España - Valencia

Swing y Polifonia Orquestal

José Cortés Muñoz
martes, 26 de enero de 1999
Valencia, martes, 26 de enero de 1999. Bernstein: A Quiet Place (suite). Mahler: Sinfonía nº 5 en do sostenido menor. Director: Michael Tilson Thomas. Orquesta: San Francisco Symphony Orchestra
0,0002399 Leonard Bernstein, conocido fundamentalmente como un genial y heterodoxo director de orquesta, desarrolló también una amplia actividad como compositor, destacando entre sus obras más conocidas y grabadas: West Side Story, Candide, On the Town, Chichester Psalms, Serenade, sus sinfonías números 2 (The Age of Anxiety) y 3 (Kaddish) y en menor medida otras como A Quite Place, una ópera en cuatro actos con libreto de Stephen Wadsworth.Durante toda su vida mantuvo estrechos contactos con el mundo del musical de Broadway y con el jazz, tanto a nivel de combos como de big bands. Desde esta perspectiva de jazzman (seguidor de la escuela liberadora surgida directamente de Louis Armstrong y Sidney Bechet y de la incorporación a la música del swing por parte de Beny Goodman, Woody Herman, Beny Carter, Count Basie, Duke Ellington, etc), era perfectamente consciente de la importancia de este elemento, el swing y seguía la máxima de Duke Ellington, que plasmó en el título de uno de sus temas " It don't mean a thing if it ain't go that swing" (No interesa si no tiene swing).En su composición A quite place, se alternan pasajes jazzísticos con otros líricos de relajación y esta alternancia ya se hace patente en la suite de la obra. En mi opinión, es en estos pasajes de jazz donde reside el máximo atractivo de la obra.Michael Tilson Thomas, reputado experto en Bernstein (de hecho tiene una grabación de la suite de esta obra que es, junto a la integral del propio compositor al frente de la ORF Symphonie-Orchester austríaca, las únicas que creo que existen, además de grabaciones en CD, vídeo y Laserdisc de obras como On The Town y Bernstein on Broadway con la Sinfónica de Londres) y por lo tanto conocedor de estos extremos no dudó en como abordar la partitura, cosa que hizo con una maestría y una precisión incuestionables.Basándose en la excelencia de la orquesta de San Francisco, que se hallaba por completo en su ambiente, definió un eje principal rítmico formado por la impresionante, aunque en ocasiones, apabullante, sección de los metales y la percusión, magistral tanto en su sonido como en la limpieza de sus entradas y salidas, logrando que en los pasajes de vocación jazzística la orquesta en su conjunto rozara los límites de la perfección, demostrando que el swing no está relacionado con el color de los músicos ni con el tamaño de la agrupación.La San Francisco Symphony Orchestra, bajo la batuta magistral de Tilson Thomas estuvo pues soberbia (con un sonido de conjunto tal vez algo metálico si lo comparamos con las mejores orquestas europeas) e hizo que el público, o parte de él, siguiera las evoluciones de la partitura con suaves balanceos de cabeza y eso es, ni más ni menos, tener swing.En la segunda parte del programa se abordaba la Quinta de Mahler, realizada durante los veranos de 1.901 y 1.902 y estrenada en Colonia en 1.904. Esta obra significó una ruptura importante en la labor de creación del compositor (ver nota). Por una parte abandonó los recursos vocales que había usado en las tres sinfonías anteriores pero además, eliminó cualquier vestigio metafísico y programático que embebía sus obras anteriores (ver nota) para simplemente construir música basada en sus experiencias y vivencias personales produciendo una obra difícil de ejecución y de naturaleza optimista que contrastaría fuertemente con su sexta, de carácter pesimista (ver nota).La obra, con una técnica nueva (en sus propias palabras: Un nuevo comienzo precisa una técnica nueva), entraña una gran complejidad por el complicado entramado de distintas voces orquestales que se superponen y que según él mismo reconoció, podrían ocasionar más de un problema en su resolución satisfactoria.Estructurada en