Italia

Partenope en perspectiva

Athos Tromboni

lunes, 26 de enero de 2009
Ferrara, viernes, 16 de enero de 2009. Teatro Comunale de Ferrara. Partenope, opera en tres actos de Georg Friedrich Händel con libreto de Silvio Stampiglia. Primera representación italiana de la época moderna. Dirección de escena, escenografía e iluminación: Giuseppe Frigeni. Vestuarios: Regina Martino. Elenco: Elena Monti (Partenope), Marina De Liso (Arscace), Sonia Prina (Rosmira), Valentina Varriale (Armindo), Cyril Auvity (Emilio), Gianpiero Ruggeri (Ormonte). Orquesta: Accademia Bizantina. Director musical: Ottavio Dantone. Temporada lirica 2009 del Teatro Comunale de Ferrara. Coproducción entre los teatros: Teatro Comunale di Ferrara, Fondazione Teatro Comunale di Modena, Teatro San Carlo di Napoli, Opéra de Montpellier
¡Grandilocuente espectáculo barroco! Hablamos de la Partenope de Georg Friedrich Händel puesta en escena en su primera representación italiana de la época moderna, en el Teatro Comunale de Ferrara. Se trata de un ejemplo concreto de la contraposición estilística entre la manera italiana y sobre todo francesa, de interpretar hoy en día a Händel, y la manera de la escuela anglófona y anglófila. ¿Venecia o Londres musicalmente?, ¿Paris o Dublín?, era la pregunta en los días precedentes a esta Partenope, renacida hoy en Ferrara donde -en el año 1709, quizás- el compositor alemán asistió, y quedó impresionado, al ver la opera Partenope del mismo libretista, Silvio Stampiglia, pero musicalizada por Antonio Caldara.

La manera italiana de interpretar hoy la ópera barroca (y la opera handeliana en particular), es menos pomposa -y el canto menos ‘heroico’- que la inglesa, en la que prevalece el gusto por la ejecución de los colores medios, donde se buscan sofismas buenos. La dramaturgia -cuando existe- es mantenida más como contraluz de la acción que como verdadera acción. Lo buffo -cuando existe- se convierte en elegante, y la confrontación entre los personajes prefiere la expresión lamentable mas que la vociferante. Por lo tanto, es Venecia (también Paris), y no Londres, para esta Partenope, verdaderamente lujosa, que no quiere decir sólo bella.

No se pretende hablar sólo de otro estilo lingüístico ni siquiera de otra retórica. Se quiere hablar de todas estas cosas en conjunto, y se debe entender que lo visto en Ferrara es un espectáculo para aristócratas de la platea -entendiéndolo por la acepción positiva de esta definición-, y sin resultar desconsiderado por la participación plebeya -expresado como categoría y no con sentido despreciativo-, ya que se sabe que la música de Handel agradaba tanto como agrada hoy.

De los montajes escénicos de las operas barrocas se tiene una desconfianza instintiva, porque están lejos en el gusto y en la dramaturgia de las obras populares que han constituido y que constituyen el grueso de las temporadas operísticas, pero los teatros de Ferrara, Modena, San Carlo de Napoles y l'Opéra de Montpellier, coproductores del titulo han salido vencedores con su apuesta. Dejando a un lado la polémica ocurrida por la sustitución de la Cappella Pietà dei Turchini por l'Accademia Bizantina, el resultado fue verdaderamente óptimo. Dicho de esta manera, parecería que el juicio positivo sería por merito de la nueva orquesta, pero aquí esta el punto: l’Accademia Bizantina y el director Ottavio Dantone realizaron una ejecución satisfactoria pero álgida, ofreciendo un tejido sonoro compacto y llena de arasbescos y filigranas, con cada sonido desenvuelto, y armónicamente fundido con los solistas. Dantone modeló los sonidos de manera mórbida, con firmeza donde fue posible, haciéndolos totalmente disponibles a la excelencia de las voces.



De Liso, Prina, Auvity, Monti, y Varriale
© 2009 by Marco Caselli Nirmal. Gentileza del Teatro Comunale de Ferrara


Entonces, en este punto, la grandilocuencia se derivó de las voces, se preguntaría uno. La respuesta sería sí y no. Sí, porque los cantantes cantaron todos muy bien, y no, porque hubo otros medios e instrumentos que otras manos condujeron para alcanzarla. Elena Monti (Partenope) fue una soprano de trino fácil y natural. Marina de Liso (Arsace) una mezzosoprano de bella y mórbida brillantez metálica que se lució en el canto pesaroso. Sonia Prina (Rosmira) fue una contralto confiable y experimentada además de ser una espléndida actriz. Valentina Varriale (Armindo) encarnó muy bien la parte en-travesti del amante (esta parte fue frecuentemente interpretada por los castrados de la época), Cyril Auvity (Emilio) fue un tenor bien impostado aun cuando el timbre debió ser de contraltino; y Gianpiero Ruggeri (Ormonte) fue el típico bajo cantante, complementario de los personajes del periodo barroco y clásico, de canto claro, maleable y elegante en el fraseo.



Marina De Liso
© 2009 by Marco Caselli Nirmal. Gentileza del Teatro Comunale de Ferrara


La grandeza o grandilocuencia, ahora sí, fue merito del regista Giuseppe Frigeni, (también escenográfo y diseñador de la iluminación) y de Regina Martino por los vestuarios. La gestualidad -seria y de lentos movimientos- requerida por Frigeri transformó la ópera en una gran acción de bellas y satisfactoria danzas, en una labor guiada por las líneas de la opera-ballet. Las estupendas luces en el fondo eran siempre dependientes de los vestuarios de los personajes: azul para Partenope, naranja para Rosmira, amarillo para Emilio, etc. Todo fue ambientado en un paisaje donde la perspectiva (si, aquella inventada pictóricamente por Brunelleschi y representada en la Città ideale di Piero Della Francesca) constituyeron el objetivo, la meta, el óptico omnipresente en la arquitectura de la escena, con paisajes tan intrigantes como opuestos a la costumbre, pero gustosos y apetecibles, así como agridulces. No fue un secreto que Frigeri, en el diseño de la escenografía, obtuvo la inspiración de un diseño fundamental en el desarrollo de los estudios arquitectónicos: el de la 'perspectiva' del flamenco Hans Vredeman de Vries a quien el 'ferrarese' Giorgio De Chirico de Muse inquietanti le revolvió los ojos y el cerebro.

Ultima nota de la crónica, el satisfecho y numeroso público, fue largamente aplaudidor.

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