Novedades bibliográficas

Desalambrando a dos voces. Viglietti por Benedetti

Coriún Aharonián

lunes, 20 de octubre de 2008
He aquí dos voces esenciales, las voces de dos hombres esenciales, de dos hombres de mirada lúcida y de verso entrañable, de decir a la vez contenido y elocuente, hablacantando las crueles urgencias, las fieras circunstancias, las módicas esperanzas, el destino de los hombres todos, pero más aún del hombre americano. Y más aún del hombre nuestro, del hijo de este país triste; ese hombre apagado pero no resignado que ceba cada día el mate de su sobria amargura y que es capaz de muy menguadas alegrías, pero, a la vez, de convicciones y de entregas totales.

 He aquí estos versos uruguayos, testimonio y expresión del fervor y del compromiso de dos hombres nuestros, de dos de esos hombres que son el Uruguay, adonde un día volvieron de la larga pasión del exilio con la voz entera y con ese temple que tanto conocemos y tanto necesitamos.
[Idea Vilariño, 1985, en el  prólogo al recital
A dos voces
de Mario Benedetti y Daniel Viglietti]


    Cuando Mario Benedetti escribió su primer libro sobre Daniel Viglietti, todavía no había habido ningún proyecto de reunir las voces de ambos en un recital que luego se convertiría en un hecho cultural histórico y se renovaría a sí mismo una y otra vez a lo largo de casi tres décadas. Esa primera edición española en Júcar, en 1974, se convirtió no sólo en un volumen muy buscado, sino hasta en un objeto merecedor de ediciones pirateadas que Júcar trató de neutralizar en 1987 con una segunda edición.1 Su traducción de 1977 al francés en Les éditions du Cerf de París confirmó el interés que despertaba el trabajo de Benedetti y la importancia de ese retrato de un músico popular de relevancia.2

    Treinta años después, la intensa actividad conjunta podía haber significado un obstáculo para retomar la idea del libro biográfico. Pero Benedetti logró encontrar un excelente camino para construir un volumen  útil tanto para entusiastas del canto de Viglietti como para recién llegados, tanto para seguidores benedettianos como para buscadores de información objetiva, camino en el que la proximidad amistosa no interfiere en lo que se comunica al lector sino que - curiosamente - lo potencia.3

    Un volumen que, al contrario de lo que suele acontecer, no hace la apología de Viglietti ni enumera las excelencias de su larga labor como creador y como intérprete. Es un criterio – que podríamos denominar de exceso de sobriedad – al que me ceñiré aquí, omitiendo en principio los juicios de valor, que daré por sobreentendidos.

    Daniel Viglietti, desalambrando aprovecha los cinco capítulos del libro de Júcar, y los reconfigura al instalarlos en una estructura renovada, tripartita, en la que esos cinco capítulos pasan a constituir la primera de las tres grandes partes, “Daniel Viglietti: texto y contexto (1957-1973)”, cuyas otras partes, “El exilio: trabajo de hormiga (1973-1984)” y “De regreso, con el pie en la huella (1984-)”, cubren el medio siglo de actividad artística del músico. Para recorrer el período del exilio y el regreso, Benedetti opta por hacer que Viglietti sea quien cuente lo ocurrido, en un cuestionario comprehensivo que va apareciendo sin interferir en la comunicación del lector con el biografiado. Pero esto tiene, formalmente, un pie en la primera parte, puesto que el quinto capítulo de 1974 era, justamente, una entrevista. Mario había escogido, en ese momento, un camino formal muy interesante, que conserva en este volumen del 2007: iniciaba el libro con sus propios comentarios, e iba cediendo la palabra a Daniel.

