Estados Unidos

Mejor en lo musical que en lo escénico

Horacio Tomalino
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Nueva York, miércoles, 22 de octubre de 2008. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Lucia di Lammermoor. Ópera en tres actos con música de Gaetano Donizetti (1797-1848), sobre libreto de Salvatore Cammarano (1801-1852), basado en la novela ‘La Novia de Lammermoor’ de Sir Walter Scout. Estreno: Teatro San Carlo de Nápoles el 26 de septiembre de 1835. Mary Zimmerman, dirección escénica. Elenco: Ronaldo Naldi (Normando), Vladimir Stoyanov (Lord Enrico Ashton), Ildar Abdrazakov (Raimondo), Diana Damrau (Lucia), Michaela Martens (Alisa), Piotr Beczala (Edgardo), Sean Panikkar (Arturo). Coro y Orquesta del Teatro. Marco Armiliato, director musical. Temporada 2008-9
0,0001411 Estrenada la temporada pasada, la producción escénica de la ópera Lucia de Lammermoor que firmó la directora americana Mary Zimmermann volvió a subir a la escena del MET. Tal como sucedió en su estreno y como fue reseñado oportunamente, el error del trabajo de Zimmermann consistió en encarar la ópera como si se tratase de una obra de teatro haciendo abstracción de todo aquello que la música dice y que ella se empeñó no obstante en mostrar a todo precio, provocando no pocas confusiones, obviedades y desprolijidades escénicas. La idea de trasladar la acción hacia 1820 -época de la publicación de la novela de Walter Scott sobre la cual se basa Cammarano para escribir el libreto que serviría de base para la ópera- funcionó y si las cosas no pasaron a mayores se debió en buena parte a la contribución de calidad que tanto la vestuarista Mara Blumenfeld como el escenográfo Daniel Ostling hicieron a la reposición.

La soprano alemana Diana Damrau interpretó por primera vez la parte de Lucia en esta producción y obtuvo un importante triunfo personal, en un rol que seguramente continuará creciendo y que le deparará muchas satisfacciones en el futuro. Ya desde su aria de entrada ‘Regnava nel silenzio…’, Damrau brilló con luz propia por la riqueza de su siempre controlado canto lírico, la elegancia de su fraseo y por la impresionante facilidad con la cual atacó cada una de las coloraturas que le propinó la cabaletta ‘Quando rapita in estasi’. A pesar de ello, lo mejor de la noche vendría con la escena de la locura donde Damrau, dominando plenamente la tesitura de la protagonista, provocaría el delirio de un público que no dudó en ovacionarla una vez caído el telón.



Piotr Beczala no pudo ser un mejor partenaire para Damrau. El tenor polaco no sólo posee un timbre absolutamente seductor sino que además es un intérprete entregado y un estilista consumado. Su Edgardo estuvo muy cercano al ideal con una caracterización rebosante de vocalidad y seguridad técnica y donde además hubo lugar para la pasión y el buen gusto.

Como Lord Enrico Ashton, el barítono búlgaro Vladimir Stoyanov dejó una grata impresión en una parte que muy probablemente no sea la ideal para su canto, pero que no obstante no logró opacar su soberbio material vocal.



El bajo ruso Ildar Abdrazakov hizo una correctísima labor caracterizando al capellán Raimondo.

Una grata sorpresa resulto escuchar al tenor Sean Panikkar quien compuso un Arturo de voz flexible y brillantes agudos.

Tanto Michaela Martens como Ronaldo Naldi efectuaron sólidas interpretaciones como Alisa y Normando respectivamente.



A un nivel de calidad poco habitual, el coro del MET dirigido por el Mtro. Donald Palumbo tuvo también su momento de gloria como no lo había tenido aun desde el inicio de la temporada.

Magnifico el rendimiento de la orquesta a las ordenes de un inspiradísimo Marco Armiliato quien tuvo una de las mejores actuaciones que se le recuerdan en la casa.
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