España - Madrid

Cuadros de profunda e hipnotica belleza

Teresa Núñez Marcos

miércoles, 23 de enero de 2002
Madrid, martes, 15 de enero de 2002. Teatro Real.Pélleas et Mélisande. Drame lyrique en cinco actos y 13 cuadros, de Claude Debussy. Libro de Claude Debussy, adaptado de la obra homónima de Maurice Maeterlinck. Dirección musical: Armin Jordan. Directores de escena: Patrice Caurier y Moshe Leiser. Escenógrafo: Christian Fenouillat. Figurinista: Agostino Cavalca. Iluminador: Christophe Forey. Simon Keenlyside, Pélleas; María Bayo, Mélisande; Jean - Philippe Lafont, Golaud; Franz - Josef Selig, Arkel; Fabiola Masino, Yniold; Juan Tomás Martínez, Un médico y Birgitta Svendén, Geneviéve. Coro de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Orquesta Sinfónica de Madrid. Producción del Grand Théâtre de Ginebra. Aforo completo.
El Teatro Real de Madrid vivió una noche de ensueño - y no sólo por las evidentes reminiscencias oníricas de la obra - con la representación del Pelléas et Mélisande de Claude Debussy. Una ópera muy diferente a todas las conocidas, sobre todo cuando se compuso, que ofrece muy pocas coincidencias con otras obras líricas y de la que este año se conmemora el centenario de su estreno en la Opera Cómica de París.Pélleas arrastra fama de difícil porque es muy poco convencional. Tan sólo en la escena de la muerte de Pelléas se pueden encontrar elementos tradicionales del arte lírico. Mientras escribo esta crítica estoy escuchando una grabación de I Puritani de Bellini, ópera que tiene una concepción musical y teatral en las antípodas de la obra de Debussy. Sin embargo, para mí, las dos son bellísimas y me emocionan de manera muy similar.Digo esto, porque conozco algunos fanáticos del bel cantismo que consideran que el Pélleas es una ópera lenta, aburrida, sin arias, sin números de conjunto y, sobre todo, sin alardes canoros de la soprano. Bueno, yo respeto casi todo pero a mi Pelléas et Mélisande es una ópera que me conmueve hasta los huesos, precisamente por su contención. Durante toda la obra, los personajes se van deslizando inevitablemente hacia su trágico destino y lo hacen entrelazando lo real y lo simbólico de una manera casi hipnótica, quedamente. Es una ópera que se canta desde lo más hondo, que hay que interiorizar una barbaridad y en la que los profundos silencios, muy bien controlados por Armin Jordan, por cierto, son un protagonista más.A propósito de esta contención, se cuenta una anécdota de Richard Strauss quien, después de asistir a una representación de esta ópera, comentó que había tenido la sensación de estar asistiendo a un ensayo en el que los cantantes se estaban reservando para el estreno. No es extraño ya el propio compositor, en un artículo reproducido en el programa de mano, afirma que en el quinto acto, el de la muerte de Mélisande, la voz de la soprano "era la voz secretamente oída, con esa dulzura desvanecida, ese arte tan cautivador..."Otra de las particularidades de esta ópera es la forma de cantar, casi declamando. Un modo de cantar que tiene clarísimas influencias de la escuela rusa y más concretamente del Boris Godunov de Musorgsqui, cuya partitura era conocida por Debussy. No hay que olvidar que esta modalidad de canto es una de las contribuciones más importante de los compositores rusos al arte lírico.Finalmente, la ópera se mueve en la más absoluta ambigüedad, tanto de tiempo como de espacio y también en la definición de los personajes. La escena transcurre en un reino imaginario, sin ubicación geográfica. Nada se nos aclara del tiempo en que ésta ocurre, sólo se afirma que es en una época muy lejana. Los personajes tampoco están perfectamente definidos y esta ambigüedad se traduce en un lenguaje musical de una