España - Madrid

Maazel, el mago

Francisco de Borja Mariño

viernes, 1 de junio de 2001
Madrid, domingo, 27 de mayo de 2001. Auditorio Nacional de Música. Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks. Lorin Maazel, director. Programa: Debussy: Iberia, La mer. Schubert: Sinfonía en do mayor 'La grande'.
Siempre es un placer recibir a un maestro de la talla de Maazel y más si lo hace con la orquesta de la que es titular y que le responde a las mil maravillas. Lo más sugestivo del programa se concentró en la primera parte, con dos memorables lecturas de las grandes páginas sinfónicas de Debussy. De Iberia aún resuenan esos 'perfumes de la noche' que la orquesta de Baviera supo exhalar en juegos de sutilidades sonoras pero sobre todo su refrescante versión de El Mar, y no sólo debido a la terrible ola de calor que consume Madrid, sino a todos los matices que supo extraer Maazel a esta partitura que, me atrevo apuntar, nunca ha sonado así en el Auditorio Nacional. Desde el comienzo casi insinuado en que iban incorporándose poco a poco las sonoridades hasta el diálogo del viento y el mar, dirigido a un tempo excitante, en que todas las figuras insinuaban al oyente: los ostinatos de la cuerda grave, la frase maravillosa del tema principal en la reexposición de la flauta, en fin, las ráfagas sorprendentes de las trompas en un final apoteósico del me faltan las palabras para describirlo.La Sinfonía en do mayor de Schubert sigue siendo una obra algo tediosa para nuestro público y buena parte de los esfuerzos de Maazel se concentraron precisamente en darle una coherencia interna al discurso musical. Tras un primer tiempo algo lineal siguió un Andante, donde pasaron realmente 'grandes' comenzando por la frase de oboe que el público supo premiar al final con cerradas ovaciones para su delicado intérprete. El Scherzo y en Final llenos de vida, e intensidad rítmica sacaron lo mejor de la concentración de estos músicos en una interpretación de una obra de grandes dimensiones donde no se apreciaron grandes fisuras. De bis Maazel se explayó en una ruidosa Alborada del gracioso muy francesa, rica en fogosidades y también insinuaciones.La orquesta de Baviera sonó como nunca con unas trompas de primera y un viento madera sobresaliente. Lorin Maazel tuvo una de sus mejores noches. Su gesto, sobrio y más comedido que en otras ocasiones, la expresión, equilibrada y la fantasía que extrae de las partituras, hacen de él una garantía en las programaciones y esperamos que continúe prodigándose por nuestro país asiduamente como viene haciendo en los últimos años y regalándonos sus mágicas interpretaciones.

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