Austria

En la ciudad de la opereta, Domingo reinó en una zarzuela

Gerardo Leyser

miércoles, 24 de septiembre de 2008
Viena, lunes, 7 de julio de 2008. Theater an der Wien, Luisa Fernanda, zarzuela de Federico Moreno Torroba (1932). Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw. Dirección escénica y escenografía: Emilio Sagi. Vestuarios: Pepa Ojanguren. Elenco: María José Montiel (Luisa Fernanda), Plácido Domingo (Vidal Hernando), Patricia Petibon (La duquesa Carolina), Israel Lozano (Javier Moreno), Raquel Pierotti (Mariana), María José Suárez (Rosita), Federico Gallar (Don Luis Nogales), Joel Prieto (El Saboyano), David Robinson (Aníbal), Gregorio González (Bizco Porras), Jorge Luis Nazrala Favier (Don Lucas/Un Capitán). Coro Arnold Schoenberg (dirección: Erwin Ortner). Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena. Dirección musical: Josep Caballé Domenech. Coproducción del Theater an der Wien con el Teatro Real de Madrid, la Washington National Opera y Los Angeles Opera
Por obvias razones de tradición e idioma, muy pocas veces se montan zarzuelas en Viena. No obstante, esta temporada, el Theater an der Wien incluyó Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, en su programa estival. Se trató de una coproducción con el Teatro Real de Madrid, la Washington National Opera y Los Angeles Opera. Ambos teatros líricos norteamericanos se encuentran bajo la dirección de Plácido Domingo, cuyos padres cantaron, en su tiempo, las partes de Luisa Fernanda y Vidal Hernando, respectivamente, en la propia compañía de Moreno Torroba. Posteriormente, el matrimonio Domingo se radicó en México donde fundó una compañía de zarzuela. Es allí que su hijo Plácido inició su carrera de cantante, hecho del que se desprende su interés por el género que lo llevó a coproducir este montaje y a participar de manera activa en el proyecto, en calidad de cantante.

En esta producción, no sólo Domingo sostiene una relación personal, o de historia familiar, con esta zarzuela sino que también es el caso del director de escena y escenógrafo Emilio Sagi, ya que su abuelo cantó la parte de Vidal Hernando el día del estreno de Luisa Fernanda, en 1932.

En lo que atañe a la escenografía, Sagi emplea líneas muy claras. En cuanto a los colores que emplea, dominan los claroscuros en negro, gris, amarillo y blanco. Describe los interiores y exteriores con la mayor sencillez. Unos pocos enseres en el escenario (sillas, mesas, un árbol, en el último acto, etc. ), dan la pauta de si se trata de un interior o un exterior ya que la escenografía no presenta referencias edilicias, salvo la presencia de una maqueta de unos dos metros de largo, un metro de profundidad y aproximadamente medio metro de altura, situada a la derecha del escenario, que reúne algunos edificios y monumentos característicos detrás de los cuales, escrito en letras grandes, recortadas en madera, el nombre de Madrid elimina toda duda, si la hubiera, en cuanto al lugar en el que transcurre la acción de los dos primeros actos. Esta decorativa maqueta desaparece, lógicamente, al trasladarse la acción a la dehesa de Vidal Hernando en Extremadura.



Fotografía © 2008 by Armin Bardel

Los exquisitos vestuarios creados por Pepa Ojanguren, cuyo estilo corresponde a la época en que se desarrolla la acción, se ajustan muy bien, sobre todo en lo que a colores se refiere, a la propuesta escenográfica de Sagi.

Gracias a la escenografía despejada, la dirección de actores (igualmente de Sagi) adquiere mayor relevancia puesto que nada distrae al espectador de lo que ocurre entre los personajes y en lo tocante a la evolución de las relaciones que cunden entre la bella Luisa Fernanda, el joven Javier Moreno, el maduro Vidal Hernando y la duquesa Carolina.

En este montaje, el aspecto político queda relegado a un segundo plano y sirve, sobre todo, para mostrar la volatilidad de Javier Moreno en su interacción con la duquesa. El planteo que Sagi hace respecto de la situación emocional de Luisa Fernanda es interesante. La joven se siente genuinamente atraída por el hombre maduro y serio que es Vidal Hernando, a tal punto que al final de la zarzuela el público no la ve marcharse con Javier Moreno. Luisa se detiene en medio del escenario en actitud dubitativa. En final, al caer el telón, cada espectador podrá decidir por sí mismo lo que ocurrirá, aunque la intención de Sagi se inclina decididamente hacia un final en que Luisa Fernanda opta por quedarse con Vidal Hernando. Este planteo enaltece al personaje de Luisa Fernanda, en cuanto que no sigue al hombre mayor únicamente por una cuestión de interés económico, ni por despecho hacia Javier Moreno, sino que realmente se siente atraída por Vidal.



Fotografía © 2008 by Armin Bardel

Para la realización de esta acertada dirección escénica, Sagi cuenta con estupendos cantantes que son además esmerados actores. Encabezando el elenco, Plácido Domingo tuvo el buen tino de cantar la parte de Vidal Hernando (barítono alto) en lugar de la del tenor Javier Moreno. A esta altura de su carrera Domingo tiene totalmente conquistado al público vienés y ello con toda razón. Se trata verdaderamente de un cantante de gran inteligencia dotado de una insigne musicalidad y de gran calidad expresiva, cuya voz sigue conservando las características notables que lo llevaron a la merecida fama mundial. Su presencia, sobre el escenario cautiva, de inmediato, tanto al público como a sus colegas en el escenario. Su Vidal Hernando es humano, intenso y convincente. Se entiende por qué la joven Luisa Fernanda, muy bien representada por la mezzosoprano María José Montiel, se encuentra genuinamente atraída por esta persona.

Otra muy interesante actuación fue aquella de la cantante francesa Patricia Petibon, cuya presencia escénica es arrolladora. Esta sobresaliente artista vocal y brillante actriz, brindó una versión muy lograda de la condesa Carolina, una verdadera 'conquistadora' con aires de gran dama.



Fotografía © 2008 by Armin Bardel

El tenor madrileño Israel Lozano, premiado en la Operalia 2003 (el prestigioso concurso de canto fundado por Plácido Domingo), cantó con gran soltura la parte de Javier Moreno. Muy seguro en su emisión, con evidente facilidad en los agudos, dominó muy dignamente esta parte que otrora cantara su compatriota. Hay que reconocer que, desde el punto de vista psicológico, no ha de ser fácil para un tenor compartir el escenario con nada menos que Plácido Domingo, y ello a pesar de que Domingo es reconocido por ser un excelente colega, siempre dispuesto a brindar apoyo.
 
En este elenco, descollaron además, en partes comprimarias, la excelente mezzosoprano uruguaya Raquel Pierotti, en la parte de Mariana, y el tenor Joel Prieto (de padre puertorriqueño y madre madrileña), en la parte de El Saboyano, un joven tenor de hermosa voz, excelente emisión e intensa presencia escénica, que se encuentra en los albores de lo que habrá de ser una importante carrera. También deben destacarse las actuaciones de María José Suárez (Rosita), Federico Gallar (Don Luis Nogales), David Robinson (Aníbal) y el resto del elenco completado por solistas del coro Arnold Schoenberg.

Al frente de este notable conjunto de cantantes, de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena y el Coro Arnold Schoenberg (preparado por Erwin Ortner), se destacó por su gran aplomo, conocimiento del estilo y musicalidad, el joven director musical Josep Caballé Domenech (no tiene relación de parentesco con la soprano Montserrat Caballé) quien en esta temporada entrante actuará además en la Volksoper (Opera Cómica) de Viena.

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