genialidad muy poco común. Hasta Debussy, los grandes compositores de ópera utilizaban recursos musicales para dibujar y definir sus personajes, pero en el Pelléas nada de esto ocurre. Debussy dejó los personajes a la voluntad de quien los interpretase, así que en esta ópera el trabajo de los actores-cantantes es verdaderamente considerable.Pues bien, veintidós años después de la última representación de esta ópera en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, nada menos que con Victoria de los Angeles en el papel de Mélisande y dirigida por Ros-Marbà, el público del Real tuvo la ocasión de disfrutar con un elenco artístico magnífico, que casi rozó la perfección, muy bien dirigidos por el suizo Armin Jordan. La española - de Fitero como a ella le gusta aclarar - María Bayo conoce perfectamente los matices de la fonética francesa y con una dicción magnífica bordó el papel. Su precioso timbre, su voz de cristal, como he dicho en alguna otra ocasión y su creación del personaje, hicieron de ella una Mélisande espléndida. Frágil, desconcertada, misteriosa, doliente, enamorada y sutil, Bayo ha interiorizado el papel hasta hacerlo suyo.La voz del Pélleas tendría que ser, si me admiten la comparación wagneriana, la de un heldenbaritono, cuyos agudos serían suficientes para este papel, pero es evidente que Pélleas tiene muy poco de heroico, así que tampoco aquí sirven los arquetipos al uso. El Pélleas lo han cantado tenores y barítonos por igual, otra ambigüedad más. El londinense Simon Keenlyside es un barítono lírico que posee una voz bonita y potente, con una elegante línea de canto y que dio la réplica preciosa y precisa a María Bayo. Declama maravillosamente bien y tiene grandes dotes de actor. La escena de la seducción fue bellísima en lo que al canto se refiere, porque la concepción escénica de la misma, con María Bayo realizando contorsiones y equilibrios muy complicados encima de un piano, que figuraba la torre, fue tal vez lo menos bueno de una puesta en escena brillante y espectacular.Siguiendo con el elenco vocal, un reparto en el que, por cierto, coinciden cuatro generaciones en el escenario, hay que señalar la magnífica labor del barítono Jean-Philippe Lafont, en el papel del marido que no quiere ver la realidad y que cuando ya no puede negar más la evidencia, termina matando a su hermano como en los mejores melodramas. Lafont dió vida a Golaud de manera excelente y lo mismo puede decirse del bajo alemán Franz-Josef Selig que cantó de forma impecable al abuelo Arkel. Birgitta Svendén "leyó" muy bien su carta del primer acto y la soprano argentina Fabiola Masino cantó también de forma brillante a Yniold. Como comprenderán ustedes, encontrar a seis cantantes solventes y de magnífico nivel encima de un escenario, no es algo habitual en los días que corren, así que el éxito musical es de los reseñables con negrita, a pesar de que a la orquesta le faltaba más de un toque de refinamiento francés.He dejado para el final los espectaculares decorados y la dirección de escena. Christian Fenouillat creó un escenario desnudo en el que el agua era otro protagonista. Un escenario ajustado perfectamente a la caja del teatro y en el que los movimientos de las tarimas flotantes de madera no hacían ruido alguno, lo que después de las últimas producciones que hemos sufrido era absolutamente de agradecer.Los trece cuadros eran de gran belleza, con una luz tenue y difusa que acentuaba el misterio y con una dirección de actores muy cuidada por parte de Patrice Caurier y Moshe Leiser. Naturalmente tengo que contarles la anécdota, que no es otra que la de que María Bayo canta algunas escenas dentro de una piscina, con el agua calentada a 37º centígrados por exigencia de la soprano, lo que