Francia

Rubato ma glissando: el juego de máscaras musical de Pesson y Messager

Sonsoles Hernández Barbosa

jueves, 2 de octubre de 2008
París, jueves, 25 de septiembre de 2008. Maison de l’Architecture (Salle de la Chapelle). Annette Messager / Gérard Pesson, Rubato ma glissando. Intérpretes: François Lazarevitch, flautas dulces / gaita; Ivan Solano, clarinetes; Nicolas Chedmail, trompas; Caroline Delume, guitarras; Sylvain Lemêtre, percusión; Elena Andreyev, violonchelos; Eric Caillou, colaboración técnica. Encargo del Festival de Otoño de París
Nada más atravesar la verja que da entrada al jardín de la Maison de l’Architecture de París para asistir al concierto-performance, al tableau vivant o como queramos llamarlo, producto del encargo del Festival de Otoño de París a la artista plástica Annette Messager y al compositor Gérard Pesson, y pasar por debajo de una hilera de pares de zapatos colgados, nos damos cuenta de que todo un universo poético se abre ante nosotros. En efecto, se trata de esos mismos zapatos atados por los cordones que encontramos colgados del cable de la luz de nuestras ciudades, pero esta vez envueltos en papel de plata e iluminados potentemente. Ya en el jardín y cruzado un caminito engalanado con neones azules, emerge de una bruma espesa un gigante monigote hinchable, lleno de aire y que se mueve a expensas del mismo.

Pero no es hasta el momento de cruzar el umbral de la puerta de la capilla de la Maison de la Architecture cuando se revela la auténtica naturaleza de ese universo poético: un gran teatro de marionetas donde los actores-instrumentistas (más bien multi-instrumentistas) son manipulados desde la tribuna por un equipo de técnicos convertidos en auténticos deus ex machina. Efectivamente, todo lo que en la plataforma móvil instalada en la capilla tiene lugar -y lo que se refleja en las paredes- hace referencia a su condición de mentira, de engaño, de ilusión, y ello trata de manifestarse de manera evidente: las gruesas cuerdas de las que penden instrumentos e instrumentistas, las máscaras que estos portan, los instrumentos musicales inventados o muy inusuales (un complejo sistema de válvulas del que emergen diversos pabellones de trompas hacia lo alto, un corno natural de madera gigante), las figuras de cuento: un hada azul y un pinocho -de nuevo, personaje que valió a la Messager el León de Oro de la Bienal de Venecia de 2005-: la más explícita metáfora de la mentira, vida y muerte a un mismo tiempo.



Rubato ma glissando
© 2008 by Annette Messager


Y, sin embargo, ese espectáculo pantomímico se vuelve metafórico en tanto que remite a una realidad veraz, la que nos quieren revelar los autores, la de nuestras propias vidas manipuladas carentes de voluntad, movidas también a expensas del aire, del vacío, de un vacío que conduce a la deriva. Un universo donde todo a su vez parece inestable, precario, frágil, azaroso, donde la temporalidad, la de la acción y la del discurso musical, semeja estar al margen de todo hilo conductor con voluntad discursiva.

En la puesta en escena, los materiales, procedentes de lo cotidiano -cuño inequívoco de Messager- revelan esta precariedad y esta fragilidad, insistiendo en el contacto con la vida real a modo de objets trouvés, práctica que en lo composicional también es asumida por Pesson. La música parece poner en evidencia esta austeridad tomando como punto de partida lo que Lachenmann denominara “música concreta instrumental”, los sonidos extraídos de la propia materialidad del instrumento, y que se confunden con aquellos procedentes de la maquinaria que soporta el conjunto: crujidos, rozamientos, silbidos. Maquinaria y azar se dan la mano.

A su vez, el elemento personal, humano, se explicita a través del importante contenido orgánico que presenta el conjunto: un desmedido feto colgado, un enorme corazón enrejado, masas viscosas que como fluidos corporales golpean el suelo periódicamente encendiendo la hilaridad del público.

Musicalmente también se produce esta sucesión de momentos contrastantes: a un primer fragmento de austeridad e indefinición sonoras sucede un momento de carácter más lírico para volver finalmente a los intentos bruitistas iniciales, siempre moviéndonos en el terreno de sutilezas que caracteriza a la parrilla armónica de Pesson.

En conjunto, todo ello resulta en una “autobiografía engañosa”; todo es mentira, todo es una pantomima movida por una consciencia ajena y a la vez todo es real y remite a lo más interno del individuo, afectando a su más íntimas facetas. Y en un nivel por encima del deus ex machina de la obra, en el de los creadores, todo encaja, todo parece ser concebido por una única mente integradora de luz, música, escena y tramoya. Messager y Pesson han logrado, en apenas veinte minutos, dar vida a un universo fabulado, imagen de su/nuestro propio universo vital.

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