España - Madrid

Grato sabor de boca

Juan Krakenberger
martes, 28 de abril de 2009
Robert Gerhard © Auditori Robert Gerhard © Auditori
Madrid, lunes, 20 de abril de 2009. Auditorio 400 del MNCARS. Logos Ensemble: Gianfranco Cellacchi, flauta; Antonio Fraioli, clarinete; Stefanía Cimino, violín; Donato Cedrone, violoncello; Cristiano Becherucci, piano; Eugenio Becherucci, guitarra; Flavio Tanzi, percusión. Catharina Kroeger, soprano. Electroacústica LIEM. Director: Tonino Battista. Obras de Mauro Bortolotti, Daniel Amadeo Zimbaldo, Luca Lombardi, Jesús Rueda y Roberto Gerhard. Temporada 2008-9 del CDMC. Ocupación: 70%
0,0001709 El Logos Ensemble fue fundado en 1985 por los hermanos Becherucci, pianista y guitarrista del conjunto, y trabaja con y para compositores italianos contemporáneos y otros. Como lo demuestra el programa que nos presentaron, les gusta lo extravagante, lo ecléctico, lo raro.

En efecto, las cinco obras que estaban programadas tenían como denominador común la sutileza, la conversación contenida. Nada de estruendos, todo muy sotto voce: si hubo durante la hora de música que nos tocaron algún fortísimo, habrá sido alguna nota de tesitura alta del flautín, o un acorde suelto percutido del piano. Pero en general, el discurso fue siempre en piano o mezzoforte, y no obstante muy atractivo debido a la riqueza sonora, y la muy pulcra ejecución instrumental. Salvo la última, todas las obras se tocaron como estreno en España.

Nuevamente, el CDMC nos proporciona amplia información sobre las obras, esta vez redactada con conocimiento de causa por Leticia Martín. Por ello glosaré apenas brevemente lo oído:

Mauro Bortolotti: Foglie (Hojas), para flauta, guitarra, piano y percusión, compuesta en 1980, dura unos nueve minutos, y explora sonoridades sutiles para lo cual le asigna a la guitarra, a veces, un rol de percusión, mediante golpes en diferentes partes del instrumento. También el piano no se limita al teclado, sino el pianista debe pulsar cuerdas con los dedos en varias ocasiones. La flauta toca notas largas, pero tiene también un pasaje con trémolo prolongado, y la percusión se limita a algunos tambores pequeños, y uno muy grande, tocados todos sin palillos, con las yemas de los dedos, más como efecto sonoro que rítmico. Foglie es un nombre apropiado para esta pieza: hojas dispersas de sonidos, muy agradables de escuchar. Los cuatro músicos tocaron esta pieza sin dirección, y crearon un clima muy particular. Cosecharon los aplausos que se merecieron.

Daniel Amadeo Zimbaldo: Cartas desde el Real Hospital de Lunáticos, escrita para soprano, flauta, violín, violoncello, piano, percusión y cinta electrónica, fue compuesta entre los años 1981/84, dura unos 23 minutos, y ahora se estrena en España. Zimbaldo nació en la Argentina, pero vive en Madrid y esta es su primera composición que en su día mereció premios en el extranjero. Se trata de un montaje muy sagaz entre la acción y los mensajes que oímos por los altavoces, y la música que comenta aquello. Esto puede traducirse en ritmos con tinte satírico, pasajes fantasmagóricos, una canción popular o una alusión a un tango, o una alusión fúnebre después de escuchar “Descansa en Paz” por el locutor de una radio sintonizada. La soprano alemana Catharina Kroeger se lució en sus intervenciones que pasaron del canto puro al Sprechgesang (canto hablado), este último para un pasaje de agobio. Todo termina con una interrogante, que queda flotando en el aire “¿Dígame?”. Muy ingenioso y efectivo, bajo la dirección muy eficaz de Tonino Battista, quien con sus brazos y manos -sin batuta- coordina todo. Los intérpretes fueron muy aplaudidos, y en particular la cantante. El autor fue invitado al estrado para compartirlos.

Después del intermedio oímos Come d’autunno, del año 2000, de Luca Lombardi, que dura siete minutos y emplea piano, violín, violoncello, flautas (3) y clarinetes (2). Un motivo lento inicia esta pieza, muy delicada y sutil. Hay solos de violoncello y violín, y llaman la atención algunos pasajes tonales expresivos, tocados por las cuerdas. Música triste, en homenaje a un amigo muerto del compositor. Fue muy aplaudida.

Las otras dos obras del programa, dedicadas a los compositores españoles Jesús Rueda y Roberto Gerhard, presentaron en primer término L’infinito de Rueda. Se trata de la segunda versión, del año 2008, para flauta, clarinete, violín, violoncello y vibráfono y dura 6-7 minutos. Es curioso que esta pieza de la impresión que sea tonal, cuando en rigor su lenguaje es atonal. Gran parte de la pieza obedece a un lento ritmo de tres, y si bien paulatinamente las cosas empiezan a moverse, la tranquilidad inicial persiste. Es una pieza muy atractiva, que se escucha con mucho agrado. El compositor, presente en la sala, felicitó a los intérpretes, como siempre muy eficaces, bajo la dirección de Battista, ante los aplausos del público.

Y para terminar, Libra de Roberto Gerhard, una obra de su madurez -1968- escrita para flauta, clarinete, violín, guitarra, piano y percusión, que dura algo más que un cuarto de hora. Me encantó el colorido de esta pieza, que incluye pasajes lucidos para la guitarra que denotan el origen hispánico del compositor. Hay varios clímax, alguno muy movido, pero siempre vuelve la tranquilidad. Hacia el final, como para no tomarse demasiado en serio -Gerhard era del signo libra- hay pasajes risueños, satíricos, muy originales. El clarinete sigue repitiendo un motivo recurrente, una especie de leitmotiv. Otra confirmación más que Gerhard fue un destacado compositor de su época, y que tuvo mucho éxito en Inglaterra donde se radicó, y donde se estrenó esta obra, para ser preciso, en Cambridge.

El Logos Ensemble, y su director dejaron un muy grato sabor de boca. Finura, nada de espectacular, supieron impresionar con sus versiones al público presente, que los despidió con prolongados y sinceros aplausos.
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