Chile

Una apuesta ambiciosa y atractiva

Alberto Rosas
lunes, 22 de septiembre de 2008
Santiago de Chile, martes, 26 de agosto de 2008. Teatro Municipal de Santiago. Gaetano Donizetti: La Favorite (versión francesa). Ópera en cuatro actos con libreto de Alphonse Royer, Gustave Vaez y Eugene Scribe. Regie, escenografia, vestuario e iluminación: Hugo de Ana. Asistente de Regie: Filippo Tonon, Guillermo Nova, Rodrigo Navarrete. Coreografía: Tamara Hiriyak. Elenco: Adriana Mastrangelo (Leonora de Guzmán), Mario Zeffiri (Fernando), Omar Carrión (Alfonso XI), Felipe Bou (Baltazar), Iván Rodríguez (Don Gaspar), Paola Rodriguez (Inés). Maestra preparadora: Hilda Cabezas-Grabner. Coro del Teatro Municipal, Director: Jorge Klastornick, Orquesta Sinfónica de Santiago, Director: José Luis Domínguez. Temporada de Ópera 2008
0,0003059 La Favorite de Donizetti, en su poca representada versión francesa, fue una de las apuestas más ambiciosas y atractivas para ser representada por el Teatro Municipal de Santiago dentro de su temporada 2008. La ópera del célebre compositor belcantista fue estrenada en Chile en el Teatro de la Republica de Santiago, en el año de 1856, y tan solo dos años mas tarde (1858), llegó al escenario del Teatro Municipal. La ópera gozó de cierta popularidad entre el publico del Municipal ya que ahí fue escenificada 23 ocasiones mas entre los años de 1865 y 1924, cuando fue vista por ultima vez. Cabe señalar que en todas sus representaciones en este país, la ópera fue ofrecida como La Favorita, en su versión en lengua italiana. Aun así, se puede afirmar que la ópera vuelve a reencontrarse con el público del Municipal después de una larga ausencia de 84 años.

La obra, cuyo estreno absoluto se llevo a cabo en la Académie Royale de Musique, el 2 de diciembre de 1840, fue el resultado de la mutua atracción que existía en esa época, entre las instituciones musicales parisinas y los compositores italianos. Sin embargo, cuando Donizetti compuso óperas al estilo francés, no modificó su estilo como si lo hicieron Rossini en Guillaume Tell o Verdi en Don Carlos, pero si tomó en cuenta los ritmos y timbres de la lengua francesa y le agregó un ballet en el segundo acto, dotando a esta ópera de un cierto refinamiento y elegancia que la diferencian de sus obras italianas.

En términos artísticos, la puesta escénica fue encomendada al celebre director argentino Hugo de Ana, quien se encargó del montaje en su totalidad, incluido el diseño de la escenografía, vestuario, iluminación y regia. La propuesta se benefició de la experiencia que de Ana posee, y esta fue respetuosa y con estricto apego al lugar y tiempo donde se desarrolla la ópera, que se supone, ocurrió alrededor del año 1340 en Castilla, España. Visualmente, el montaje fue atractivo para el espectador y contó con momentos cargados de estética y plasticidad, en el aprovechamiento al máximo del espacio del escenario para el acomodo, desplazamiento y despliegue del coro y los cantantes. En el centro del escenario, colgaba un enorme crucifijo, que contribuyó a resaltar y enfatizar el carácter solemne, histórico, monárquico, dramático y religioso que la trama contiene.

 

Omar Carrión e Ivan Gonzalez (Alphonse y Don Gasparo)
Cortesía del Teatro Municipal de Santiago

En la orilla del proscenio, entre los cantantes y el foso, se colocó una delgada y tenue cortina sobre la cual se proyectaron imágenes virtuales de la arquitectura, castillos e imágenes alusivas a la época y el lugar donde se desarrollaba la trama. De no haber sido por la radiante y reluciente iluminación utilizada, este recurso hubiese sido fútil y la mayoría de las escenas se hubiesen llevado a cabo en tinieblas. Otro detalle a destacar, fue que se mantuvo el ballet del segundo acto, aunque con una coreografía poco interesante.

Como en la mayoría de las óperas belcantistas, prevaleció el canto, y esto fue gracias al optimo y homogéneo elenco que fue conformado para la ocasión, y que encabezó la mezzosoprano Adriana Mastrangelo, quien dio vida a una expresiva y femeninamente frágil Leonor, que actuó con los elementos necesarios para darle credibilidad al personaje como la tensión, la consternación y la penitencia. Vocalmente, su canto es amplio y claro y su timbre seductor y calido, cualidades que pudo plasmar en la interpretación de su aria ‘O mon Fernand’.

El tenor Mario Zeffiri, personificó un apasionado Fernand que demostró musicalidad en su canto.

 

Omar Carrión y Adriana Mastrangelo (Alphonse y Leonor)
Cortesía del Teatro Municipal de Santiago


Por su parte, el baritono argentino Omar Carrión mostró una encomiable compenetración con el personaje de Alphonse por su capacidad actoral y porte. Sus intervenciones vocales fueron ampliamente satisfactorias gracias a su elegante fraseo, su adecuada proyección y su refinado estilo musical. El padre superior Baltazar se benefició de la presencia del bajo español Felipe Bou, quien dio profundidad y fuerza dramática al personaje, por su convincente y autoritario desenvolvimiento artístico, y su penetrante y uniforme voz de rico tono oscuro.

Tanto Iván Rodríguez como Don Gaspar y Paola Rodríguez como Inés, y el coro del teatro, cumplieron cabalmente con sus asignaturas. El joven director de orquesta chileno José Luis Rodríguez logró el equilibrio anhelado en toda función entre todas las fuerzas artísticas, orquesta y cantantes, con adecuados tiempos y entradas, y una lectura armoniosa y agradable de la hermosa orquestación.
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