Reportajes

Músicas lejanas

Daniel Varela

jueves, 1 de octubre de 2009
---

Argentina refleja en pequeña medida el debate actual sobre los lenguajes en composición musical. Aún quedan restos de músicas seriales o estructurales, si bien las vertientes más académicas de la composición se vuelcan con fascinación al espectralismo de origen franco– italiano. En otro aspecto, persisten el interés en el tardío Feldman y más recientemente cierto descubrimiento en la composición reduccionista derivada de la escuela de Berlin (y su tímido reflejo de Lachenmann). Electroacústica, algún Cage y muy pocas relecturas de la tonalidad. Menos aún experiencias de minimalismos, músicas de acción o experimentalismos, que en Argentina tienen inestable presencia.

Esta situación puede apreciarse en mayor medida en la ciudad capital y en menor medida en otras importantes ciudades de provincia como Córdoba o Rosario.

La ciudad de La Plata es bien conocida por su vida universitaria. Se la conoce por su amplia oferta cultural, con diversas manifestaciones de teatro (su Teatro Argentino tiene una de las mejores salas de conciertos del país), artes visuales y letras. No obstante, su contacto con la música contemporánea es irregular, inestable, pese a contar con una carrera de estudios en Composición y un importante conservatorio, en el que se destacara por años el compositor Enrique Gerardi (1926), uno de los introductores en Argentina del pensamiento de Pierre Schaeffer.

El 2º Festival de Música Contemporánea 2009

Justamente, a su discípulo Pablo Loudet se debe la iniciativa para lograr un espacio de difusión de la música contemporánea en la ciudad. Con sede en el Centro Cultural Islas Malvinas se realizó este festival durante los días 4, 5 y 6 de Septiembre con diversas muestras de obras contemporáneas en diferentes –y heterogéneos– lenguajes.

Las obras del festival fueron variadas a lo largo de los tres días y el evento dio lugar tambien a experiencias de música improvisada. Entre los trabajos más destacados podemos citar la obra de Enrique Gerardi Primera Improvisación (1999), una composición algorítmica en el lenguaje de programación “M” según el cual el compositor recurre a una serie de células o motivos sometidos a variantes de secuencia y combinación. La reiteración y el aspecto étnico de algunas células acercan esta música a los márgenes del minimalismo. Gerardi es un compositor aún no suficientemente reconocido en Argentina, sus días en París durante los sesenta incorporando los conceptos de la escuela de música concreta se continuaron luego con sus experiencias de música abierta e improvisación a principios de los setenta conformando uno de los primeros grupos de improvisación en la Argentina. Entre las experiencias de música de cámara se realizó un homenaje a Mauricio Kagel inspirado por el compositor Luis Mihovilcevic, quizá el músico argentino actual más consustanciado con la obra y el legado de aquél. El propio Mihovilcevic interpretó General Bass (1972) de Kagel, una obra breve - a su vez parte de su ciclo Programm - para sonidos contínuos (con instrumental sugerido pero no especificado) para lo que optara por un teclado digital en registro de órgano de tubos. Se trata de una “monodia casi polifónica” al decir de Kagel, una obra en la que se genera una sensación de tonicidad mediante el frecuente uso de octavas, cuartas o quintas que entran en tensión gracias a las notas de paso en intervalos más disonantes. Mihovilcevic interpretó luego su composición Geschenk (2007) a su vez dedicada a Kagel en su septuagésimosexto cumpleaños. En la obra, recurrió a sonidos de órgano y a un uso de una banda electrónica más de tipo textural y rítmica. Ritmos múltiples y sorpresivos de la pista electrónica alternaron con el órgano caracterizado por gestos discontínuos, disonantes y enérgicos.

