Discos

Esto sí es una guitarra

Roberto Díaz

martes, 15 de enero de 2008
Ceci n’est pas une guitare. Ulrich Krieger: Histoire de l’oeil. György Kurtág: A kis csáva, Op. 15.b. Steve Reich: Nagoya guitars. Toshio Hosokawa: Renka I. Georges Aperghis: Conversation nº 20. Hugues Dufourt: La cité des saules. Toru Takemitsu: Toward the sea. Eve Beglarian: Until it blazes. Emanuele E. Forni, guitarras; Andreas Pfiffner, electrónica y programa MaxMSP; Simon Röthlisberger, trombón; Angela Tschanz, flautín; Tatiana Ďurišová, flauta; Noe Ito, voz aguda. Ingenieros de sonido: Benoît Piccand y Andreas Pfiffner. Un disco compacto DDD de 71’41 minutos de duración, grabado en el estudio de la Hochschule der Künste de Berna (Suiza), en marzo de 2006. Stradivarius STR 33775. Distribuidor en España: Diverdi

En nuestros tiempos se ha enriquecido el repertorio guitarrístico con una importante cantidad de obras, compuestas por los creadores más vanguardistas. Sin embargo, la enorme atención que ha recibido la guitarra durante todo el siglo XX, y aún a principios del XXI, no se ha reflejado adecuadamente en la discografía. La mayoría de guitarristas siguen tocando las composiciones de siempre, trilladas una y otra vez por todos, y mientras tanto hay una producción de gran calidad que pasa de puntillas por la historia de la música, sin recibir la atención merecida. Ello también ha propiciado que los responsables de las empresas discográficas se olviden a menudo de la música contemporánea para guitarra, ante la pujanza del piano y la importancia de las músicas camerísticas y orquestales.

Un caso particular y digno de agradecimiento es, en este sentido, el sello Stradivarius, que ha dedicado ya unos cuantos discos de indiscutible calidad a la guitarra. Uno de ellos es el presente, protagonizado por el italiano Emanuele E. Forni y presentado con un título tan sugerente como Ceci n’est pas une guitare. La finalidad es más o menos poner en valor lo que acabamos de decir. Según las notas italianas del propio intérprete, la polivalencia del instrumento le ha permitido establecerse en universos muy diferentes, aunque la imagen más común sea la del pop, el rock, o la música folk. Su intención, así, ha sido mostrar algunos de los campos de acción en los que se le puede encontrar.

La elección del título del disco -que significa algo así como “esto no es una guitarra”- posiblemente se haya inspirado en el cuadro del pintor surrealista René François Ghislain Magritte Ceci n’est pas une pipe. El caso es que muy pocas veces se utiliza en este compacto algún efecto que haga diferente el sonido de la guitarra, y el instrumento es tratado de manera vanguardista únicamente en cuatro obras, registradas para guitarra por primera vez en esta ocasión (las escritas por Krieger, Aperghis, Dufourt y Beglarian). El resto de piezas están pensadas para formaciones de cámara, en los que la guitarra más bien acompaña, aunque se distinguen la obra de Steve Reich y Toshio Hosokawa por las técnicas compositivas empleadas. También es posible hablar de la maestría con la que György Kurtág combina trombón, flautín y guitarra.

Entre las obras más innovadoras, de esta manera, cabe destacar Histoire de l’oeil de Ulrich Krieger (pista 1), para guitarra eléctrica y electrónica en directo. El resultado sonoro puede variar en cada versión gracias a los condicionantes de la electrónica en directo. Sin embargo, permanece el buen uso de los armónicos en la guitarra eléctrica, que en algún momento (ya al final) parece evocar el paisaje sonoro de los campanarios de una ciudad en día de fiesta. Así, se entremezclan estos sonidos de tal manera que al final se puede pensar que, efectivamente, no es una guitarra sino un campanario.

En la Conversation nº 20 de Georges Aperghis (pista 9) tiene más protagonismo el instrumentista que el propio instrumento, y de hecho Emanuele E. Forni partió solamente de un texto, según explica en las notas anexas, al que añadió gestos o sonidos para cada sílaba, intentando crear un flujo homogéneo. La Cité des Saules de Hugues Dufourt (pista 10), por su parte, es un complejo estructural de tensiones bien utilizadas y compensadas, y de sonoridades bien estructuradas. Posiblemente se podría pensar al escucharla en dos situaciones: el viaje en carretera junto con los múltiples ruidos de la noche mientras se está al borde del sueño (Forni habla de una metáfora de la partida), o la contemplación de una gran ciudad dormida desde un balcón.

El compacto termina con Until it blazes de Eve Beglarian (pista 14), una magnífica obra pseudo-minimalista pero de difícil asimilación con un solo estilo, inspirada en un pasaje del evangelio apócrifo de Santo Tomás, y concebida para piano y un instrumento de cuerda pulsada sin explicitar. El continuo impulso de flujos de notas es, sin duda, su principal atractivo.

En cuanto al protagonista del CD, es muy difícil encontrar faltas a sus interpretaciones. El repertorio parece bastante complicado, sobre todo en el caso de las obras aquí reseñadas. El lenguaje es muy elaborado y las exigencias técnicas son importantes. Por ello es necesario destacar la maestría de Forni al hacer frente con solvencia a estas páginas de música. En las obras de cámara la guitarra es a grandes rasgos una mera espectadora ante lo que hacen los demás instrumentos (excepto en el caso ya reseñado de Reich), pero también en ellas consigue el intérprete dar una cierta importancia al papel de su instrumento mediante una buena expresión musical. No entendemos, no obstante, por qué al resto de intérpretes del disco se les da muy poca importancia, y se relegan sus nombres a un segundo plano en el interior de las notas anexas. Por lo demás, la presentación está muy bien cuidada, y si tuviera que poner una nota al disco, es probable que dudara entre el notable y el sobresaliente.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.