España - Murcia

Más allá del Officium

Sades de Pointes

lunes, 10 de mayo de 1999
Murcia, lunes, 10 de mayo de 1999. Auditorio y Centro de Congresos de la Región de Murcia. Jan Garbarek y The Hilliard Ensemble
Autenticidad y buen gusto es algo que no se les puede negar al saxofonista noruego Jan Garbarek y al veterano cuarteto vocal británico The Hilliard Ensemble, que este pasado mes de abril han presentado en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Murcia su nuevo trabajo en colaboración, Mnemosyne (ECM New Series 1700/01), un álbum doble que muestra un repertorio más variado que Officium (ECM New Series 1525), con el que sorprendieron en 1.994 a cuantos se encontraron con tan singular experiencia apadrinada por el productor Manfred Eicher.Nadie parece poder sustraerse a tomar partido ante tan exótica combinación de texturas y estilos. De entre las empastadas voces de cabeza del Hilliard se asoma el saxo de Garbarek, que se escondía fundido en el acorde, y empieza a improvisar contundentemente hasta cobrar un protagonismo extático en el clímax de la obra. ¿Pero es esto absolutamente nuevo?Grabaciones como Mnemosyne quizá se parezcan más a cómo sonaba la música en las grandes catedrales que las interpretaciones de tantos orfeones y corales actuales. Las capillas contaban con instrumentistas (violones, bajones, sacabuches, cornettos) que glosaban las partes cantadas. La música no era pues ni compuesta ni improvisada del todo, y también los cantantes se tomaban sus libertades para adornar, hasta tal punto que nadie incapaz de hacer diferencias espontáneamente en una ejecución podía ser considerado buen músico. Hoy, eso es algo incuestionable en el jazz, pero no tanto en la música culta de nuestros conservatorios.En el mundillo de la interpretación de la música antigua algunos han defendido que la fidelidad histórica es el valor supremo, y por ello se han procurado para sí y para otros (justos por pecadores) no pocas rechiflas. Rescatar obras olvidadas e instrumentos originales tiene más que ver con una cuestión de gusto y sensibilidad popular contemporánea que con fútiles viajes arqueológicos por el sonido. Nunca podremos saber cómo sonaba un organum de Perotinus o cómo era un quodlibet en casa de los Bach, pero sí podemos explicar por qué preferimos el violoncelo sin vibratto. Mnemosyne, como lo fue Officium, no es sino una muestra del gusto actual por una música sin etiquetas y con una concepción estética liberada de muchos prejuicios, incluso más allá de las fusiones.Los conciertos de presentación de Mnemosyne han demostrado la posibilidad de aplicar la fórmula de Officium a un repertorio más extenso y surtido, que va desde von Bingen y Duffay, a temas folklóricos como una canción quechua del Perú, pasando por alguna balada escocesa y un salmo ruso. The Hilliard Ensemble se suelta el pelo, trabaja con bocetos y materiales incompletos, sacándolos de su tumba urtext, y se anima a improvisar, compitiendo brillantemente con Garbarek y jugando con la atonalidad en un clima místico y a veces demasiado solemne.A muchos les pudo sorprender que estos conciertos no fueran unplugged, e incluso puede que se llevaran alguna decepción al no tener la oportudidad de presenciar al natural el efecto de la mezcla de las texturas de las voces y el saxofón , tan resultona en el disco. A cambio, y gracias a la mesa de sonido, se pudieron apreciar reverberaciones de silicio en imaginarias bóvedas. Divagar sobre la pertinencia de este marco artificial quizá sea demasiado para hoy. Bástenos que la memoria que simboliza Mnemosyne propicie el triunfo del espíritu, y que sus hijas las musas no descansen.

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