Schwanengesang’ se interpretó en concierto y se editó en grabaciones discográficas.

Hoy, en 2007, existen varios registros de esta música. Y a la nueva grabación de Herreweghe debía darse la bienvenida en este catálogo. En la última década Herreweghe ha firmado un buen número de grabaciones de la obra de Schütz; es un experto en la música de este período, y eso se nota en cada compás. Herreweghe y su grupo emplean material de interpretación preparado por Wolfram Steude (partes vocales) y Norbert Schuster (partes instrumentales). Mientras los libros de Schütz proveen sólo las partes de acompañamiento para órgano, aquí la obra incluye un acompañamiento instrumental algo más rico, siguiendo la costumbre de la época. En los coros más amplios se añaden ocasionalmente trombones y una corneta (con algunos ornamentos improvisados), y el basso continuo del órgano se apoya también en cuatro violas da gamba, un laúd y un violone. Estos instrumentos constituyen una adición perfecta para los dos coros, pues nunca obstruyen sino que siempre proveen un fondo armónico adecuado sobre el que construir el canto.

Cuando en 1997 el grupo australiano The Song Company bajo la dirección de Roland Peelman editó su grabación del ‘Schwanengesang’, lo interpretaron con el simple acompañamiento del órgano. El registro fue muy saludado por su canto impecable y su sobresaliente interpretación; pero la omisión de una parte tan consustancial de la música de Schütz como el acompañamiento instrumental usual en su tiempo, supone privar al oyente de la mitad del placer.

El Collegium Vocale Gent de Herreweghe canta con precisión. Su dicción es muy clara (a juzgar por la lista de los nombres de los cantantes que figura en la carpetilla se diría que no todos son germanohablantes de nacimiento), y sólo muy de vez en cuando parecen entusiasmarse algo más de la cuenta con las consonantes; por ejemplo, cuando cantan ‘Du schiltest die Stolzen’ (Tú has reprendido a los orgullosos) en el segundo motete, o el similar ‘Ach, dass die Stolzen müssen zuschanden werden’ (Que los orgullosos se avergüencen) en el quinto motete. En general, las diferentes partes vocales están bien equilibradas y se complementan unas a otras para producir un sonido pleno y redondo. Aunque a veces los agudos de las sopranos suenan algo duros, por ejemplo tras el comienzo del primer motete del Salmo 119 (CD 1, 1) o hacia la mitad del Magnificat (CD 2, 6).

Esto puede deberse a algún problema de grabación, o a alguna dificultad durante las mezclas. Pero conduce la atención hacia un debate actual: el empleo de voces femeninas en la música sacra del barroco -específicamente del primer período del barroco- constituye el objeto sobre el que se discute a menudo. La grabación de 1996 del ‘Schwanengesang’ que hizo el Hilliard Ensemble dirigidos por Heinz Hennig empleaba tiples del Coro de Niños de Hannover para las partes más agudas, y ciertamente los chicos producen un sonido más dulce, más ‘chispeante’ y más ‘auténtico’ que las sopranos del Collegium Vocale (al menos según lo que entendemos por ‘auténtico’). De todos modos, Herreweghe es un director de tal calidad que su interpretación suena, de lejos, más interesante y más inspirada que la mayoría de las anteriores grabaciones.

Sin embargo, aún hay un asunto más importante que criticar de este registro. En sus notas, Wollny indica que el propio Schütz recomendaba que las piezas grabadas en este disco se interpretaran “en las dos tribunas del coro levantadas frente por frente sobre el altar”. Por lo tanto, Schütz claramente pensaba en un canto policoral con todos los efectos posibles, al situar los coros en diferentes lugares de la iglesia. Esta técnica, derivada de los cori spezzati venecianos, era muy popular en la Alemania de principios del siglo XVII (sólo hay que pensar en Michael Prätorius). Pues bien, es de lamentar no poder oir la doble disposición del coro en la grabación de Herreweghe: esto suena simplemente como si tuviera a todos los intérpretes en un único grupo. Lo cual conduce a que la música de Schütz no suene como obras para coro doble -esto es, para dos coros independientes-, sino meramente para un coro a ocho voces.

Ciertamente, el sonido masificado priva de uno de los aspectos más atractivos de esta música y la hace un tanto monótona y, a la postre, cansina. Por otro lado, cabe preguntarse si Herreweghe realmente quería que los cambios dinámicos fueran los mínimos. Al final a uno le da por pensar que en este disco algo ha tenido que ir mal con la técnica de grabación. Lo cual sería chocante, pues Harmonia Mundi es un sello bien conocido por la excelente calidad de sonido de muchos de sus registros. Dada la calidad de los intérpretes, este disco debía haber sido mejor de lo que es. Pero aun así tiene muchos puntos fuertes: la obra maestra de un gran compositor en una interpretación inspirada e inteligente; aunque, dadas estas pegas en el sonido, tal vez convenga esperar a una reedición mejorada.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Harmonia Mundi

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