España - Madrid

Beethoven en el Real

Judith Ortega

viernes, 30 de junio de 2000
Madrid, lunes, 26 de junio de 2000. Madrid, 26 de junio de 2000, Teatro Real. Programa: Beethoven: Sinfonía nº 6 'Pastoral', op. 68; Sinfonía nº 5 op. 67. Staatskapelle Berlín, director: Daniel Barenboim. Asistencia: 100 %
Es una gran ocasión la de poder escuchar a Barenboim con su magnífica orquesta berlinesa, presente excepcionalmente en este país (si bien el director visitó Madrid a mediados de mayo con su otra orquesta, la Sinfónica de Chicago). Esa debió de ser la sensación de la mayoría del público que se concentró en el Teatro Real el lunes por la noche, ya que nada más hacer acto de presencia el director, el recibimiento fue muy caluroso.El evento era el tercero de los programas que el director y la agrupación presentaban en el Festival de Verano del Teatro Real de Madrid, formados además por Tristán e Isolda y Don Giovanni, con muy diferentes resultados a juzgar por la crítica. Este único concierto sinfónico que ofrecieron estuvo dedicado íntegramente a Beethoven, compositor del que ha ofrecido importantes trabajos Barenboim, tanto en lo que se refiere a la música sinfónica, como a la de cámara, y es especialmente destacable su interpretación de la integral de sonatas pianísticas, ya ofrecidas en concierto en España hace años.La configuración del programa con la quinta y sexta sinfonías del compositor invitaba al éxito rotundo y el concierto, no iba a ser para olvidar. Y si Barenboim es un gran director, la orquesta con la que se ha presentado, la Staastkapelle Berlín, es verdaderamente extraordinaria. La agrupación destacó con un sonido muy empastado, afinadísimo en todas sus cuerdas, y trasmitía un fuerte sentido de conjunto, de cohesión, tan importante precisamente para conseguir el nivel óptimo de interpretación. El director evidenció asimismo esa conjunción; más justo sería decir que fue su artífice.Todo esto avala la que fue una gran versión de las preciosas sinfonías. El tratamiento de las obras se hizo más desde una aproximación romántica que clásica. En este sentido, las obras estuvieron dotadas de una enorme intensidad, en algunos momentos con tempos pesantes y enérgicos y se ofreció una especial recreación en los pasajes líricos, cuando destacó especialmente la actuación de los vientos. Si el trabajo de las cuerdas fue excelente, por su empaste, afinación, la de los vientos resultó excelente. La dulzura del timbre, el ataque, la gradación dinámica, con muy delicados pianísimos, y juguetonas intervenciones, sobresalieron en ambas obras. Uno de los mayores logros del concierto fue mantener tanto en la primera como en la segunda parte del concierto la fuerza, la intensidad y la tensión hasta el final de la obra.Dejando muy claro que asistimos a una soberbia versión, quizá podían haberse definido y aprovechado de manera más nítida los diferentes planos sonoros que posibilita la escritura musical de las obras, especialmente de la quinta, junto con un ritmo más ágil y fluido, es una opción diferente, y sin duda este repertorio permite diferentes acercamientos, y lo fundamental es que se hagan con calidad.El concierto resultó un verdadero éxito, con un público absolutamente entregado y puesto en pie para aclamar al divo; un público que seguramente en parte reclamaba una programación de calidad que deje de ser la excepción, para permitirnos disfrutar de ella más a menudo. Después podríamos debatir sobre las interesantes propuestas.

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