    En "La comarca del juglar" describe el ámbito en que surgía el canto de Viglietti, con la lucidez sencilla que había abierto tantos ojos jóvenes no sólo en sus poemas sino ya en sus tempranos textos de El país de la cola de paja.4 Benedetti busca acercarnos a la problemática de los jóvenes de la época, y logra que esa problemática pueda entenderse desde el 2007. La colonia fácil se iba convirtiendo en patria difícil. Enhorabuena, sintetiza.5

    “La comarca del juglar” es seguida por “El juglar de la comarca”, en un juego de palabras que ha sido muy caro al estilo benedettiano. Explica ahora el ámbito humano en que inscribe al músico. Introduce a Viglietti recorriendo su pasado. (Curiosamente, a veces la visión de Viglietti resulta excesivamente autocrítica, como en su explicación de su prisión en mayo de 1972, en la que no parece ser conciente de sus brillantes respuestas a las preguntas que le hicieran los funcionarios de Inteligencia frente a un auditorio de periodistas y camarógrafos de los medios de comunicación que apoyaban la situación dictatorial.) A la de Viglietti, Mario agrega la voz de Isabel Gilbert y la de un anónimo fascista, que escribe en el diario La Mañana: Cuando el señor Viglietti ya no exista, y eso que le deseamos una larga vida, el alambrado, en nuestros campos, permanecerá, separando siempre una propiedad de la otra.6  Releído en el 2007, no deja de ser una afirmación inquietante.

    En “Líneas y entrelíneas”, el tercer capítulo, Benedetti empieza con la cita de un lindísimo texto describiendo a Viglietti en escena, escrito por Manuel Rojas, el mismo Rojas que intentara con Ángel Parra en 1968 una versión chilena, Chile de arriba a abajo, de Hombres de nuestra tierra. Y transcribe un notable y extenso texto suyo de 1972, el que leyera en el Estadio Platense en el acto en el que se reclamaba por la libertad de Viglietti preso. Más adelante, recuerda conceptos que fueron fundamentales para que mi generación, la de Viglietti, entendiera dónde estaba parada, y en cuya elaboración colectiva Mario tuvo buena cuota de responsabilidad: Al imperialismo, y a la oligarquía que trata de escoltarlo, le interesa sobre todo frenar los respectivos procesos culturales de cada una de las repúblicas-factorías.7  Benedetti escribe en 1972, como podría estar escribiéndolo hoy: La cultura latinoamericana, por el mero hecho de (precariamente) existir, constituye para el imperio una suerte de hornalla para-sediciosa, de guerrilla especulativa, de apuesta a un futuro justiciero. Por eso le es imprescindible enquistarla en la especialización, financiarla mesuradamente para que vaya girando de a poco hasta darle la espalda a la realidad; penetrarla asimismo de sostenes económicos que originen en el sostenido contradicciones éticas que por lo menos disminuyan, o posterguen, el ataque virulento, la denuncia radical o despiadada. Y sigue: Para una concepción progresista, sinceramente preocupada por lo humano, la cultura es siempre un hecho fundamental, es el trampolín hacia una conciencia revolucionaria, hacia la plenitud del individuo.8

    El capítulo “Canciones de propuesta” se inicia con una brevísima referencia histórica a la canción política, que cita a Hugo García Robles y a Lauro Ayestarán. Cede luego la palabra a Viglietti, y alterna sus opiniones con versos de sus canciones del período que se cierra con el exilio. Pese a que, como todo revolucionario, es en el fondo optimista, Daniel no predice en sus canciones ningún triunfo fácil. [N|9]

    En “Las respuestas del hombre”, el capítulo charnela, Benedetti transcribe una entrevista que le grabara a Viglietti el 16 de agosto de 1973. La entrevista es, claro, muy jugosa, y por eso su inclusión en 1974 y su validación en el 2007 como detonante de la segunda y tercera partes del libro nuevo. Y no evita preguntas incómodas de todo tipo, que van recorriendo las potenciales inquietudes del lector. Viglietti se define a sí mismo dentro del conjunto de quienes comparten posturas similares en América Latina y, refiriéndose a Violeta Parra, afirma: No es que uno desee ser como ella, pero sí algo parecido. [N|10]

    Responde: Creo que la forma más fecunda es tratar de ser lo más íntegro posible en lo que se hace, y tener una dosis grande de exigencia. El problema es cómo conectar la dosis de exigencia con los resultados concretos. [N|11]  Acto seguido, define su etapa creativa, hacia 1973, como un período de reacomodamiento. [N|12] Mario pregunta, de hombre que ha vivido y trabajado en Cuba, a hombre que ha experimentado también la realidad de la Revolución Cubana. La respuesta de Daniel mantiene una significativa validez, más de tres décadas después: Creo que la obligación es ésa: seguir siendo un poco el tábano.

