Portugal

Arditti Quartet

Teresa Cascudo
sábado, 20 de febrero de 1999
Lisboa, sábado, 20 de febrero de 1999. Centro Cultural de Belém, Pequeño Auditório. Dia 20: Thomas Adès, Arcadiana op. 12 (1994); Brian Ferneyhough, Trio (1995); Harrison Birtwistle, Nine movements for string quartet (1991-6); James Dillon, Third string quartet (1998). Dia 21: Joao Pedro Oliveira, Peregrinaçao (1985); Luís Tinoco, Quarteto para cordas (1995); Alexandre Delgado, Quarteto para cordas (1991); António Pinho Vargas, Monodia-Quasi un requiem (1993); Eugénio Rodrigues, Mata Hari (1992). Arditti Quartet
0,0001796 La programación de dos conciertos dedicados exclusivamente a música estrictamente contemporánea, incluyendo en esta categoría ocho obras compuestas en los últimos diez años, es un acontecimiento lo suficientemente importante como para dedicarle cierta atención. Y esto a pesar de que la afluencia de público no fue lo que se dice masiva en ninguno de los dos. Sin embargo, después de ver las entradas agotadas en el festival Música em Novembro, organizado por el Teatro Nacional de Sao Carlos y dedicado a la música del siglo XX, y las salas llenas en otros espectáculos programados por el mismo Centro Cultural de Belém, como los dos conciertos dados por Steve Reich y su grupo o los conciertos de alumnos de la Escuela Superior de Música de Oporto dirigidos por Miguel Bernat tocando obras de Cage y Feldman, me cuesta un poco seguir insistiendo en ese tópico del "divorcio" existente entre la música contemporánea y el público para explicar estas situaciones.Estos dos conciertos plantean otro tipo de problemas, delicados en toda la Europa comunitaria, relacionados con el papel del Estado en la promoción de los artistas. Por un lado, el concierto dedicado a la música inglesa fue apoyado por el British Council. Por otro lado, el Instituto Portugués de las Artes del Espectáculo apoyó el segundo concierto a través de un subsidio para la grabación del CD en el sello que trabaja habitualmente con los Arditti, concediendo a este proyecto la segunda partida más importante del presupuesto dedicado al apoyo de actividades musicales de carácter puntual (excluyendo los festivales). Esta decisión me hizo pensar inmediatamente en historias repetidas, puesto que este mismo cuarteto grabó hace unos años otro CD dedicado a compositores españoles. Si bien es cierto que las obras de los portugueses me parecen mucho más interesantes, por su variedad y representatividad, que las de los españoles incluidos en aquella edición fonográfica, no podemos dejar de cuestionarnos acerca de la efectividad de tal medida en el mercado internacional. Una pequeña experiencia internáutica confirmó mis sospechas: una visita al site de Amazon fue suficiente para saber que ese CD incluyendo cuartetos de compositores españoles no había interesado nunca a nadie. Más todavía, otra visita al site de Boulevard sirvió para descubrir que, desde luego, los Arditti no se encuentran entre los diez grupos de música de cámara que más venden en la actualidad. Si bien esta pequeña experiencia no tiene el estatuto de prueba científica, nos parece un argumento válido para poner en tela de juicio la eficacia de semejantes decisiones. ¿ Será que un subsidio a un grupo con cierto renombre internacional convierte las obras en cuestión en algo mejor de lo que son? ¿ Por qué esa misma preocupación en defender la creación no se extiende a los intérpretes que, aquí en Portugal, hace tiempo que integran obras de compositores portugueses en su repertorio? ¿ No sería más eficiente invertir en la promoción moderna e inteligente de lo que aquí se hace, empezando por dirigirse al consumo interno, que aventurarse en proyectos aislados y sin ninguna continuidad en el mercado internacional?Como referí más arriba, a pesar de las limitaciones impuestas por la formación para la que fue diseñada el programa, los autores escogidos son bastante representativos del estado actual de la composición en Portugal. Joao Pedro Oliveira (n.1959) es autor de una de las obras más coherentes del panorama musical portugués. Su maestría sobre el material musical está unida a una vivencia mística que se manifiesta en todas sus composiciones, estando ambos aspectos reflejados en Peregrinações. Luís Tinoco (n. 1969) es el compositor más joven de los cinco portugueses. Su Quarteto para cordas fue ganador de la primera edición del Prémio Lopes-Graça de Composición, instituido por el Ayuntamiento de Cascais. Se trata de una obra fuertemente expresiva que, a su manera y como otras obras posteriores del autor, son frutos de un interesante diálogo con los clásicos de nuestro siglo. Por ejemplo, así como el último movimiento está dedicado a la memoria de Alban Berg, podemos rastrear la admiración, en su caso siempre renovadora, por Stravinsky en el magnífico octeto para instrumentos de viento y trio de arcos A way to silence (1997). En el interesante catálogo de Alexandre Delgado (1965-) destacan el Quarteto para cordas (1991) y la ópera de cámara O doido e a morte (1993-4). Como el compositor afirma, el cuarteto explora diferentes colores tímbricos de los instrumentos de cuerda, siendo dessarrollado como una especie de caleidoscopio. António Pinho Vargas (n. 1951) utiliza en Monodia-Quasi un requiem (1993) una construcción diáfana al servicio de un lirismo despojado y conmovedor. Por último, Eugénio Rodrigues (n. 1961) entronca su imaginario como compositor con la cultura popular, rural y urbana. Mata Hari ganó la edición de 1994 del Washington International Competition for Composers. NotaEl Arditti Quartet me dejó la misma sensación que en conciertos lisboetas anteriores. Se trata de un cuarteto con considerables cualidades técnicas pero con problemas graves de comunicación. En general sus interpretaciones son poco expresivas, como quedó de manifiesto en la fabulosa Arcadiana de Adès o en el delicioso Quarteto de cordas de Delgado, al que retiraron todo su buen humor presente en otras interpretaciones que había tenido ocasión de escuchar a cargo del Quarteto Lacerda. Otro tanto ocurrió con el Quarteto de Luís Tinoco, del que tuve la oportunidad de escuchar hace unos meses una intensa interpretación a cargo de elementos del Moscow Piano Quartet, que también tocó en esa ocasión el emocionante cuarteto con piano Lugares esquecidos (1998) en primera audición. No obstante, en los dos recitales hubo momentos arrebatadores, entre los que destaca la ejecución de Monódia-Quasi un requiem de Pinho Vargas.NotaPara obtener información más pormenorizada sobre cada uno de los autores, remito a los lectores interesados al reciente libro de Sérgio Azevedo, A invenção dos sons, Lisboa, Editorial Caminho, 1998. Además de incluir la lista de obras y editoriales de cada compositor, las entrevistas individuales nos dan una idea de primera mano acerca de las posiciones de cada autor en relación a su propia obra y a su posición en el contexto portugués.
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