Portugal

La Borghesina

Teresa Cascudo
domingo, 28 de febrero de 1999
Lisboa, domingo, 28 de febrero de 1999. Teatro Nacional de Sao Carlos. La Borghesina, comedia lírica en cuatro actos con música de Augusto Machado sobre libreto de Enrico Golisciani. Elsa Saque (Lisa/Flaminia), Carlos Guilherme (Marchese de Sterny), Mário Joao Alves (Tirlot), Loao Miranda (Laloine), Manuela Castani (Germana), Luís Rodrigues (Prospero), Susana Teixeira (Amanda), Angélica Neto (Fattorino), Diocleciano Pereira (Lingart), Eduardo Viana (Domestico), Aleksandr Jerebtsov (Marinet). Coro do Teatro Nacional de Sao Carlos (dir. Joao Paulo Santos), Coro Infantil da Fundaçao dos Amigos das Crianças (dir. Vítor Paiva), Orquestra Sinfónica Portuguesa, Vasco Pearce de Azevedo (dir. musical). Versión de concierto.
0,0001475 En los últimos días han tenido lugar uno de los acontecimientos musicales de la temporada que quedará en la memoria de los melómanos lisboetas: la presentación en el Sao Carlos de La Borghesina de Augusto Machado. La Borghesina, un producto de la Belle Epoque, es la última ópera de Augusto Machado (1845-1924). Su primera representación tuvo lugar en el Teatro de Sao Carlos el 12 de marzo de 1909 y, desde entonces, no había vuelto a ser presentada en la escena portuguesa. Augusto Machado, que a través esta obra demostró ser un compositor que merece la pena redescubrir, fue uno de los músicos más influyentes de la Lisboa de su época, llegando a ser director del Conservatorio de Lisboa. En su círculo de amistades estaban los escritores Antero de Quental y Eça de Queirós. Fue alumno de Joaquim Casimiro y Joao Guilherme Daddi, este último pianista virtuoso que tuvo la honra de tocar junto con Franz Liszt en el mismo Sao Carlos una fantasia para dos pianos de Sigismund Thalberg. Después de estudiar durante algún tiempo en París con Albert Lavignac, regresó a Lisboa para continuar sus estudios en el Conservatório de Lisboa con Monteiro de Almeida, traductor al portugués de los tratados de Anton Reicha. En la década de los 70 volvió a París, donde inició una prolongada amistad con Jules Massenet. A su vuelta definitiva a Lisboa comenzó una importante carrera como autor de obras teatrales con una serie de operetas para el Teatro da Trindade. Es además autor de canciones y diversas obras para piano, en su gran mayoría por recuperar.El libreto de Enrico Golisciani se basa en una novela de Frédéric Soulié ambientada en 1830. La tragedia es desencadenada por prejuicios de clase, que hacen imposible el amor entre Lisa, la burguesita, y el distinguido Marqués de Sterny. Ambos se conocen en la boda de la hermana de Lisa, a la que asiste el Marqués como invitado del novio. Ambos se enamoran, pero van surgiendo situaciones en las que se pone de manifiesto todo lo que les separa, a través de los comentarios de terceros que, o bien desaprueban la osadía de Lisa, o bien se burlan de lo que consideran un capricho del Marqués. En la escena final el Marqués, en el final de una fiesta de disfraces en su casa, tiene la noticia de la muerte de la joven, justificada por un corazón enfermo que no soporta la desdicha de no ser amada por él. Machado se revela un compositor de gran genio teatral, aprovechando todas las posibilidades que le da el libreto para crear escenas pintorescas a través de la música: la boda burguesa, una tormenta, niños jugando en el parque, la fiesta de disfraces, el funeral de Lisa. Sus dotes de dramaturgo las transforma en momentos significativos para el drama, culminando con la superposición de la voz de Flaminia, la amante del Marqués con la misma apariencia física de la Borghesina, cantando a la alegría de vivir, al Dies Irae del funeral de Lisa. El desdoblamiento de la soprano en esos dos personajes es otro eficaz golpe de teatro. Los propios personajes están construidos musicalmente de manera a reflejar sus personalidades, como es el caso evidente de Amanda, la demie-mondaine que también desea al Marqués y que se burla de su amor por Lisa en displicentes ritmos de vals. Pero, además, Machado se revela en esta obra un hábil manupilador de las emociones del público, distribuyendo y graduando con habilidad la tensión dramática de la obra, centrada en la relación amorosa entre Lisa y Sterny, y que culmina en un duo de despedida (fin del tercer acto), de aquellos que hacen saltar las lágrimas. Por si todo esto fuera poco, Machado demuestra su gran pericia en el uso del coro, que tiene un gran protagonismo en la obra, en la orquestación y en la escritura vocal.El esfuerzo de todos los músicos participantes en este acontecimiento, que me hizo desear más reposiciones de obras de Machado con todo el esplendor de una buena puesta en escena, tuvo como resultado un espectáculo meritorio. Es preciso destacar a la soprano Elsa Saque, magnífica en su doble papel, y al tenor Carlos Guilherme. Susana Teixeira, Mário Joao Alves y Luís Rodrigues estuvieron vocal y dramáticamente estupendos, demostrando la vitalidad de la nueva generación de cantantes portugueses. El resto de los cantantes fueron más que convincentes en sus papeles. El Coro del Teatro de Sao Carlos, que ya tuvo otro de sus mejores momentos en Le Grand Macabre de Ligeti, volvió a demostrar los frutos del serio trabajo desarrollado con su actual director, Joao Paulo Santos. Lo mismo podemos decir del Coro Infantil da Fundaçao dos Amigos das Crianças, que últimamente ha presentado programas de bastante responsabilidad bajo la dirección de Vítor Paiva. Por último, sólo nos queda elogiar la seriedad del trabajo de Vasco Pearce de Azevedo que, junto a la Orquestra Sinfónica Portuguesa, hizo justicia a la memoria de Augusto Machado, un compositor que merece una urgente recuperación y no sólo para el público portugués.
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