Argentina

Permanente semillero

Patricia Casañas

miércoles, 17 de septiembre de 2008
Buenos Aires, martes, 19 de agosto de 2008. Teatro Municipal Gral. San Martín. Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Director: Mauricio Wainrot. Programa: Tangos golpeados, coreografía de Alejandro Cervera, música de Juan José Castro y Jorge Grela; El escote, coreografía de Roxana Grinstein, música de Martín Pavlovsky; Anna Frank, coreografía de Mauricio Wainrot, música de Béla Bártok (Música para cuerdas, percusión y celesta). Segundo programa del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín
En una función especial organizada por la Fundación Amigos del Teatro San Martín, fue presentado el segundo programa del Ballet Contemporáneo. De este modo, la Fundación recauda fondos para sostener la producción de los espectáculos que se estrenan en el Complejo Teatral de Buenos Aires, integrado por los teatros San Martín, Presidente Alvear, Regio, De la ribera y Sarmiento. En esta ocasión, el objetivo de la recaudación fue equipar la nueva sala de ensayo de la compañía de Ballet. Al presentar esta función la presidenta de la Fundación, Eva Thesleff de Soldati, destacó la calidad de las propuestas del Complejo Teatral y agradeció tanto a los colaboradores de la entidad como a los esponsors el permanente apoyo que brindan a sus actividades.

A esta altura, es indudable que el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín es un permanente semillero de los mejores elementos de su especie. El año pasado se produjo una conflictiva salida de muchas de sus excelentes figuras, cuestionable medida que tomó la dirección del Teatro en conjunto con la dirección del Ballet, por su reclamo de derechos laborales. Por este motivo, la compañía muestra ahora una obligada renovación que si bien en algún punto va en detrimento de la unidad del conjunto (aún falta asentamiento escénico y artístico en los nuevos integrantes), pensamos que con el tiempo tal escollo será superado.



Se levantó esta vez el telón para ofrecer tres obras de otros tantos coreógrafos argentinos, todas muy diferentes tanto en su propuesta como en su resultado. Tangos golpeados traduce las sensaciones que cuatro tangos de Juan José Castro provocaron en el coreógrafo Alejandro Cervera. Cervera conjugó las evoluciones de once bailarines masculinos descalzos y una bailarina con una serie de imágenes filmadas referidas a los golpes militares sufridos por nuestro país, más la inclusión de piano y pianista en vivo como un elemento más integrado a la escena. Los bailarines musitan palabras, discusiones, protestas, empuñan ametralladoras, caen desplomados bajo descargas imaginarias, interrumpiendo continuamente su caos una figura blanca. La temática no es novedosa, y mucho menos el remanido recurso de apelar a algún fragmento del Requiem de Mozart como complemento del tema, pero sirvió para destacar la excelencia de los bailarines del elenco. Mención aparte cabe para la excelente interpretación de la pianista Haydée Schwartz, incorporada a la escena mediante una plataforma móvil accionada por los bailarines.



La inquietante creación de Roxana Grinstein El escote fue, sin duda, lo más logrado de la noche. Grinstein consigue que los descabezados cuerpos de cuatro bailarinas se tornen elementos desconocidos y hasta siniestros para el espectador, contando para ello con un efectivo recurso lumínico y con uso de la cámara negra, que por ejemplo hace que los dos bancos que integran la escueta escenografía queden suspendidos en el aire. Los únicos rostros, además del de un bailarín que hace las veces de observador, pueden adivinarse dibujados por la musculatura de la espalda; las formas trapezoidales creadas con un simple desplazamiento de los hombros, y el indiscutido protagonismo del escueto vestuario (mallas rojas con escote en su parte posterior), que sugiere la confusión entre anverso y reverso, son algunos de los interesantísimos aciertos visuales de la coreógrafa argentina, magníficamente traducidos por los intérpretes.



Estrenada en 1984, Anna Frank es una de las obras desde las cuales Mauricio Wainrot ha alzado su voz contra la intolerancia, la arbitrariedad y el poder. La historia de la joven que en su diario dio cuenta del encierro que vivió su familia durante más de dos años hasta su apresamiento y asesinato por los nazis, es narrada por Wainrot con un lenguaje teatral convincente, pero algo falto de fuerza en el final. Aún así, rescatamos la entrega de todo el elenco, en cuanto a recursos técnicos y actorales, en especial de la joven Ivana Santaella, conmovedora como la protagonista.

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