Memoria viva

Escrito en la Historia

Jaime Conde-Salazar

lunes, 12 de mayo de 2008
La danza teatral reciente en nuestro país no puede entenderse sin Delfín Colomé. El relato de la historia oficial y tradicional de la danza, ha privilegiado siempre la figura del artista que suele aparecer como el héroe que logra cambiar la realidad con sus creaciones y su visión del mundo. Sin duda, la imagen es aproximada, pero no podemos olvidar que, a la sombra del artista, en una posición mucho menos visible, están también los espectadores que, en algunos casos llegan a participar de tal modo en los movimientos artísticos que éstos serían incomprensibles si no tuviéramos en cuenta su mirada, su presencia implícita. En este sentido, Delfín Colomé es uno de esos espectadores que cambiaron la realidad de la danza teatral en nuestro país. Cualquiera que haga un repaso por sus artículos y críticas en la mítica Dansa 79, en Por la Danza, en Mundoclásico.com y, últimamente en SuzyQ se dará cuenta de inmediato que su brillante y sagaz mirada ha acompañado todas las peripecias de la danza teatral en nuestro país. A través de sus ojos, de su capacidad de apasionarse lo mismo por una actuación de Nureyev que por el último proyecto de La Ribot, se puede entender esa posición heterogénea y desprejuiciada que dio lugar a esa idea de contemporaneidad difícilmente clasificable que ha caracterizado la danza en nuestro país en los últimos treinta años. En un país en el que aún hoy es tan difícil tener acceso a las cosas importantes que ocurren en la danza, la mirada de Delfín Colomé nos trajo noticias de todo el mundo y nos regaló la posibilidad de imaginar nuevas definiciones de la danza. Ante todo, nos enseñó a mirar y a ser libres a la hora de participar del hecho teatral. Y esa libertad era la misma que hizo a los artistas concebir otras maneras de bailar y crear danza.

Delfín Colomé es también una figura fundamental en la historia de la danza por su escritura. Cuando en nuestro país era mucho más raro que hoy ver a Carolyn Carlson o a Pina Bausch (por poner dos ejemplos) pudimos recurrir a El Indiscreto Encanto de la Danza (Turner, 1989), y encontrar en las líneas impresas los fundamentos de aquellos proyectos que aún hoy siguen modelando la danza teatral en Europa. Su escritura, al igual que su mirada, era tan afilada como libre. Delfín Colomé comenzó a escribir cuando se estaban fraguando los límites de la disciplina que luego se denominó “Estudios de Danza”. Y bien podría haberse dejado llevar por esos discursos académicos que, hoy en día, han transformado la escritura sobre danza en algo inerte e incapaz de inspirar ningún placer. Pero no fue así, y pronto supo esquivar la pesadez de la figura de la autoridad académica: su compromiso con la alegría de escribir no flaqueó nunca. En ese sentido, su escritura estaba totalmente ligada a la vida y por eso tenía que ser libre. Parecía tener muy claro que hablar de danza debía ser una fiesta, no un acto de penitencia. Evidentemente esto no quiere decir que no creyera absolutamente necesario que la danza se convirtiera en objeto de estudio académico. No podemos olvidar que durante más de diez años dirigió Cairon (la única publicación académica dedicada a la danza de nuestro país) que fundó junto a Estrella Casero y a Xoán Carreira, logrando contar en su Consejo Editorial con autoridades como Lynn Garafola, Janet Adshead-Lansdale o Claudia Celi. Y no podemos olvidar tampoco que su tesis doctoral sobre la relación de la modern dance estadounidense con la Guerra Civil Española, abrió muchas vías para repensar la definición de modernidad que hasta ahora se había aplicado a la danza en nuestro país. Como demostró a lo largo de su vida y muy especialmente en su último libro Pensar la danza (Turner, 2007), la escritura académica sobre danza puede sostenerse en una investigación sólida y, al mismo tiempo, concebirse como un auténtico placer. Así que también, nos enseñó a escribir.

Como decía al principio, la danza teatral reciente en nuestro país pasa, en muchos sentidos, por los ojos y los dedos de Delfín Colomé. Y cualquiera que hoy decida emprender la ardua tarea de escribir una historia de la danza en el Estado Español, tendrá la fortuna de tener que trabajar ineludiblemente con todos sus textos y emprender con él todos los paseos alucinantes a los que nos invitó en su escritura.

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