Opinión

La Tetralogía de Wagner en Viena: una breve retrospectiva histórica

Gerardo Leyser

lunes, 4 de febrero de 2008

En Viena, el primer paso hacia una representación completa El anillo del Nibelungo de Richard Wagner se dio el 5 de marzo de 1877, con el estreno de Die Walküre (La Valquiria), algo menos de siete años después del estreno absoluto que se llevó a cabo el 26 de junio de 1870 en el Nationaltheater de Munich. En Bayreuth, en el teatro del festival mandado a construir por Wagner a estos efectos, la primera representación de Die Walküre se llevó a cabo el 14 de agosto de 1876, o sea menos de un año antes del estreno vienés. Posteriormente, se llevaron a cabo en Viena los estrenos locales de Das Rheingold (El Oro del Rin), el 24 de enero de 1878, Siegfried, el 9 de noviembre de 1878, y Götterdämmerung (El Ocaso de los Dioses) el 14 de febrero de 1879. Hans Richter tuvo a su cargo la dirección musical de las cuatro óperas.

A comienzos del siglo XX, Gustav Mahler, entonces director de la Ópera (Real e Imperial) de Viena, dirigió el inicio un nuevo ciclo de El anillo del Nibelungo, en colaboración con el legendario director escénico Alfred Roller. Esta vez se siguió el orden cronológico de la Tetralogía; Das Rheingold se estrenó el 23 de enero de 1905 seguido, más de dos años más tarde, por Die Walküre, el 4 de febrero de 1907. A fines de 1907, Mahler se alejó definitivamente de la Ópera de Viena y su sucesor, Felix von Weingartner, dirigió los estrenos de los nuevos montajes de Siegfried, el 26 de septiembre de 1908, y de Götterdämmerung, el 21 de noviembre de 1910, siempre contando con la dirección escénica de Roller.

Posteriormente, Wilhelm Furtwängler, Clemens Krauss y Rudolf Moralt, dirigieron estrenos de nuevas producciones del prólogo y de diferentes jornadas (pero no de ciclos enteros).

Debido a la destrucción de la Ópera del Estado de Viena al final de la Segunda Guerra Mundial, fue preciso esperar hasta el 2 de abril de 1957 para que se pusiera allí en marcha el montaje de una nueva Tetralogía completa, esta vez bajo la dirección musical y escénica de Herbert von Karajan con decorados de Emil Preetorius. Este ciclo también se inició con Die Walküre, seguida por Siegfried (23 de diciembre de 1957), Das Rheingold (23 de diciembre de 1958) y Götterdämmerung, (12 de junio de 1960). Este montaje de von Karajan y Preetorius se orientó en la estética despojada y minimalista introducida, en su momento, por Wieland Wagner en Bayreuth.

Transcurrieron más de dos decenios, durante los cuales regularmente se presentaron los montajes de Karajan/Preetorius (con otros directores de orquesta puesto que Karjan se marchó de Viena en 1964) antes de que se pusiera en marcha el proyecto de montar una nueva Tetralogía en Viena. Egon Seefehlner, el entonces director del teatro, le pidió a Harry Kupfer que preparara una nueva realización escénica del ciclo wagneriano. El proyecto de Kupfer debe haberle parecido demasiado progresista y atrevido a Seehelner quien rechazó el concepto y encargó a Filippo Sanjust con la realización de esta gigantesca tarea. Lo que Sanjust presentó fue exageradamente tradicionalista y no correspondió con las expectativas del público vienés de los años ochenta. Das Rheingold, estrenado el 22 de marzo de 1981 bajo la dirección musical de Zubin Mehta, ya contó con una reprobación masiva por parte del público y la crítica. Con Die Walküre (22 de noviembre de 1981), el fiasco fue tal que luego de 7 representaciones la dirección del teatro retiró el montaje del repertorio y canceló el proyecto.

Como Viena no se podía quedar sin estas cuatro óperas en su repertorio, se repuso el montaje de von Karajan que, inevitablemente, se estaba poniendo cada vez más vetusto. Fue preciso esperar hasta el año 1992 para contar con una renovación de la Tetralogía en Viena, esta vez bajo la dirección escénica de Adolf Dresen, con escenografías de Herbert Kapplmüller y la dirección musical de Christoph von Dohnányi. Esta producción tampoco logró satisfacer realmente las aspiraciones locales. Por lo menos permaneció en el repertorio del teatro.

Un par de años atrás, Ioan Holender, director general de la ópera de Viena desde 1992, convocó una conferencia de prensa con el propósito de anunciar la realización de un nuevo montaje de El Anillo del Nibelungo. Obviamente no quiere retirarse, en el 2010, tras 20 años al frente de este teatro (récord histórico de duración en el cargo), sin dejar en el teatro una nueva Tetralogía.