cinco movimientos y tres partes, se podría decir que el fiel de la balanza es el complejísimo Scherzo (Kräftig, nicht zu schnell) donde usa una asombrosa variedad de ritmos (melodías de Ländler, valses vieneses (ver nota)) y tiempos y sobre él se sustentan por una parte los dos primeros movimientos encabezados por la marcha fúnebre que contituyen la primera parte y por otra los dos finales que conforman la tercera parte de la sinfonía, con el famosísimo Adagietto interpretado en exclusividad por las cuerdas y el arpa y con puntos de coincidencia con una de sus melodías Röckert (ver nota) (conocido por ser la música usada en el film Muerte en Venecia ) y el Rondó- Finale.Precisamente en este Rondó, aplicó Gustav Mahler el estudio concienzudo que abordó sobre la técnica contrapuntística de Bach basándose en su obra El Arte de la Fuga (ver nota).Para analizar la interpretación de esta sinfonía realizada por la San Francisco Symphony bajo la dirección de Michael Tilson Thomas, se tiene que partir de la premisa de la excelencia tanto de la formación como de su director y de que la exigencia debe ser función de la capacidad, esto significa que la crítica debe ser tanto más exigente en cuanto mayor capacidad se suponga al conjunto. Comenzamos pues aceptando, de entrada, que tanto la interpretación como la dirección fueron de gran altura para indicar después los posibles puntos de conflicto, todos ellos subjetivos, observados.La concepción de la obra fue impecable, con la agrupación de los dos primeros tiempos en un conjunto indivisible y plenamente interconectado, la realización del inmenso Scherzo central que dio paso al Adagietto y al Rondó.Sin embargo, la obra en su conjunto sonó distinta a lo habitual de las grandes formaciones europeas y esto se pudo deber entre otros motivos a una ligera predominancia metálica en su sonido, a pesar de reconocer que la intervención de los metales - de gran importancia en la obra - fue perfecta, tal vez las cuerdas no estén a su altura (si se comparan por ejemplo con las de la Royal Concertgebouw Orchestra) y a ciertas heterodoxias en la dirección. Por ejemplo, en la marcha fúnebre, para mi gusto, se ralentizó demasiado la exposición de las cuerdas lo cual la hizo ganar en lirísmo pero perdió algo en solemnidad y no hay que olvidar que es una sinfonía postromántica. El segundo tiempo, como ya he comentado ensamblado perfectamente al anterior, estuvo bien resuelto.En el Scherzo se pudo apreciar como la batuta de Tilson Thomas fue capaz de resolver con calificación más que notable, una de las piezas orquestales más intrincadas. Todas las voces exigidas fueron oídas con pulcritud, los sucesivos cambios de estilo y ritmo perfectamente delimitados y desgranados y el director fue capaz de conducir, sin perderse, a la orquesta y al público por este sutil laberinto polifónico.Perfecto también el Adagietto y algún reparo en la concepción del Rondó - Finale al que le faltó en algunos momentos algo de alegría y energía, aunque el final del tiempo se resolvió de una manera impresionante.Esto motivó que, a pesar de ser casi las 10 y media de la noche, el público premiara la actuación del conjunto y su director con más de 10 minutos de aplausos con las consiguientes salidas al escenario de su director.En resumen, se podría decir que eschuchamos un Mahler distinto de los habituales, que podrá gustar o no gustar, a mí particularmente me gustó, pero al que no se le puede reprochar técnicamente nada..Bibliografía1. Henry Louis de La Grange. 1.973. Mahler. Dubleday. New York ; Jean Matter. 1.974. Mahler, l'Age d'Homme. Nuevo comienzo, la quinta sinfonía; Bruno Walter. 1.993. Mahler. Alianza Música.2. Theodor W. Adorno. 1.976. Mahler, une physionomie musicale. Editions de Minuit.3. Bruno Walter. op. cit.4. Deryck Cooke. 1.980. Gustav Mahler: An Introduction to His Music. Faber & Faber. Londres. Ronald K. Anderson. 1.993. EMI [Volver]5. Andrew Hut.1.976. DECCA6. Bruno Walter. op. cit.
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