Uruguay

Butterfly en Montevideo

Gustavo Gabriel Otero

viernes, 26 de septiembre de 2008
Montevideo, sábado, 20 de septiembre de 2008. Teatro Solís. Giacomo Puccini: Madama Butterfly. Ópera en tres actos. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Massimo Pezzutti, dirección escénica. Juan Carlos Greco escenografía e iluminación. Stella Maris Müller, diseño de vestuario. Producción escénica del Teatro Argentino de La Plata. Eiko Senda (Madama Butterfly), César Augusto Gutiérrez (Pinkerton), Alejandra Malvino (Suzuki), Federico Sanguinetti (Sharpless), Gerardo Marandino (Goro), Ariel Cazes (Tío Bonzo), Daniel Romano (Príncipe Yamadori), Natalia Brignadello (Kate Pinkerton), Marcelo Otegui (Comisario Imperial), Nicolás Zecchi (Oficial del Registro). Coro del Teatro Solís. Director del Coro: Ignacio Pilone. Orquesta Filarmónica de Montevideo. Dirección musical: Martín Lebel
Siempre para un habitante de Buenos Aires es un placer cruzar el Río de La Plata para pasar un tiempo en Montevideo. La proverbial cordialidad uruguaya sigue existiendo, la vida con menos apuro, también. Además la estadía en el Teatro Solís y la visión de su magnífica restauración es una buena excusa para pensar en algunas imposibilidades argentinas, en la tradicional hermandad entre uruguayos y argentinos -turbada desde hace algunos años por un puñado de militantes supuestamente ecológicos y por un gobierno argentino inoperante- y también para meditar sobre las ventajas de la colaboración y de la coproducción, en este caso con el Teatro Argentino de La Plata que aportó al Solís su producción escénica de la ópera que subía a su escenario.

La producción

Juan Carlos Greco diseñó una bella casa japonesa rodeada por piedras y cañas, una gran plataforma central y dos grandes escaleras que enmarcaron toda la acción. El prolijo y suntuoso vestuario de Stella Maris Müller apoyó una buena construcción visual, mientras que la iluminación, surgida de las ideas de Greco resultó excelente, con cambios de climas que variaron entre el rojo, el verde y los azules, en distintos momentos de la representación. Estos elementos, como ya mencionamos, provinieron del Teatro Argentino de la Plata (república Argentina) dentro del marco de la red de teatros e instituciones culturales de Latinoamérica que forman la denominada OLA (Ópera Latino América) y que permite este fértil intercambio de producciones.



Momento de la representación
© 2008 by Teatro Solís-FototecaSur

El puestista italiano Massimo Pezzutti logró una marcación actoral casi perfecta, su concepción está surcada de detalles que se resuelven coherentemente con el devenir de la acción, así una bandera norteamericana que dos marineros traen en la escena del casamiento, es en el segundo acto testigo de la supuesta vida americana de la protagonista y en el tercero es el elemento que utiliza para atarse las piernas en su suicido ritual. Se evidencia gran prolijidad en el movimiento de masas y perfecta coherencia en la acción. Muy interesante fue, durante el interludio entre los actos dos y tres, la recreación de lo que podríamos llamar ‘el sueño de Cio-Cio-San’ donde la protagonista se encuentra con Pinkerton y le da a conocer a su hijo; de esta manera el público se hace partícipe de la ilusión de Butterfly, que minutos después se hará añicos.

La versión musical

El maestro francés Martín Lebel efectuó un excelente trabajo de concertación logrando equivalente respuesta por parte de los profesores de la Orquesta. Su versión fue prolija y muy contenida, sin desbordes pero a la vez sin frialdad; poniendo de relieve permanentemente la paleta de orquestador de Puccini y sus detalles instrumentales. Cuidadoso en el balance entre el foso y la escena redondeó una gran versión musical.



A. Malvino y E. Senda
© 2008 by Teatro Solís-FototecaSur

La soprano japonesa Eiko Senda volvió a poner en evidencia su amplio conocimiento, compenetración y amor con la parte de Cio-Cio-San. Su canto tiene el necesario nervio italiano pero a la vez una sutileza digna de encomio. Enamorada en el primer acto, esperanzada en el segundo y quebrada en el tercero su crecimiento dramático, a medida que avanza la representación, es intenso sin dejar de lado un canto prolijo y sin desbordes innecesarios. Actoralmente compenetrada, su lugar de nacimiento le da una ventaja de conocimiento de movimientos que la hacen ideal para el rol.

El tenor colombiano César Augusto Gutiérrez compuso un Pinkerton bastante simpático para lo que es el personaje. Sabe cantar con estilo y administrar inteligentemente sus medios vocales. Su volumen es pequeño pero su timbre es muy grato. A un inicio un poco exigido, quizás debido a los nervios y a la habitual frecuentación de un repertorio más ligero, fue creciendo a medida que avanzó el primer acto para lograr concluir en buena forma el dúo final con Butterfly. Su breve intervención en el tercero fue plenamente convincente con el punto más alto en el arioso ‘Addio, fiorito asil’.

El barítono Federico Sanguinetti compuso un ‘Sharpless’ medido en lo actoral y vocalmente sólido, demostrando un constante crecimiento artístico.

Calidad profesional, depurada línea de canto, graves verdaderos de mezzosoprano y compenetración actoral puso en juego Alejandra Malvino en su ‘Suzuki’, mientras que a su lado también brillaron la potencia vocal del ‘Tío Bonzo’ de Arial Cazes y la actuación de Gerardo Marandino como un viscoso ‘Goro’. Correcto el resto del elenco y de buen desempeño el Coro, que dirigió Ignacio Pilone, aunque haya cantado la letra ‘o’ con la boca abierta en el coro a bocca chiusa.

En suma: una gratísima noche en Montevideo con esta Butterfly.

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