Tuvo lugar tambien la presentación de Manto de Neblinas (1982), del argentino residente en Alemania Juan María Solare a su vez discípulo de Kagel en sus cursos de Colonia. Solare es dueño de una estética particular, donde lo experimental puede confluír con obras teatrales e incluso readaptaciones de tangos. Esta obra es un largo pedal sobre el que destaca una sobria melodía en violín, con elementos modales y pocas tensiones. El contínuo se sostiene en el uso de teclado y voces de los intérpretes. Uno de los momentos más especiales se produjo con la presentación de una versión de cámara de Ludwig Van (1971) de Mauricio Kagel. El ensamble de cámara “S”, dirigido por Luis Mihovilcevic dio vida a una nueva versión de la obra – homenaje al genio de Bonn. Dos violines, piano, bajo eléctrico, teclado y flauta (baja) de pico fueron el heterogéneo instrumental que interactuó con fragmentos del film homónimo de Kagel y en otros pasajes contra fragmentos de la grabación de cámara dirigida por el pianista francés Alexandre Tharaud. La escucha en fragmentación simultánea de diversas obras de Beethoven conserva el misterio de sus primeros tiempos. Música de la era posmoderna compuesta por un heredero del modernismo más radical. Otra de las secciones del festival estuvo dedicada a la música electróacústica. Debe señalarse el interés de piezas más enfocadas a la elaboración formal. Pablo Loudet presentó su Gutural (2005), una obra enfocada en la exploración y procesamiento digital de sonidos vocales que cubrió u amplio abanico entre el sonido referencial y la abstracción. Materiales y Organización, Sociedad Anónima de Javier Leichman – del Laboratorio de Investigación y Producción Musical del Centro Recoleta en Buenos Aires - , una obra que recurre con gran maestría a la transformación de materiales acústicos digitales y electrónicos así como a su especialización. Teodoro Cromberg presentó su obra mixta Harrison, basada en el procesamiento de melodías de aspecto hindú (en vivo por la vocalista Myriam Belfer) otorgándoles el color del canto armónico. Una experiencia de música interactiva pudo apreciarse con la obra de Héctor Fiore Girasones (2009), un trabajo en el que un Piccolo en vivo alternaría con sonidos eletrónicos interactivos generados por el propio Fiore desde un dispositivo gestual y lumínico a la manera de los programas usados de tipo MAX/ MSP, Nato o Very Nervous System según los cuales señales de luz e imagen pueden alimentarse mutuamente con sonido y viceversa.

La música improvisada tuvo su espacio en manos del trío del saxofonista platense Pablo Ledesma, quizá el más destacado exponente del saxo soprano en el país. Ledesma tiene el mérito de haberse dedicado al estudio y expansión del lenguaje instrumental de Steve Lacy y es un músico con amplio respecto por diferentes tradiciones del jazz moderno. Su interés por los estilos europeos de improvisación lo han hecho acercarse recientemente a la improvisación textural, un poco al modo del Evan Parker Electroacoustic Ensemble y con ecos del último Steve Lacy con MEV. Dichas estas referencias, de todos modos Ledesma tiene su propia manera de tocar y transmitir sus búsquedas. Su apropiada interacción con su trío de contrabajo y objetos electrónicos low fi así lo demostraron. Uno de los puntos más curiosos y polémicos del festival fue la performance realizada por Ramiro Larraín y Luis Mihovilcevic. Larraín ha participado largamente de algunas de las más radicales experiencias de música de acción en Argentina (con el Movimiento Música Más en los años setenta) y ha improvisado entre otros con Derek Bailey durante su larga estadía en Barcelona luego de años de exilio argentino. La grabación original de Ja, ja, ja, ja, Nee, nee, nee, nee del gran conceptualista y Fluxus alemán Joseph Beuys. La secuencia minimalista de cuatro o cinco notas cromáticas descendentes producidas por el habla del artista en su vinilo original fueron acompañadas por potentes acciones mudas, gestos y sonidos indeterminados de Larraín y Mihovilcevic, quienes a su vez no dudaron en desafiar la tolerancia y entendimiento de un público que no supo bien de qué se trataba la cuestión. El diálogo entre los performers y su interacción con la voz de Beuys, más el uso de instrumentos de viento o el ruido de sutiles percusiones generaron un clima de ritual dadaísta que fue recibido con gran entusiasmo por una (pequeña) parte del público y por la sonora queja de otros. A casi cincuenta años de Fluxus, la música con actitud desafiante continúa siendo difícil de comprender o incluso tolerar.

De todos modos, el positivo balance de éste evento con sus diferentes opciones estéticas son bienvenidas en una Argentina donde la posibilidad de acceder a música contemporánea interpretada en vivo nunca parece ser suficiente ni estable a lo largo del tiempo.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.