    La segunda gran parte del libro recorre el período del exilio, entre 1973 y 1984, con el recurso de la entrevista ya iniciado en el capítulo charnela “Las respuestas del hombre”. Recordando una situación planteada en la República Democrática Alemana en 1974, dice Viglietti: Te puedo asegurar que me sentí guevarista hasta los huesos. [N|13]

    El contenido de “El exilio: trabajo de hormiga” es intensísimo, pero busca permanentemente, en el reporteador y en el reporteado, la síntesis de lo vivido en esos once años de distancia dolorosa. Con lo que el lector – buena señal – queda con la sensación de que podrían ambos haberse explayado más. Esta sensación se repetirá en la tercera parte, “De regreso, con el pie en la huella”, que se inicia con el pre-regreso a Argentina y continúa con el regreso mismo al Uruguay. De alguna manera, siento que todo ese regreso fue como hacia una huella que yo había dejado y que, cuando volvía, ponía el pie y coincidía exactamente. [N|14]  Benedetti recorre con sus preguntas las dos largas décadas transcurridas desde el fin de la dictadura: las elecciones de 1984, el cambio de gobierno en 1985, la percepción de la actitud de la gente comparada con la de antes del exilio, la integración a la nueva situación, los viajes al exterior una vez reinstalado en el Uruguay (el exterior latinoamericano y el exterior más allá de América Latina), los nuevos y sucesivos cambios de gobierno, su vinculación con los grupos de derechos humanos y con los movimientos sociales. Pregunta sobre la producción de Viglietti en terrenos otros que la canción. Y también sobre la producción como músico, claro está: la composición de nuevos materiales, las actuaciones, los nuevos discos, los proyectos. Hay también alguna meditación sobre hechos de etapas anteriores.

    Después de su página 174, “Daniel Viglietti, desalambrando” dedica una cantidad equivalente del libro a una antología de 65 páginas con textos de canciones con letra y música suyas, a un librillo de 16 páginas de fotografías, a tres páginas de opiniones sobre el músico, a una extensa bibliografía de textos de Viglietti (6 páginas) y sobre Viglietti (28 páginas), a un listado de canciones con letra de otros autores, de piezas instrumentales, de música para teatro, de música para cine, de “música para versiones radiofónicas de obras literarias”, de traducciones de Viglietti de letras de otros autores, a un listado de canciones de Viglietti grabadas por otros intérpretes, a otro de canciones cuya música ha sido utilizada por agrupaciones del carnaval uruguayo, a otro de composiciones “incluidas en obras de otros autores” (todos estos listados con una diagramación lamentablemente bastante confusa), y a una exhaustiva discografía de 24 páginas. Es decir, una documentación muy valiosa, que aumenta el atractivo del volumen.

    En el último capítulo, la síntesis conceptual ha hecho referencia a su canción Mucho poquito y nada. [N|15] Dice Daniel, casi al final de la entrevista: Crecer y seguir cambiando, también con autocrítica, con modestia. [N|16]
Notas

Daniel Viglietti. Júcar, Gijón y Madrid.

Daniel Viglietti: chansons pour notre Amérique. La traducción fue realizada por Annie Morvan, quien contó con la colaboración de Jorge Enrique Adoum en los textos de las canciones.

Mario Benedetti: Daniel Viglietti, desalambrando. Seix Barral, Buenos Aires, 2007, 320 páginas.

Asir, Montevideo, 1960.

Página 24.

Página 39.

Página 54.

Páginas 54-55.

Página 76.

Páginas 92-93

Página 94.

Página 94.

Página 111.

Página 136.

“tenemos que ir cambiando este canto nuestro”.

Página 174.

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