Italia

Entre el sueño y la realidad

Massimo Viazzo

martes, 30 de junio de 2009
Milán, sábado, 13 de junio de 2009. Teatro Alla Scala. A Midsummer Night’s Dream ópera de Benjamín Britten con libreto del compositor y de Peter Pears de una adaptación de la obra homónima de William Shakespeare. Dirección de escena: Robert Carsen. Escenografía y vestuario: Michael Levine. Iluminación: Davy Cunningham. Coreografo: Matthew Bourne. Elenco: David Daniels (Oberon), Rosemary Joshua (Tytania), Emil Wolk (Puck), Daniel Okulitch (Theseus), Natascha Petrinsky (Hippolyta), Gordon Gietz (Lisander), David Adam Moore (Demetrius), Deanne Meek (Hermenia), Erin Wall (Helena), Matthew Rose (Bottom), Andrew Shore (Quincy), Christopher Gillett (Flute), Graeme Danby (Snug), Adrian Thompson (Snout), Simon Butteriss (Starveling), Francesca Mercuriali (Cobweb), Elena Caccamo (Peaseblossom), Barbara Massaro (Mustarseed), Niccolo De Maestri (Moth). Orquesta y coro del Teatro Alla Scala. Director musical: Sir Andrew Davies.
Después de Alcina de Handel, presentada en la Scala, otra obra maestra con producción firmada por Robert Carsen fue A Midsummer Night´s Dream de Benjamin Britten, coproducida entre el Festival de Aix- en-Provence y la Opera de Lyon. Esta producción escénica tiene 18 años de antigüedad (fue creada en Aix en 1991) y no lo demuestra. La genial dirección artística de Carsen, captó la intuición, la inteligencia, y el nuance de la comedia shakesperiana con perenne equilibrio entre el sueño y la realidad, el aturdimiento y el asombro.

Así, los personajes se catapultaron sobre una cama blanda (en lugar del bosque encantado) con muchas almohadas suaves, sabanas y cobijas verde prado, que invadieron totalmente la escena en el primer acto, para después romperse en una simpática serie de pequeñas alcobas en las cuales se veía una seductora y muy cercana luna, que hizo sugestiones fantásticas y secretas, casi astrales, además de que se hicieron vueltas gimnasticas antes del final, pero desmaterializadas, sin peso, inefables como deberían aparecer en el ‘sueño de una noche de mitad de verano’

Al respecto, surgen las siguientes incógnitas ¿Que cosa hay mejor que una cama para representar el mundo de lo onírico y del inconsciente (con una base erótica no tanto velada)? ¿Los lovers están solo soñando? ¿Bottom fue realmente transformado en una ‘cabeza de burro’? ¿Estos hechos existen verdaderamente? A estas respuestas Robert Carsen no dio una respuesta definitiva, pero gracias a su ilusionismo uno sale del teatro con la intima sensación de haber soñado de verdad. O quizás ¿fue todo verdadero?



Momento de la representación
© 2009 by Fondazione Teatro alla Scala

Sir Andrew Davis condujo con pericia entre la alquimia cameristica de la mágica partitura britteniana, extrayendo del cilindro sonoridad aérea, diáfana, cristalina, y de rara sugestión, pero sin ser más áspera y estridente (rustics). Su conducción se distinguió por la transparencia, la nitidez, sin forzar lo rítmico y sobretodo sin olvidarse del escenario. La cohesión del elenco completo fue notable. Desde el punto de vista de la puesta teatral, la contribución de cada intérprete al gozo del espectáculo fue normal.



Momento de la representación
© 2009 by Fondazione Teatro alla Scala


Vocalmente subrayaría la seductora Tytania de Rosemary Joshua, brillante también en la agilidad, el flotante David Daniels en el papel de Oberon, de exquisita dicción y homogeneidad timbrica (precioso fue el legato de su ‘I know a bank’), el autoritario Lysander de Gordon Gietz, la apasionada Deanne Meek (Hermia) y Erin Wall (Helena), y el exilarante Bottom, seguro y desafiante de Matthew Rose. “Last but not least” el actor Emil Wolk, un verdadero ‘monton de nervios’, que caracterizó al elfo Puck de manera sorprendente.

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