me parece muy normal. Una escena en la que, según sus propias palabras, ha llegado a sentirse muy cómoda pese a sus comprensibles reticencias iniciales. Más allá de la anécdota, el final de la ópera es de una plasticidad brutal. Todos los cantantes abandonan el escenario lentamente, cada uno por su lado, dejando el cuerpo inerte de Mélisande abandonado y en una soledad estremecedora.Después de esa última caída del telón, a mí lo que me pedía el alma era tomarme mi tiempo antes de aplaudir, para recuperarme de la ópera, pero eso, señoras y señores, en Madrid no es posible. A todo el mundo le entran las prisas y lo que quieren es salir de allí cuanto antes, así que aplausos rapiditos para todo el mundo, especialmente para Bayo, aunque yo sigo pensando que se merecían todos bastantes más. El Sr. Sacau y yo, nos quedamos con las ganas de aplaudir otro rato, pero como no fue posible nos fuimos a saludar a María Bayo a su camerino que nos recibió tan encantadora y tan "divina" como siempre.Referencias discográficasLas grabaciones del Pélleas se remontan, según mis noticias, a 1928. Sin embargo, el último registro del que tengo una referencia completa es de 1941, ya que de la del 28 sólo se que el director era Georges Truc y que el sello discográfico es VAIA.Además de la grabación de Victoria de los Angeles con Cluytens, en mi opinión de absoluta referencia, los primeros años setenta nos dejaron también grabaciones notables.El orden de los personajes es el siguiente: Pélleas, Mélisande, Golaud, Arkel, Geneviéve e Yniold.1996 Théruel, Delunsch, Arapian, Bacquier, Jossoud y Golfier. Choeur Régional Nord-Pas de Calais; Orchestre National de Lille. Jean-Claude Casadesus. NAXOS.1991 Le Roux, Ewing, Van Dam, Courtis, Ludwig y Paze. Staatsoper Chor und Wiener Philharmoniker. Claudio Abbado. D.G.1990 Henry, Alliot-Lugaz, Cachemaille, Thau, Carlson y Golfier. Choir & Symphony Orchestra of Montreal. Carles Dutoit. DECCA.1986 Ollmann, Von Stade, Bröcheler, Ghiaurov, Linos y Paze. Coro e Orchestra alla Scala, Milan. Claudio Abbado. OPERA D'ORO.1981 Tappy, Yakar, Huttenlocher, Loup, Taillon y Alliot-Lugaz. Choeur et Orchestre de l'Opera de Montecarlo. Armin Jordan. ERATO.1978 Dormoy, Command, Bacquier, Soyer, Taillon y Pouradier-Duteil. Ensemble Vocal de Borgoña; Orchestre de l'Opera de Lyon. Serge Baudo. RCA.1978 Stilwell, Von Stade, Van Dam, Raimondi, Denize y Barbaux. Chor und Berliner Philharmoniker. Herbert von Karajan. EMI.1971 Gedda, Donath, Fischer-Dieskau, Meven, Schiml y Gampert. Chor und Orcherter der Bayerischer Rundfunk. Rafael Kubelik. ORFEO.1970 Shirley, Södeström, McIntyre, Ward, Minton y Britten. Choir and Orchestra of the Royal Opera House, Covent Garden. Pierre Boulez. SONY.1965 Maurane, Spoorenberg, London, Hoekman, Veasey y Brédy. Choeur et Orchestre de la Suisse Romande. Ernest Ansermet. DECCA.1956 Jansen, de los Angeles, Souzay, Froumenty, Collard y Ogéas. Choeurs Raymond St. Paul; Orchestre National de la RTF. André Cluytens. EMI Testament1954 Häfliger, Schwarzkopf, Roux, Petri, Gayraud y Sciutti. Coro e Orchestra della RAI, Roma. Herbert von Karajan. ARKADIA1954 Maurane, Micheau, Roux, depraz, Gorr y Simon. Choeur Elisabeth Brasseur; Orchestre des Concerts Lamoureux. Jean Fournet. PHILIPS1952 Mollet, Danco, Rehfuss, Vessières, Bouvier y Wend. Choeur et Orchestre de la Suisse Romande. Ernest Ansermet. DECCA1945 Singher, Bidu, Tibbett, Kipnis, Harshaw y Raymondi. Choir and Orchestra of the Metropolitan Opera House, Nueva York.Emil Albertovic Cooper. NAXOS HISTORICAL1941 Jansen, Joachim, Etcheverry, Cabanel, Cernay y Ben Sedira. Orchestre et Choir de la Societé des Concerts du Conservatoire de Paris. Roger Desormière. EMI

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