Uruguay

Una velada satisfactoria

Alberto Rosas

jueves, 16 de octubre de 2008
Montevideo, domingo, 24 de agosto de 2008. Teatro Solís de Montevideo. Il Trovatore, ópera romántica en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Salvatore Cammarano -completada por Leone Bardere-, basado en la pieza teatral El trovador (1835) del dramaturgo español Antonio García Gutiérrez. Regie, escenografía e iluminación: Roberto Oswald. Diseño de vestuario: Aníbal Lápiz. Escenógrafo asociado: Christian Prego. Elenco: Carlo Ventre (Manrico), Sara Galli (Leonora), Luis Gaeta (Conde de Luna), Mariana Pentcheva (Azucena), Ariel Cazes (Ferrando), Sandra Scorza (Inés), Diego Reggio (Ruiz), Andrés Prunell (un gitano), Alberto Fernández (un mensajero). Coro del Sodre. Director: Antonio Domenghini, Orquesta Sinfónica de Montevideo. Dirección musical: Federico García Vigil. Temporada de Ópera 2008. Aforo: 100%
La temporada de ópera que presenta anualmente el Teatro Solís de Montevideo fue inaugurada con una de las obras mas representativas del repertorio lirico italiano, Il Trovatore de Giuseppe Verdi, con lo que completó así, la ‘trilogía popular’ de óperas de este autor, que incluye Rigoletto y La Traviata, óperas que ya fueron escenificadas sobre este escenario en la temporada pasada y en la antepasada. Por tercer año consecutivo, los aspectos artísticos y visuales de la representación fueron encomendados al dúo argentino conformado por Roberto Oswald, quien además de la dirección artística, ideó la escenografía y se hizo cargo de la iluminación, y por Aníbal Lápiz, quien diseño el vestuario.

Tal y como marca el libreto de la obra, la trama se desarrolla en un contexto medieval tardío, concretamente en Zaragoza, España, en el año de 1413, y este ha sido el ambiente que han querido representar tanto Oswald como Lápiz, sin ninguna alteración de tipo histórico. Los vestuarios de buena confección y apariencia, la resplandeciente iluminación y las escenografías, que representan castillos medievales, montañas rocosas y murallas, recrearon un marco atrayente para la vista del espectador. Cabe señalar que la producción ocupó todo el espacio escénico disponible, por lo que fue funcional para el acomodo, el desplazamiento y el constante movimiento del amplio coro y los solistas.



Il Trovatore. Producción de Robert Oswald
Fotografía © 2008 by Teatro Solís de Montevideo / Fototeca Sur


Desde el punto de vista vocal, la velada fue ampliamente satisfactoria gracias a la inspirada aportación del tenor uruguayo Carlo Ventre, quien se lució ante su público con un despliegue generoso de sus capacidades vocales, como la proyección y la emisión de agudos. Actuó y cantó el papel de Manrico con seguridad, convicción y pasión y remató su participación con una emotiva interpretación del aria ‘Di quelle pira’. Destacó la soprano italiana Sara Galli quien por apariencia y figura personificó una expresiva y femeninamente elegante Leonora, compenetrada con la escena. Su sublime cantó estuvo cargado de musicalidad, colorido y nitidez en su timbre, y homogeneidad en todos los registros.



Mariana Pentcheva como Azucena
Fotografía © 2008 by Teatro Solís de Montevideo / Fototeca Sur


La mezzosoprano búlgara Mariana Pentcheva resolvió con arrojo y carácter las exigencias vocales y artísticas de interpretar un personaje como Azucena. En su voz de tono oscuro evidenció fuerza y color. Como el Conde de Luna, el barítono Luis Gaeta desplegó virilidad y una voz robusta. Por su parte, el bajo uruguayo, Ariel Cazes, agradó por su vigoroso Ferrando de amplio y harmonioso canto. El resto de la compañía se mantuvo en buen nivel, en canto y actuación, en cada una de sus intervenciones. El Coro del Sodre, como ya es costumbre en este escenario, tuvo una encomiable y digno aporte a la función.


 

Sara Galli como Leonora
Fotografía © 2008 by Teatro Solís de Montevideo / Fototeca Sur

Al frente de la Orquesta Sinfónica de Montevideo, la conducción del maestro Federico García Vigil fue en general satisfactoria, musical y vibrante, como la marca la partitura, una vez que fueron superados los momentos de pesadez y lentitud que se sintieron al inicio de la velada.

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