España - Cataluña

Wernike, el cocodrilo y la Rosetta

María Rosa Capell

viernes, 22 de junio de 2001
Barcelona, martes, 19 de junio de 2001. Gran Teatre del Liceu. Giulio Cesare, ópera en tres actos, adaptada por Herbert Wernicke en versión libre que incluye fragmentos de Rinaldo, Orlando y Tolomeo de Händel. Libreto de Nicola Francesco Haym, basado en la obra de G. F. Bussani Música de Georg Friedrich Händel. Giulio Cesare: Ann Murria; Curio: Enric Serra; Cornelia: Ewa Podlés; Sesto: Petia Petrova ; Cleopatra: Ángeles Blancas; Tolomeo: Christopher Robson ; Achilla: Lynton Black; Niren: Itxaro Mentxaka; Cocodrilo: Héctor Manzanares; Dirección musical: Harry Bicket; Dirección de escena, escenografía y vestuario: Herbert Wernicke; Reposición: Björn Jensen; Iluminación: Hermann Münzer; Dramaturgia: Xavier Súber; Asistente de dirección de escena: Joan Anton Rechi; Asistente de escenografía: Jens Jürgen Fiedler. Coproducción: Gran Teatre del Liceu / Theater Basel. Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu. Dirección del coro: William Spaulding. Aforo 100% de ocupación.
Siempre que Wernicke nos ofrece una obra ya sabemos que aunque pertenece al autor está pasada por su cedazo personalísimo, afectando tanto la forma como el fondo pero sin astillar la intención básica. En esta ocasión ha suprimido algunos recitativos y arias y añadido otras procedentes de sus óperas Rinaldo, Orlando y Tolomeo. Costumbre esta, por otra parte, utilizada ya en época del compositor.El espacio, lleno de alegorías, en el cual transcurre la acción es sobre una base fiel reproducción de la piedra Rosetta (que permitió al egiptólogo francés Champollion en 1822 descifrar los primeros jeroglíficos). Nexo de unión por el cual occidente es capaz de adentrarse en el mundo mágico de Egipto, y, si no descifrar todos los enigmas, sí intentar comprender lo que llegó a ser ese cultivado y avanzado Imperio.Encima, un espejo de igual forma y dimensiones hace las funciones de techo, como queriendo comunicar el reflejo de un mundo situado al otro extremo donde las imágenes son opuestas y paralelas a un tiempo. Dos mundos con realidades y ansias semejantes.Una piedra Roseta que se ciñe al suelo y otra que se eleva en el cielo, y que por momentos se cierne físicamente sobre los personajes como losa provocadora de una realidad cambiante, ya enemiga y amenazante, ya afable y cómplice del entorno, en donde la luz es el complemento vital que proporciona y refuerza las sensaciones y cambios de ambiente. Una estética de claroscuros y contraluces que refuerza la especial plasticidad en el escenario.Dentro de este espacio los personajes transmiten todo ese cúmulo de emociones que el autor supo equilibrar de manera excelente tanto en sus protagonistas como en la inteligente música que les proporciona.Wernike integra el tiempo en el espacio dando una concepción intemporal de la historia por medio del vestuario de los integrantes. Los soldados del Cesar son componentes del ejercito hitleriano, admirador del imperio romano, Cleopatra inicia su entrada rememorando la lujosa corte versallesca, los acompañantes de Tolomeo son árabes al estilo mahometano, Cornélia, la afligida matrona romana, nos traslada a la rígida corte castellana, el director utiliza toda esta discrepancia para reforzar los personajes más que para dar una unidad de época. Todos están acompañados en todo momento por un cocodrilo recurrente que pasea como símbolo del agreste y enigmático Nilo, fuente de todo el devenir de Egipto. Al final de la obra el coro es representado por una multitud de turistas como integradores finales del nunca acabado interés por la subyugante cultura egipcia.Ante tanto escenario ecléctico se apostó una dirección clásica al estilo barroco, Harry Bicket supo conformar una orquesta de época con integrantes de la orquesta de la casa que le dio muy buenos resultados. El ritmo vivo y sincopado fue muy bien amparado por los integrantes del foso y sacó de ellos unos solos de muy buena factura. También en los números ejerció un cuidado equilibrio y conciliación.El cast era cuidado, Ann Murray es una mezzo que tiene el panorama musical convencido, aunque en el personaje de Cesar no estuvo ayer a la altura de sus mejores trabajos ni de sus oponentes, el difícil estilo barroco se le atascaba en algunos momentos y la voz no llegaba con la fuerza que se le supone a un conquistador de imperios. Como decía, no llegó al mismo nivel que sus oponentes especialmente al de Ángeles Blancas, una Cleopatra de estilo y voz exquisitos, que dotó a su personaje de intención y sentimiento, el registro poderoso, bien proyectado y apoyado en los dos extremos, ajustando con habilidad agilidades y adornos, con unos saltos de octavas en los que no mostraba sufrimiento alguno, en el aria Se pietà de mi nono senti hizo tal gala de estilo y expresión que el publico estalló en aplausos, en fin que su gusto y criterio al abordar el personaje sorprendieron gratamente lo que la hizo la triunfadora de la noche pasando por encima incluso de la excelente Ewa Podlés que como Cornelia presentó con aflicción a esa abatida mujer llena de desgracias y adversidades. En su primera aparición Priva son d'ogni conforto ya impresionó con su voz de timbre oscuro broncíneo, de tono cavernoso, confiriéndole unos efectos prodigiosos, como salida del fondo de la tierra virtudes que la hacen una de las mas personales y seductoras cantantes del panorama internacional, lo que junto con una buena actuación hace de ella siempre un valor seguro.Muy buena conjunción de voces se le oyó junto su hijo Sesto, en manos de Petia Petrova, cantante que ya es asidua de este escenario y que nos proporcionó con este hijo, que jura venganza a cada paso, su mejor personaje en estas tablas, supo dar un estilo esmerado con buen control de todos los recursos del género. El perverso hermano de Cleopatra, Tolomeo fue adjudicado esta vez a un contratenor, una idea excelente en el fondo pero junto a voces a toda expansión, el registro de cabeza de Christopher Robson quedó insuficiente en intensidad y sobretodo en proyección, que no en estilo del que es experto sirviendo momentos verdaderamente singulares en el registro. Achilla, su engañado general, nos vino de la mano de Lynton Black, con una interpretación muy acomodaticia a las variadas circunstancias del personaje que iba de la aflicción al humor expresado con voz amplia e intencionada. También estuvieron muy adecuados en su papel Enric Serra como Curio e Itxaro Mentxaka como Niren. Especial mención he de hacer del magnifico cocodrilo de Héctor Manzanares con una apariencia tan real por sus naturales movimientos que daba la impresión que acababan de traerlo del sagrado río.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.