Consideraciones de índole general

Lo que acabamos de exponer sitúa a la Ópera del Estado de Viena entre los teatros líricos del mundo con gran tradición wagneriana. Así, por ejemplo, en lo que respecta a Die Walküre, se representó nada menos que 562 veces desde el año 1877, en sus diversas puestas, con anterioridad al estreno de la nueva producción que se comenta a más abajo.

A pesar de esta tradición, el montaje de una nueva Tetralogía plantea dificultades intrínsecas en este teatro. En la Ópera de Viena, al igual que en mayoría de los teatros líricos de Europa central y oriental, se cultiva el régimen llamado “de repertorio”. Esto significa que cuando se prepara la nueva puesta en escena de un título, se realizan ensayos escénicos y musicales. Una vez estrenado, el nuevo montaje pasa a formar parte del repertorio corriente del teatro. Ello trae consigo que, por regla general, se vuelve a representar la producción durante años sin el menor cambio escénico y (en la gran mayoría de los casos) sin ensayos previos, y ello casi siempre con elencos y directores que no actuaron en el estreno de la producción. Cada tanto, se realiza reposiciones de una producción, esto es, se vuelve a ensayar la parte musical, pero generalmente sin contar con la presencia del director de escena responsable de la misma.

Ante esta situación, típica para un teatro de repertorio, la dirección tiene que tener en cuenta que en el caso de realizarse un nuevo montaje, este deberá mantenerse tal cual durante muchos años. Esta situación dificulta el estreno de montajes novedosos y audaces porque contrariamente a lo que ocurre en teatros de stagione, en el que cada temporada se presenta un número limitado de títulos (echo que permite reposiciones anuales con ensayos escénicos y musicales), en un teatro de repertorio las obras permanecen en cartel durante muchos años sin modificaciones. Una producción demasiado moderna y atrevida correría el riesgo de parecer totalmente obsoleta al cabo de unos años, cosa que no ocurre con producciones más ponderadas. El teatro no dispone de recursos suficientes para reponer los títulos del repertorio con una frecuencia más o menos aceptable y, como señalamos, los montajes suelen permanecer en el repertorio durante un tiempo considerable. Algunos montajes ya forman parte del repertorio, sin reposición, desde hace más de cuarenta años.

Si se considera el enorme esfuerzo artístico y económico que representa el montaje de una nueva Tetralogía y el gran número de años que dicho montaje debería permanecer en el repertorio, siempre se corre el riesgo de que un montaje particularmente actualizado pierda por completo su vigencia al cabo de unos años. Por lo tanto, la solución consiste en tratar de juntar un equipo que no se aparte demasiado de lo convencional, cosa que no tiene por qué ocurrir en un festival (como el de Bayreuth), donde las obras se vuelven a ensayar cada año y donde de todos modos un mismo montaje de la Tetralogía no permanece en cartel por más de cinco años consecutivos. En dicho caso, el riesgo que se corre es menor porque siempre se pueden efectuar, de un año a otro, cambios en una producción (ver lo que ocurrió con el famoso Anillo de Chérau-Boulez en Bayreuth, situación muy bien documentada en el libro L’histoire d’un Ring) y porque además, en el peor de los casos, al cabo de cinco años la producción será reemplazada por una nueva, lujo que, por razones económicas, no puede permitirse un teatro de repertorio.

Desde este punto de vista, los teatros de provincia en Alemania se encuentran en una posición más cómoda dado que están mucho menos expuestos que los teatros centrales (como Berlín, Viena, Munich) y pueden digerir un fracaso con mayor facilidad. Por otra parte, al tratarse de teatros con programaciones más reducidas, resulta más fácil hacer desaparecer una producción del repertorio. Efectivamente, si en una ciudad de provincia se realizaran varias temporadas sin Tetralogía, ello no tendría mayor importancia. En Viena, en cambio, eso sería tan impensable como imperdonable. En la práctica, en Viena se aspira a presentar una o dos Tetralogías completas por temporada, mientras que una ciudad de provincia se puede dar el lujo de permanecer durante muchos años sin incluir este ciclo wagneriano en la programación anual.

Algo similar ocurre con (en el caso de Wagner) el espinoso problema de los repartos y los directores de orquesta. La provincia alemana se puede permitir el lujo de presentar repartos secundarios dirigidos por maestros que por primera vez dirigen estas obras. En cambio ello no puede ocurrir en los grandes centros como Viena. Aquí, un director ya tendría que tener su experiencia hecha en la materia, al igual que los cantantes.

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