Alemania
Un cuento de Navidad en una caja negra
Xoán M. Carreira

El único elemento escénico, descomunal, es un abeto navideño cuya erección alude al doble enamoramiento de Mimi y Rodolfo, y de Marcel y Musette. El resto de los elementos -mesas del café, carrito de la compra, bidón de petróleo, asientos, cajas de regalo, etc.-, al igual que en el gran teatro del XVII, son piezas de la vida cotidiana que por sí mismas evocan todo el espacio que las contiene habitualmente. El resto lo proporciona una iluminación y unos figurines tan requetebuenos que pasan desapercibidos hasta que uno los recuerda asombrado, pero sobre todo esa capacidad de Homoki para hacer que sus actores sonrían, se asombren, se emocionen, se entristezcan …. ¡se miren!
Que todo tenga sentido teatral y cada personaje -hasta el casero- esté integrado en la dramaturgia tiene notables ventajas no sólo para que el espectador disfrute del espectáculo sino también para la propia funcionalidad interna del mismo. La comodidad, tranquilidad y seguridad de la actuación repercute a la hora de cantar y es algo que se traslució en la interpretación de los jóvenes protagonistas de la función a la que asistí, caracterizada por un trabajo en equipo y una homogeneidad que es cada vez más raro encontrar en los teatros de repertorio y que considero que es un patrimonio que es urgente reivindicar. El público así lo supo entender y ovacionó la representación obligando a repetir el saludo final en una sesión tan poco propicia como la de las 15 horas de un 26 de diciembre en Berlín, día muy festivo y muy doméstico. Por respeto al público y a los artistas no destacaré a ninguno de ellos.
El trabajo del foso fue espléndido y de una nitidez y transparencia admirables. Los criterios de fraseo de Carl St. Clair me sorprendieron y confieso que en ocasiones no los comprendí, si bien reconozco que me parecieron muy hermosos y en cualquier caso coherentes con su concepto general. Lo suficiente para despertar mi curiosidad y quedar interesado en volverle a escuchar algún otro Puccini antes de emitir un juicio filológico. En cuanto a servir a los cantantes y a la escena, y crear momentos de intensa belleza musical, es evidente que St. Clair lo hizo.
Esta producción de La Bohème se estrenó el 6 de abril de 2008, por lo cual es probable que la Komische Oper la mantenga en cartel durante bastante tiempo. Estén atentos a ella si pasan por Berlín en los próximos meses y no hagan caso de sus prejuicios aunque se cante en alemán.
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