Discos

El Rey de los Duendes

Isabel Rocha Barral

miércoles, 23 de enero de 2008
The Elfin Knight: Ballads and Dances from Renaissance England. Anónimo: Whittingham Faire; Walsingham; Greensleeves; Go from my window; Lord Darly; Fortune, my foe; Farewell, adieu that courtly life; Brave Lord Willoughby; Willie O’Winsbury; The Lovers’ Tasks; Farewell, lovely Nancy; Watkin’s Ale; London’s Lotterie; Barbara Ellen; London; Scarborough Faire. John Dowland: Go from my window; My Lord Willoughby’s Welcome Home. Thomas Ravenscroft: Yonder comes a courteous Knight. Nicolas Vallet: La Bouree. Rowallen Lute Book: Gigue; Untitled and Corne yairds; Ane Scottis Dance. Ensemble Phoenix Munich. Joel Frederiksen, bajo, laúd y dirección. Dirección artística, toma de sonido y montaje: Markus Heiland, Tritonus. Un disco compacto DDD de 79 minutos de duración, grabado en la Malteserstift St. Josef de Stanberg-Percha (Alemania) en noviembre de 2006. Harmonia Mundi HMC 901983
Eso son los “elfos”, lo que en el sur de Europa son los duendes. Y el título habla de un caballero, de cuya prestancia, gallardía, estirpe o emblemático valor guerrero, están llenas las leyendas de tiempos muy remotos. Caballeros y doncellas. Los unos morían, regresaban de las cruzadas o batallaban contra los españoles; las doncellas palidecían y se morían de añoranza por culpa de tantos adioses sin retorno.

Joel Frederiksen -que junto con sus amigos tañedores de laúd, tiorba, violas de gamba, virtuosos de flauta, un tenor y un contratenor (todos estos, componentes de la agrupación de música antigua 'Ensemble Phoenix Munich')- es el 'hablador' que narra proezas y periplos sin que falten las consabidas traiciones e intrigas que acompañan a toda hazaña de cualquier héroe, y pacientemente nos va introduciendo en las brumas y arcanos de los países del norte de Europa. Frederiksen y sus colegas hacen sonoras las leyendas bajo la forma de baladas tal como ya lo hicieran los trovadores de antaño, a quienes hoy posiblemente llamaríamos cantautores.

Aquí se nos habla de la incorporación de las tradiciones del mundo anglosajón de las costas atlánticas del norte de Europa, (como por ejemplo Irlanda, Cornualles o País de Gales) a los usos y costumbres del Nuevo Mundo, esto es, Norteamérica. Ambas geografías comparten aún en la actualidad cancioneros que importó la emigración procedente de las Islas Británicas. El nexo que se mantiene entre estas dos culturas no es, de todas maneras, sino el resultante de otras redes de comunicación, en el caso que nos ocupa, el fuerte precedente del espeso entramado cultural de la Europa medieval, renacentista o tardo-renacentista.

Esto último se puede resumir en pequeños ejemplos, ofrecidos generosamente por Frederiksen, uno de ellos Go from my window, cuya tonada es tratada, ya sea por un compositor importantísimo como John Dowland para el laúd, como por William Byrd, Thomas Morley o John Munday, los tres para el virginal, músicos todos ellos líderes en las cortes de los reinados de Enrique VIII o Isabel Iª de Inglaterra.

Estas tonadas compartidas sobre una canción de moda como base experimental modélica, en cualquiera de sus posibles variantes, respecto al tratamiento vocal, polifónico o instrumental, constituían verdaderos fondos de creatividad en lo que a evolución estilística y desarrollo compositivo se refiere.

En España, el uso (¿y el abuso?) sobre la canción Guárdame las vacas, logra formar parte de un verdadero patrimonio compartido con Italia, dado que esta canción se asentaba sobre un seguimiento muy ordenado de acordes, que servía como ejemplo para mil combinaciones en terreno experimental, ya se tratara de un ejercicio de carácter armónico o rítmico. La propuesta, sencilla, de muchas de estas canciones facilitaba también la experiencia a la vez que la osadía de lanzarse al vuelo en el quehacer contrapuntístico (impresionante) que significó el arte de glosar, esto es, la improvisación, que Frederiksen y sus acompañantes instrumentistas abordan con meticuloso acierto y brillantez, esta última, a través de una dosificación cuidadísima.

A Frederiksen no le falta ninguno de los conocimientos de fondo a los que se acaba de aludir. Es más, incluso ofrece las fuentes documentales. Nada más que alguien tenga, por ejemplo, la recopilación en dos volúmenes del Fitzwilliam Virginal Book (al alcance de cualquiera en una tienda de música), ese alguien puede darse la alegría que supone el poder cotejar los textos escritos, con la versión que de ellos se ha inventado nuestro amigo Frederiksen, libre, correcta, fiel, imaginativa y con una sobriedad a la vez que dulzura expresiva sin atisbos del menor esnobismo.

Todo ello en beneficio de un ambiente cálido, casi dialogante e incluso intimista, que nos acerca a una épica en la que ciertas hazañas, a veces guerreras, a veces dramáticas o también a veces picarescas, son narradas como si un personaje de Charles Dickens nos las contara al calor de la lumbre de aquel lejano y añorado rincón de nuestra infancia.

No está de más hacer hincapié, aquí, sobre una cuestión clave. Queda demostrado, a partir de este disco de Frederiksen, lo mucho que se nutrió la música llamada 'seria' o 'clásica' del patrimonio popular en todos los tiempos. Pero tan importante como esto es que un músico (unos músicos) cuyo bagaje profesional indudablemente responde a una formación musical de nivel superior, sepa conferir al material de base popular de que dispone un carácter todo lo contrario que ambicioso, especulativo o competitivo, o en el último de los casos, hasta pedante. La fluidez y naturalidad con que se va deslizando todo el entramado de este periplo no desvirtúa la lógica de un engranaje inteligentemente elaborado respecto al equilibrio con que se van sucediendo una obra tras otra hasta el final.

Todo acaba como empezó, con el tono inocente y asilvestrado del estribillo del comienzo, cuyo eco, al final, en alguna medida despoja de importancia y trascendencia a las intensidades unas veces nostálgicas y otras amargas, y nos ofrece, por fín, como descanso, “un grato sabor, la salvia, el romero y el tomillo”.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Harmonia Mundi

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