Italia

Faltan los fuegos artificiales

Massimo Viazzo

lunes, 8 de junio de 2009
Milán, jueves, 23 de abril de 2009. Teatro alla Scala. Il viaggio a Reims, ossia L'albergo del giglio d'oro (El viaje a Reims o el Hotel de la flor de lis de oro) es una ópera cómica en un acto, con música de Gioacchino Rossini y libreto de Luigi Balocchi, basado en parte en Corinne, ou L'Italie de Madame de Staël. Director de escena: Luca Ronconi. Escenografía: Gae Aulenti. Vestuario: Giovanna Buzzi. Elenco: Patrizia Ciofi (Corinna), Daniela Barcellona (La marchesa Melibea), Annick Massis (La condesa di Foleville), Carmela Remigio (Madama Cortese), Juan F. Gatell (Il cavaliere Belfiore), Dmitry Korchak (Il conte Libenskof), Alastair Milnes (Lord Sidney), Nicola Ulivieri (Don Profondo), Bruno Praticó (Barone di Trombonok), Fabio Capitanucci (Don Alvaro), Alessandro Guerzoni (Don Prudenzio), Enrico Iviglia (Don Luigino), Paola Gardina (Maddalena), Aurora Tirotta (Delia), Annamaria Popescu (Modestina), Filippo Polinelli (Antonio), Patrizio Saudelli (Zefirino), Fabrizio Mercurio (Gelsonimo). Orquesta y coro del Teatro alla Scala. Director musical: Ottavio Dantone.
Confrontarse con los mitos es siempre peligroso, y este Viaggio a Reims firmado por Luca Ronconi, repuesto en el Teatro alla Scala en esta temporada, ha sido uno de los espectáculos mas aclamados del ultimo cuarto de siglo. Inició su camino en el Festival de Opera Rossini en 1984, y llegó al máximo teatro milanes al año siguiente bajo la dirección de Claudio Abbado. La importancia de esta producción escénica no era solo por el extraordinario éxito del espectáculo (elenco, director y escena), sino porque se trataba de la primera representación moderna de una ópera que se consideraba irremediablemente perdida. Il Viaggio a Reims fue concebido por Rossini, con libreto del vercellese Luigi Balocchi como “cantata escénica” por la coronación de Carlo X en 1825 y Rossini mismo, intuyendo la singularidad de la ocasión, decidió con una grandiosa operación de autopréstamo, transferir casi todo el material a su sucesivo Comte Ory.

Esta ocasión en la Scala no fue completamente exitosa. Quien esperaba el esplendor de la edición precedente quedó un poco desilusionado. Para comenzar, la dirección de Ottavio Dantone, fue precisa y vacía, pero un poco seca, metronómica e incapaz de “encender la mecha” de la continuidad teatral. Así, los celebres crescendo resultaron un poco enyesados y los ruidosos concertati parecieron vacíos de energía. Sin embargo, el espectáculo de Luca Ronconi mantuvo intacto su atractivo. Ambientó la ópera en un balneario termal con tinas de baño, asientos, la infalible carroza (que se volteaba), el sombrero de la Condesa de Folleville. Todo resaltado con la presencia de tres grandes pantallas al fondo, donde en ocasiones, se proyectaron imágenes de los intérpretes iniciando a cantar su aria de bravura, y la imagen de la coronación de Carlo X grabada en ‘externo’ en las calles y plaza frente al teatro. Muy divertido también el continuo juego de entradas (directamente del fondo de la platea) y aparatos entrando y saliendo del palco con los continuos (piano a la izquierda y clavecín a la izquierda) siempre listos para la interacción.



© 2009 by Teatro alla Scala

El elenco fue desigual, Patrizia Ciofi, fue una Corinna segura en la agilidad (impecables las variaciones de ‘Arpa gentil’) de línea fijada, y una cierta opacidad timbrica en la zona mediana. Daniela Barcellona, fue una suntuosa Melibea, entretenida y divertida; mientras Carmela Remigio corrigió con presencia escénica, rica de charme, alguna inseguridad en la coloratura. Annick Massis resolvió correctamente, pero con fatiga, la complejidad del pirotécnico papel de la picante Contessa di Foleville.



© 2009 by Teatro alla Scala

En las voces masculinas, Nicola Uliveri estuvo en la palma del mejor (capaz de no hacer arrepentirse al Don Profundo legendario de Ruggero Raimondi), y cantó con carisma escénico apuntando sus cartas no solo al histrionismo, si no al canto verdadero y justo. Las notas estuvieron todas, incluidos los impresionantes saltos al 'in giu' que apuntaban a la parte final de 'Medaglie incomparabili'. Bruno Praticò personificó un divertido Trombonok con una vocalidad demasiado parlante. En tal sentido, sus intervenciones en el concertati no estuvieron bien amalgamadas. Juan Francisco Gatell no demeritó, y con una voz un poco ligera (y sin color) dio credibilidad al papel del frívolo playboy. Inadecuado estuvo el otro tenor Dmitry Korchak dotado de un timbre desagradable y mal manejado en la agilidad. Tampoco Alastair Miles estuvo exento de problemas de entonación y falta de homogeneidad timbrica. Lord Sydney (coronel ingles enamorado secretamente de Corinna según el libreto) debería interpretarse con nobleza y suavidad (la sombra de Samuel Ramey se materializó en la sala del Piermarini) y sinceramente esos dotes no se encontraron en el canto de Miles. En suma, este Viaggio a Reims careció de fuegos artificiales, y si al Viaggio a Reims le faltan los fuegos artificiales… bueno.

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